Javier Valenzuela
Dept. de Filología Inglesa, Universidad de Murcia, España
Las lenguas del mundo difieren enormemente en su complejidad morfológica. Nociones como el tiempo, el aspecto, la negación, la evidencialidad o la estructura de eventos se pueden expresar por medios morfológicos o simplemente de manera léxica. Lupyan y Dale (2010) han realizado un estudio estadístico de más de 2000 lenguas en el que encuentran un alto grado de correlación entre la complejidad morfológica de una lengua y factores demográficos como el número de hablantes, su extensión geográfica o su grado de contacto lingüístico con otras lenguas. Estos resultados apuntan a la relevancia de factores socio-culturales en la explicación de la estructura gramatical de las lenguas.

Las evidencias de carácter biológico sugieren que, si bien la facultad del lenguaje puede considerarse, en lo sustancial, una capacidad cognitiva funcionalmente independiente, no lo sería por completo en términos genéticos/moleculares, neuronales o evolutivos.
Las consonantes y la vocales parecen tener funciones diferentes. Mientras las consonantes están más directamente implicadas en el procesamiento léxico, las vocales tienden a marcar rasgos sintácticos. Estudios recientes con lenguajes artificiales confirman esta hipótesis. Los resultados muestran que las palabras se reconocen más fácilmente sobre las consonantes, mientras que se extraen y generalizan reglas más fácilmente sobre las vocales.
Nuevos datos confirman la importancia del papel que juega el lenguaje en el desarrollo de la comprensión de los deseos, las emociones y las creencias de los otros y de uno mismo. Estas evidencias nos conducen hacia la hipótesis de que el lenguaje es un factor determinante en el desarrollo de la cognición social.
El deterioro de la capacidad de los enfermos de Parkinson para nombrar dibujos de acciones indica que las estructuras neuronales encargadas de controlar el movimiento juegan un papel crucial en el mantenimiento del significado de los verbos de movimiento y, por tanto, que procesos cognitivos como el lenguaje dependen de cómo funciona nuestro cerebro en su relación con el entorno.