Ángel Correa Torres
Dept. de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento, Universidad de Granada, España.
El cerebro genera ritmos sin parar. Los ritmos cerebrales constituyen un lenguaje de comunicación entre neuronas mientras procesan información. La investigación dedicada a descifrar este lenguaje está revolucionando tanto teorías neurocientíficas como aplicaciones clínicas y tecnológicas. Hoy se piensa que los ritmos cerebrales cumplen un papel crucial en funciones cognitivas como percibir, recordar o moverse. El control a través del pensamiento de objetos electrónicos reales o virtuales ha dejado de ser una ficción gracias al desarrollo de la interfaz cerebro-computadora.

La inteligencia abstracta es lo que más nos diferencia de los restantes animales. Su origen continúa siendo un misterio sujeto a debate. Hay quienes afirman que emergió paulatinamente. En este sentido se ha propuesto que incorporar la carne a la dieta de los homínidos pudo haber sido el detonante que la hizo surgir. Pero esta hipótesis tiene sus lagunas.
¿Puede afectar el lenguaje que hablamos al modo en que procesamos la música? En este artículo se revisa un experimento reciente que parece respaldar esta idea, y que señala la alta correlación existente entre la capacidad conocida como «oído absoluto» (i.e., la capacidad de identificar una nota musical sin ninguna otra referencia) y el ser hablante de lenguas tonales (i.e., aquéllas en las que el significado léxico varía según la entonación).
El estudio de la línea numérica mental ha dado paso a toda una serie de investigaciones centradas en la representación de secuencias ordenadas en el cerebro humano. Los resultados de estas investigaciones demuestran que otros tipos de secuencias ordenadas tales como los meses, las letras, o los días se encuentran representados en nuestro cerebro también de una manera espacial.