Mónica Triviño Mosquera (a,b), Estrella Ródenas García (a), Judit Bembibre Serrano (c), Juan Lupiáñez Castillo (d), Marisa Arnedo Montoro (e)
(a) Hospital Universitario San Rafael, Granada, España
(b) Dept. de Psicología, Universidad de Jaén, España
(c) Dept. de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Granada, España
(d) Dept. de Psicología Experimental, Universidad de Granada, España
(e) Dept. de Psicobiología, Universidad de Granada, España

(cc) Mónica Triviño.
La confabulación se define como la producción de recuerdos de experiencias que nunca tuvieron lugar, en general tras un daño cerebral. Aunque no se trata de una secuela neuropsicológica demasiado frecuente, resulta muy incapacitante, sobre todo cuando los pacientes actúan según su contenido. Tiende a remitir pero, cuando persiste, requiere una supervisión constante sobre la persona, que suele acabar institucionalizada. Para paliar dicho síntoma diseñamos un tratamiento breve, de solo tres semanas de duración, basado en modelos actuales de memoria. Tras él, los afectados redujeron sus confabulaciones de forma drástica, evitándose así la institucionalización y manteniéndose en su contexto socio-familiar.

Una de las grandes cuestiones de la neurociencia es la localización cerebral: ¿qué función cognitiva desarrolla cada área del cerebro? Recientemente, he propuesto que es posible avanzar en esta dirección si: a) analizamos correctamente las funciones cognitivas en sus factores de procesamiento; b) buscamos la localización cerebral de esos factores componentes; y c) integramos para ello los métodos de la neuropsicología, la neuroimagen y la psicometría.