Águeda Fuentes-Guerra Toral, Carlos González-García y Elisa Martín-Arévalo
Dept. de Psicología Experimental, Universidad de Granada, España

(cc) Águeda Fuentes-Guerra Toral.
Reconocer los objetos del entorno parece algo fácil e inmediato. Sin embargo, el cerebro debe realizar un complejo esfuerzo de síntesis para poder percibirlos. Aunque procesamos características como el color y la forma de los objetos por separado, la memoria de trabajo integra estas piezas para preservar su identidad. Investigaciones recientes demuestran que el lugar en el que aparecen los objetos juega un papel clave en esta organización. Un simple destello en un lugar concreto del entorno puede reactivar el recuerdo de objetos asociados a esa localización. Este mecanismo permite que nuestra atención recupere de manera involuntaria información almacenada temporalmente en memoria para guiar nuestra conducta con eficiencia, garantizando así una experiencia visual coherente.



Para aprender de la experiencia y ajustar nuestro comportamiento necesitamos evaluar las consecuencias de nuestra conducta. ¿Cómo y dónde tiene lugar esta evaluación en el cerebro? Recientemente hemos descrito que la información necesaria para alcanzar una decisión y evaluar sus consecuencias está representada en la corteza premotora ventral.