Julio Santiago
Editor de Ciencia Cognitiva
Comenzamos la publicación de artículos simultáneamente en varios idiomas.
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Manuel Perea (a), Ana Marcet (a) y Pablo Gomez (b)
(a) ERI-Lectura y Departamento de Metodología, Universitat de València, España
(b) Psychology Department, DePaul University, Estados Unidos de América

(cc) Mark Rabo.
Cuando leemos, es fácil confundir CEDRO con CERDO. Un grupo de modelos explica los efectos de transposición de letras en función de la incertidumbre perceptiva a la hora de asignar posiciones a los objetos visuales (es decir, las letras), mientras que otro grupo de modelos los explica mediante la activación de “bigramas abiertos” a nivel ortográfico. Presentamos varios experimentos de nuestro laboratorio que fueron diseñados para discriminar entre ambos tipos de modelos. Los resultados apoyan a los modelos que asumen que existe incertidumbre perceptiva al codificar la posición de las letras en las palabras. Además, ofrecen un marco teórico para examinar aquellos tipos de dislexia que tienen como origen un déficit en los mecanismos de asignación de letras a posiciones.
Daniel Sanabria
Centro de Investigación Mente Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, España

(cc) Anataman.
Manuel Perea, Ana Marcet, María Jiménez y Pilar Tejero
Dept. de Metodología, Universitat de València, España

(cc) Steve Kryskalla.
En español, como en muchas otras ortografías, las palabras escritas están diferenciadas unas de otras mediante la inserción de espacios. El hecho de que haya lenguas que no utilizan espacios, y que añadirlos no mejore la lectura en dichas lenguas (v.g., en thai), relativiza la importancia de los espacios entre palabras. Experimentos recientes en nuestro laboratorio han mostrado que la segmentación perceptiva de las palabras puede conseguirse fácilmente alternando el color de las mismas, sin necesidad de espacios. Ello lleva a re-examinar el papel de los colores en el aprendizaje de la lectura.
Alba Martínez López y Juan Lupiáñez Castillo
Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, España

(cc) Derrick Tyson.
El diagnóstico diferencial de los estados alterados de consciencia (coma, estados vegetativos y estados de mínima consciencia) es complicado y puede provocar numerosas confusiones. Las técnicas de neuroimagen actuales están aportando información novedosa no sólo en el diagnóstico, sino también en ámbitos conceptuales y de rehabilitación. Revisamos aquí un estudio reciente que utiliza resonancia magnética funcional (fMRI) para mostrar que el nivel de consciencia real de un paciente puede ser diferente al que indica una técnica comportamental clásica. Asimismo, se abren nuevas vías a la hora de poder establecer algún tipo de comunicación de estas personas con el medio exterior.