Julio Santiago
Editor de Ciencia Cognitiva

(cc) Miguel Vadillo.
El Dr. Miguel Vadillo, del King’s College London, se une al equipo editorial de Ciencia Cognitiva.
Julio Santiago
Editor de Ciencia Cognitiva

(cc) Miguel Vadillo.
El Dr. Miguel Vadillo, del King’s College London, se une al equipo editorial de Ciencia Cognitiva.
Julio Santiago
Editor de Ciencia Cognitiva

(cc) Ciencia Cognitiva.
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Elvira Salazar (a) y Emilio G. Milán (b)
(a) Dept. of Human Movement Science, Technical University of Munich, Alemania
(b) Centro de investigación Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, España

(cc) Danie Ware.
Las emociones se perciben con frecuencia en el cuerpo y la cara, donde se hace manifiesto que los cambios fisiológicos surgen de los estados emocionales. La temperatura, siendo un indicador fisiológico, puede emplearse también como marcador psicológico. En nuestro laboratorio hemos demostrado que existe una huella térmica específica asociada a diferentes estados emocionales básicos, como la alegría o el dolor, o a estados emocionales más complejos, como la empatía o el amor. La termografía se presenta como una técnica prometedora para avanzar en el conocimiento de los mecanismos psicológicos que subyacen al comportamiento humano.
Fernando Blanco
Laboratory of Experimental Psychology, Universidad de Deusto, España

(cc) Ioannis Kontomitros.
La ilusión causal es un sesgo cognitivo que consiste en la percepción de una relación de causa-efecto entre dos eventos que no están conectados entre sí. Este sesgo podría subyacer algunas creencias irracionales. En un experimento, exploramos la posibilidad de que la creencia en lo paranormal esté asociada a una mayor facilidad para desarrollar ilusiones causales. Los resultados indican que, efectivamente, los creyentes en lo paranormal tienen mayor ilusión causal en una tarea informatizada. Además, esta ilusión fue producida a su vez por un sesgo en la manera en que los creyentes en lo paranormal buscaron información durante la tarea.
Fernando Gabriel Luna (a,b), Julián Marino (b), Guillermo Macbeth (c) y Juan Lupiáñez (d)
(a) Secretaría de Ciencia y Tecnología, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina
(b) Laboratorio de Procesamiento de Neuroimágenes, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina
(c) Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidad Nacional de Entre Ríos, Argentina
(d) Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, España.

(cc) Leandro Suárez.
Nuestro sistema cognitivo cuenta con redes neuronales que desarrollan diferentes funciones atencionales para afrontar la complejidad estimular del medio ambiente y adaptar nuestro comportamiento a la naturaleza y exigencia de múltiples situaciones. Las redes de la atención conforman un sistema de estructuras cerebrales específicas conectadas y sincronizadas entre sí que nos permiten orientarnos, alertarnos ante algunas señales, sostener nuestra atención, y seleccionar y controlar ciertos estímulos. A continuación se describe la estructura de estas redes, cómo operan en diversas situaciones, y cómo es posible obtener una medida confiable del rendimiento de cada una de las funciones atencionales.