Silvia Benavides Varela
International School for Advanced Studies (SISSA/ISAS), Italia

Un bebé recién nacido en una prueba de memoria con la NIRS. Foto: (cc) Fabrizio Giraldi.
La capacidad para memorizar sonidos de palabras es un requisito fundamental para la adquisición del vocabulario. Distintos trabajos han demostrado que el cerebro de los seres humanos está preparado para procesar los sonidos del lenguaje desde las primeras horas de vida. Sin embargo, pocos estudios se han focalizado en las capacidades y limitaciones de la memoria para palabras de los recién nacidos. Según un reciente trabajo de nuestro laboratorio, la capacidad para recordar palabras existe desde el nacimiento, pero se ve limitada por el fenómeno de interferencia selectiva.



La palabra escrita ha marcado la diferencia entre la prehistoria y la historia. En las lenguas alfabéticas, la forma de las letras ha ido evolucionando, desde las mayúsculas a las minúsculas, y desde las fuentes góticas o serif (con ornamentos) a las fuentes sans serif (v.g., letras en las señales de tráfico). Los modelos de reconocimiento de palabras suelen obviar los aspectos de corte tipográfico, a pesar de su notable influencia. En este trabajo presentamos dos estudios que muestran la ventaja del empleo de fuentes sans serif vs. serif, y de las palabras en minúsculas frente a las mayúsculas.
La introducción de nuevas técnicas de análisis de ritmos EEG en el estudio de la comprensión del lenguaje permite explorar esta habilidad humana desde una perspectiva de integración de grupos de redes neuronales. Los ritmos de disparo neuronal que generan estos grupos pueden conectarse por sincronía formando unidades funcionales transitorias distribuidas en diversas áreas del cerebro. En esta revisión comentamos algunos de estos ritmos y su relación con el lenguaje.