Ferran Pons (a) y David J. Lewkowicz (b)
(a) Departament de Psicologia Bàsica, Universitat de Barcelona, España
(b) Department of Psychology and Center for Complex Systems & Brain Science, Florida Atlantic University, EEUU

(c) Ferran Pons. Todos los derechos reservados.
Durante el primer año de vida, los bebés muestran una disminución en la capacidad para diferenciar sonidos del habla no presentes en su lengua materna. Este fenómeno se conoce como estrechamiento perceptivo (perceptual narrowing). Sin embargo, la percepción del habla no se basa exclusivamente en la modalidad auditiva, sino que para poder percibir adecuadamente el lenguaje, el bebé integra la información auditiva con la visual (el gesto articulatorio). Un estudio reciente demuestra que el estrechamiento perceptivo también sucede a nivel audiovisual: se observa un declive en la detección de la correspondencia sonido-gesto articulatorio (facial) en lenguas no maternas durante el primer año de vida.

La investigación sobre la integración multisensorial de los estímulos auditivos, visuales y táctiles nos está ayudando a entender el funcionamiento de la percepción del sabor. Este conocimiento está teniendo ya un impacto sobre el diseño de alimentos y bebidas, desde los productos que compramos en un supermercado hasta aquellos que encontramos en los restaurantes con estrellas Michelin.
Lejos de ser independientes, nuestros sentidos interactúan para dar lugar a la percepción coherente del mundo que nos rodea. Así, la interacción de la información proveniente de los sentidos parece ser la regla más que la excepción, y nos muestra que puede incluso alterarse la percepción del sabor al cambiar el color de la comida o la bebida.
¿Depende nuestra percepción musical de la forma en que nos movemos? Estudios recientes demuestran que nuestro movimiento modula la percepción del ritmo, resaltando el carácter multisensorial de nuestra experiencia musical. Estudios con bebés y adultos destacan el importante papel del movimiento en la percepción musical.