Charles Spence y Bárbara Vargas
Dept. of Experimental Psychology, University of Oxford, Reino Unido
La investigación sobre la integración multisensorial de los estímulos auditivos, visuales y táctiles nos está ayudando a entender el funcionamiento de la percepción del sabor. Este conocimiento está teniendo ya un impacto sobre el diseño de alimentos y bebidas, desde los productos que compramos en un supermercado hasta aquellos que encontramos en los restaurantes con estrellas Michelin.

Diversos estudios señalan que el procedimiento más usado para la resolución de multiplicaciones simples (p.ej., 3×8) es la recuperación de la solución de nuestra memoria. En nuestro laboratorio se ha estudiado hasta qué punto este proceso es automático y lo encontrado es sorprendente: incluso sin ver conscientemente una multiplicación, personas corrientes son capaces de activar su solución.
Lejos de ser independientes, nuestros sentidos interactúan para dar lugar a la percepción coherente del mundo que nos rodea. Así, la interacción de la información proveniente de los sentidos parece ser la regla más que la excepción, y nos muestra que puede incluso alterarse la percepción del sabor al cambiar el color de la comida o la bebida.
La sílaba no es sólo una unidad lingüística en producción de habla, sino también una unidad temporal que organiza nuestra percepción auditiva. Recientes modelos teóricos como la Gramática Auditiva (Nakajima & Sasaki, 1996) resaltan esta idea proponiendo sistemas de producción y percepción independientes con acceso a un mecanismo central común dedicado al procesamiento y organización temporal de ambos sistemas.
Recientemente se ha producido un «renacimiento» de la hipótesis whorfiana del relativismo lingüístico, sobre todo en el campo de la relación entre lenguaje y percepción del color. Sin embargo, trabajos también recientes apoyan sin duda ciertos universales en cómo vemos y nombramos los colores. Quizás, la evidencia empírica lo que nos muestra es que la «verdad» está en algún punto medio.