Jordi Moltó Domínguez y Marta Vergara-Martínez
ERI-Lectura y Dept. de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universitat de València, España

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Es raro el día que pasamos sin escuchar o leer un chiste, ya sea muy bueno o malísimo. Aunque todos conocemos esta experiencia, los procesos cognitivos que operan para entender un chiste suceden tan rápidamente que apenas somos conscientes de su funcionamiento. ¿Por qué nos hacen gracia los chistes? Gracias a las técnicas de neurociencia, podemos “congelar” estas operaciones para analizarlas y entender qué ocurre en nuestro cerebro, además de identificar las áreas cerebrales que intervienen en la comprensión de un chiste.




Numerosas investigaciones han revelado que para resolver operaciones aritméticas podemos utilizar dos estrategias: la recuperación directa del resultado en memoria o el uso de procedimientos. La selección de la estrategia está relacionada con la magnitud de los operandos y el nivel de habilidad aritmética. En un estudio reciente hemos examinado la actividad eléctrica cerebral de individuos con habilidad alta y baja mientras verificaban sumas de diferente tamaño. Las diferencias encontradas en el patrón de actividad cerebral según la magnitud del problema y la habilidad aritmética revelan la utilidad de esta medida como indicador válido del uso diferencial de estrategias de cálculo.