Asier Arias
Departamento de Teoría del Conocimiento, Estética e Historia del Pensamiento, Universidad Complutense de Madrid, España

Antonio Benítez. (c) Todos los derechos reservados.
Antonio Benítez, profesor de Lógica en la Universidad Complutense de Madrid, ha dedicado buena parte de su labor docente e investigadora a la inteligencia artificial y a la filosofía de la mente y de la ciencia cognitiva. Recientemente ha publicado una obra en tres volúmenes titulada Fundamentos de Inteligencia Artificial (el tercer volumen, dedicado a la inteligencia artificial bioinspirada, aparecerá en los próximos meses). La misma ofrece una guía práctica de introducción a la programación en inteligencia artificial de clara y cabal factura, además de una cuidada introducción a los aspectos teóricos de la disciplina. En esta entrevista nos habla de esta obra y de la ciencia cognitiva en general.


La ‘tesis de la mente extendida’ (TME) sostiene que ciertos procesos cognitivos deben entenderse como situados, corporizados y orientados hacia el logro de objetivos concretos. Estos procesos se suelen desarrollar en situaciones de la vida real en interacción con el ambiente material y social. En estas situaciones, TME propone que el cerebro, el cuerpo y el mundo se llegan a coordinar de cierta manera que hacen que la mente literalmente se extienda hacia el mundo exterior.
El deterioro de la capacidad de los enfermos de Parkinson para nombrar dibujos de acciones indica que las estructuras neuronales encargadas de controlar el movimiento juegan un papel crucial en el mantenimiento del significado de los verbos de movimiento y, por tanto, que procesos cognitivos como el lenguaje dependen de cómo funciona nuestro cerebro en su relación con el entorno.
Para la persona de la calle, y también para las teorías cognitivas de la emoción, lo que sentimos hacia alguien que nos ha hecho algo malo depende esencialmente de si consideramos que ha sido intencional o que ha sido accidental. Sin embargo, los estados y reacciones del cuerpo también parecen contribuir a esta reacción. En concreto, una alta Variabilidad Cardíaca parece modular en términos positivos la interpretación de los hechos, haciendo disminuir en consecuencia la emoción sentida. El que una variable esencialmente fisiológica como ésta actúe como un factor modulador de interpretaciones más tolerantes y racionales daría apoyo a las teorías que consideran que el cuerpo es parte integrante de las evaluaciones que hacemos sobre el mundo.