Asier Arias
Dept. de Filosofía IV, Universidad Complutense de Madrid, España

(cc) Luc Viatour / www.lucnix.be
Hace ahora un año que falleciera David Everett Rumelhart, conexionista pionero y editor junto con James Lloyd McClelland de la llamada “biblia del Procesamiento Distribuido en Paralelo” (PDP). Al mismo tiempo, los dos volúmenes de la referida biblia celebraban su vigésimo quinto cumpleaños. También uno de los padres de la inteligencia artificial, John McCarthy, que bautizara de hecho la disciplina, nos abandonó el pasado mes de octubre a los 84 años. Estas tres efemérides nos sirven de pretexto para un breve recorrido por las derivas y obstáculos a los que se ha enfrentado el llamado paradigma conexionista desde su puesta en escena como alternativa al cognitivismo clásico.

La ‘tesis de la mente extendida’ (TME) sostiene que ciertos procesos cognitivos deben entenderse como situados, corporizados y orientados hacia el logro de objetivos concretos. Estos procesos se suelen desarrollar en situaciones de la vida real en interacción con el ambiente material y social. En estas situaciones, TME propone que el cerebro, el cuerpo y el mundo se llegan a coordinar de cierta manera que hacen que la mente literalmente se extienda hacia el mundo exterior.
El deterioro de la capacidad de los enfermos de Parkinson para nombrar dibujos de acciones indica que las estructuras neuronales encargadas de controlar el movimiento juegan un papel crucial en el mantenimiento del significado de los verbos de movimiento y, por tanto, que procesos cognitivos como el lenguaje dependen de cómo funciona nuestro cerebro en su relación con el entorno.
Para la persona de la calle, y también para las teorías cognitivas de la emoción, lo que sentimos hacia alguien que nos ha hecho algo malo depende esencialmente de si consideramos que ha sido intencional o que ha sido accidental. Sin embargo, los estados y reacciones del cuerpo también parecen contribuir a esta reacción. En concreto, una alta Variabilidad Cardíaca parece modular en términos positivos la interpretación de los hechos, haciendo disminuir en consecuencia la emoción sentida. El que una variable esencialmente fisiológica como ésta actúe como un factor modulador de interpretaciones más tolerantes y racionales daría apoyo a las teorías que consideran que el cuerpo es parte integrante de las evaluaciones que hacemos sobre el mundo.
Dos libros recientes plantean el cambio teórico que se está llevando a cabo en la ciencia cognitiva, desde un enfoque cognitivista clásico a un enfoque corpóreo de la cognición. Defendemos el carácter prometedor de este nuevo enfoque en relación a los problemas recalcitrantes con que se ha topado el cognitivismo.