Fernando Gordillo (a), José M. Arana (a) y Lilia Mestas (b)
(a) Facultad de Psicología, Universidad de Salamanca, España
(b) Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, Universidad Nacional Autónoma de México, México

Continuamente estamos sometidos a un enorme flujo de información a la que no podemos prestar atención en su totalidad, y que debe ser filtrada por un mecanismo básico. El contenido emocional de la información es clave en este proceso, de manera que aquello que es potencialmente peligroso atrae nuestra atención para poder ser afrontado con prontitud, al mismo tiempo que nos permite un mejor recuerdo de la información que nos será de utilidad en situaciones similares. En este sentido, podríamos decir que la atracción por lo negativo es un requerimiento adaptativo de alerta y prevención.

La mayoría de nosotros sabe que los ojos parpadean espontáneamente. Muchos tenemos también la certeza de que este movimiento se produce varias veces por segundo. Pero lo que pocos conocen es que nuestro sistema atencional también parpadea. Pero así es. Aunque sea en un sentido metafórico, nuestra capacidad para mantener la atención sobre series de estímulos visuales sufre de apagones espontáneos que bloquean la identificación de algunos estímulos. Según recientes estudios, tanto el entrenamiento en técnicas de meditación como la presencia de estímulos afectivos pueden modular la ocurrencia de estos apagones a los que los investigadores llaman parpadeos de la atención.
El contenido emocional de las palabras afecta a los procesos relacionados con su comprensión. Sin embargo, se desconoce la posible influencia que los aspectos emocionales pueden ejercer sobre la producción de las palabras. En este estudio se investigaron los correlatos electrofisiológicos mediante el uso de una tarea de identificación de letras en los nombres correspondientes a imágenes positivas, negativas y neutras. Los resultados sugieren que la información emocional captura la atención y afecta a la producción de lenguaje durante las etapas relacionadas con el acceso al concepto y a la información fonológica.
Los cerebros masculino y femenino difieren en su experiencia musical estética: en las mujeres participa una red más amplia en las emociones musicales. La emoción agradable enlaza todo el hemisferio izquierdo y la desagradable los dos lóbulos frontales. En los hombres, en cambio, participan solamente las regiones anteriores y posteriores para la emoción agradable, y el lóbulo frontal derecho en la desagradable. Esto puede estar relacionado con la tendencia femenina a unificar la lógica y la emoción en una misma experiencia.