Jose Luis Mendívil
Dept. de Lingüística General e Hispánica, Universidad de Zaragoza, España
Si el lenguaje es innato, que las lenguas difieran estructuralmente resulta paradójico. Pero es posible resolver la paradoja sin soslayar la profundidad de la diversidad de las lenguas ni negar el condicionamiento natural del lenguaje.

La sílaba no es sólo una unidad lingüística en producción de habla, sino también una unidad temporal que organiza nuestra percepción auditiva. Recientes modelos teóricos como la Gramática Auditiva (Nakajima & Sasaki, 1996) resaltan esta idea proponiendo sistemas de producción y percepción independientes con acceso a un mecanismo central común dedicado al procesamiento y organización temporal de ambos sistemas.
Además de su funcion comunicativa, el lenguaje puede ser una poderosa herramienta para determinadas tareas cognitivas, p.ej la formación de categorías. Se presenta un experimento en el que los participantes deben clasificar una serie de aliens como amistosos o agresivos. Los participantes a los que se suministra una etiqueta lingüística arbitraria son más eficientes a la hora de realizar esta tarea.
Cuando sentimos la necesidad de comunicarnos, utilizamos a menudo sistemas de signos convencionales, cuyo fin es facilitar la transmisión de la intención comunicativa. Resulta difícil observar cómo emerge un sistema de signos convencional. Un estudio reciente ha permitido trazar los elementos clave de este proceso, al observarlo dentro de un entorno controlado.
La tarea de selección de las cuatro tarjetas de Peter Wason ha sido, por los resultados experimentales tan extraños que arroja, un ejercicio polémico desde su aparición. En los últimos tiempos han surgido teorías que defienden que lo que ocurre con esta tarea es que, simplemente, los sujetos no comprenden del modo esperado las instrucciones que se les ofrecen.