Carlos A. Marmelada
Centro Educativo Mestral de Igualada, Barcelona, España
El reciente descubrimiento de 25 esqueletos de Homo sapiens en las islas Palaos (Micronesia) ha causado revuelo en la comunidad científica por tratarse de humanos diminutos, quizá debido a un efecto de insularidad. Queda pendiente esclarecer cuál podría ser su relación con los Homo floresiensis, homínidos también de reducido tamaño encontrados en la isla de Flores (Indonesia).

¿Por qué los seres humanos tenemos una infancia, sin lactancia, y una adolescencia tan prolongada? Nuestro cerebro tan grande, en proporción al tamaño de nuestro cuerpo, nos obliga a nacer con un grado de inmadurez muy acusado. Para alcanzar el pleno desarrollo necesitamos un periodo de maduración que se prolonga hasta los 18 años. Esta estrategia de supervivencia ya estaba presente en los homínidos de hace 400.000 años.
Existe una gran variedad en las relaciones y categorías semánticas espaciales que utilizan las lenguas del mundo. Algunos estudios clásicos sobre el relativismo lingüístico demuestran que esta variedad se ve reflejada en la cognición espacial de los hablantes de esas lenguas.
La inteligencia abstracta es lo que más nos diferencia de los restantes animales. Su origen continúa siendo un misterio sujeto a debate. Hay quienes afirman que emergió paulatinamente. En este sentido se ha propuesto que incorporar la carne a la dieta de los homínidos pudo haber sido el detonante que la hizo surgir. Pero esta hipótesis tiene sus lagunas.
¿Puede afectar el lenguaje que hablamos al modo en que procesamos la música? En este artículo se revisa un experimento reciente que parece respaldar esta idea, y que señala la alta correlación existente entre la capacidad conocida como «oído absoluto» (i.e., la capacidad de identificar una nota musical sin ninguna otra referencia) y el ser hablante de lenguas tonales (i.e., aquéllas en las que el significado léxico varía según la entonación).