Alfredo Ardila
Departamento de Ciencias y Trastornos de la Comunicación, Universidad Internacional de la Florida, Miami, Florida, EE.UU.
Una de las grandes cuestiones de la neurociencia es la localización cerebral: ¿qué función cognitiva desarrolla cada área del cerebro? Recientemente, he propuesto que es posible avanzar en esta dirección si: a) analizamos correctamente las funciones cognitivas en sus factores de procesamiento; b) buscamos la localización cerebral de esos factores componentes; y c) integramos para ello los métodos de la neuropsicología, la neuroimagen y la psicometría.

Un estudio reciente demuestra que las ratas pueden aprender reglas abstractas similares a las que caracterizan algunas estructuras lingüísticas. Este resultado complementa estudios anteriores que han explorado hasta qué punto es posible encontrar en otras especies algunas habilidades que los humanos utilizamos en el procesamiento del lenguaje.
Un aspecto clave en lectura es el proceso de reconocimiento de las letras en las palabras. Dicho proceso tiene un componente de normalización de la información sensorial conforme a unos patrones almacenados. Un ejemplo es que cuando leemos un ítem como M4T3R14L se activa inicialmente el significado de MATERIAL.
La modularidad masiva propone que la mente es un mecano compuesto de innumerables piezas con funciones diferenciadas. No obstante, combinarlas en lo que parecen ser pensamientos unificados no resulta tarea fácil. ¿Podría el lenguaje, que constituye él mismo una de tales piezas, ser el elemento clave para esta labor?
¿Puede afectar el lenguaje que hablamos al modo en que procesamos la música? En este artículo se revisa un experimento reciente que parece respaldar esta idea, y que señala la alta correlación existente entre la capacidad conocida como «oído absoluto» (i.e., la capacidad de identificar una nota musical sin ninguna otra referencia) y el ser hablante de lenguas tonales (i.e., aquéllas en las que el significado léxico varía según la entonación).