Ana Torralbo
Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid, España, e Instituto Beckman, Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, EEUU
Gran parte de nuestra interacción con el entorno se desencadena a partir del procesamiento visual de los estímulos que nos rodean. Pero, ¿cómo puede nuestro cerebro manejar la gran cantidad de estimulación a la que estamos sometidos continuamente? Estudios recientes indican que la respuesta neuronal a los estímulos visuales se ve afectada por las limitaciones de procesamiento del cerebro.

Una de las grandes cuestiones de la neurociencia es la localización cerebral: ¿qué función cognitiva desarrolla cada área del cerebro? Recientemente, he propuesto que es posible avanzar en esta dirección si: a) analizamos correctamente las funciones cognitivas en sus factores de procesamiento; b) buscamos la localización cerebral de esos factores componentes; y c) integramos para ello los métodos de la neuropsicología, la neuroimagen y la psicometría.
La neurociencia aplicada utiliza tecnología y conocimiento sobre el cerebro para resolver problemas prácticos, principalmente en la clínica y el trabajo. La cura de lesiones neurológicas, Parkinson y Alzheimer, podría depender de terapias génicas, neurofeedback, neuroestimulación magnética o implantes neurales. En neuroergonomía, la aplicación de la realidad virtual mejora la productividad y la seguridad laboral.
Un aspecto clave en lectura es el proceso de reconocimiento de las letras en las palabras. Dicho proceso tiene un componente de normalización de la información sensorial conforme a unos patrones almacenados. Un ejemplo es que cuando leemos un ítem como M4T3R14L se activa inicialmente el significado de MATERIAL.
El cerebro genera ritmos sin parar. Los ritmos cerebrales constituyen un lenguaje de comunicación entre neuronas mientras procesan información. La investigación dedicada a descifrar este lenguaje está revolucionando tanto teorías neurocientíficas como aplicaciones clínicas y tecnológicas. Hoy se piensa que los ritmos cerebrales cumplen un papel crucial en funciones cognitivas como percibir, recordar o moverse. El control a través del pensamiento de objetos electrónicos reales o virtuales ha dejado de ser una ficción gracias al desarrollo de la interfaz cerebro-computadora.