Carlos M. Hamamé
INSERM U1028 – CNRS UMR5292, Lyon Neuroscience Research Center, Brain Dynamics and Cognition Team, Lyon, Francia

(cc) Soyalegato
Nuestra experiencia es capaz de modificar el modo en que percibimos. Este tipo de aprendizaje perceptual nos indica la importancia del observador en la construcción de la percepción. En este artículo se examinan evidencias neurofisiológicas recientes que demuestran la presencia, no sólo de procesos perceptuales, sino también atencionales y de actualización de contexto, en el modo en que nuestra percepción visual cambia con la experiencia. Considerar la experiencia sensorial, junto con el estado actual del observador, ayudará a completar los modelos actuales, que son insuficientes para explicar la visión en condiciones naturales.

La ‘tesis de la mente extendida’ (TME) sostiene que ciertos procesos cognitivos deben entenderse como situados, corporizados y orientados hacia el logro de objetivos concretos. Estos procesos se suelen desarrollar en situaciones de la vida real en interacción con el ambiente material y social. En estas situaciones, TME propone que el cerebro, el cuerpo y el mundo se llegan a coordinar de cierta manera que hacen que la mente literalmente se extienda hacia el mundo exterior.
La investigación sobre la integración multisensorial de los estímulos auditivos, visuales y táctiles nos está ayudando a entender el funcionamiento de la percepción del sabor. Este conocimiento está teniendo ya un impacto sobre el diseño de alimentos y bebidas, desde los productos que compramos en un supermercado hasta aquellos que encontramos en los restaurantes con estrellas Michelin.
Diversos estudios señalan que el procedimiento más usado para la resolución de multiplicaciones simples (p.ej., 3×8) es la recuperación de la solución de nuestra memoria. En nuestro laboratorio se ha estudiado hasta qué punto este proceso es automático y lo encontrado es sorprendente: incluso sin ver conscientemente una multiplicación, personas corrientes son capaces de activar su solución.
Lejos de ser independientes, nuestros sentidos interactúan para dar lugar a la percepción coherente del mundo que nos rodea. Así, la interacción de la información proveniente de los sentidos parece ser la regla más que la excepción, y nos muestra que puede incluso alterarse la percepción del sabor al cambiar el color de la comida o la bebida.