Carmen Moret-Tatay (a,b), Manuel Perea (b) y Eva Rosa (a)
(a) Departamento de Metodología, Psicología Básica y Psicología Social, Universidad Católica de Valencia, España
(b) Dept. de Metodología, Universitat de València, Valencia, España
La palabra escrita ha marcado la diferencia entre la prehistoria y la historia. En las lenguas alfabéticas, la forma de las letras ha ido evolucionando, desde las mayúsculas a las minúsculas, y desde las fuentes góticas o serif (con ornamentos) a las fuentes sans serif (v.g., letras en las señales de tráfico). Los modelos de reconocimiento de palabras suelen obviar los aspectos de corte tipográfico, a pesar de su notable influencia. En este trabajo presentamos dos estudios que muestran la ventaja del empleo de fuentes sans serif vs. serif, y de las palabras en minúsculas frente a las mayúsculas.

La introducción de nuevas técnicas de análisis de ritmos EEG en el estudio de la comprensión del lenguaje permite explorar esta habilidad humana desde una perspectiva de integración de grupos de redes neuronales. Los ritmos de disparo neuronal que generan estos grupos pueden conectarse por sincronía formando unidades funcionales transitorias distribuidas en diversas áreas del cerebro. En esta revisión comentamos algunos de estos ritmos y su relación con el lenguaje.
Las lenguas del mundo difieren enormemente en su complejidad morfológica. Nociones como el tiempo, el aspecto, la negación, la evidencialidad o la estructura de eventos se pueden expresar por medios morfológicos o simplemente de manera léxica. Lupyan y Dale (2010) han realizado un estudio estadístico de más de 2000 lenguas en el que encuentran un alto grado de correlación entre la complejidad morfológica de una lengua y factores demográficos como el número de hablantes, su extensión geográfica o su grado de contacto lingüístico con otras lenguas. Estos resultados apuntan a la relevancia de factores socio-culturales en la explicación de la estructura gramatical de las lenguas.
Las evidencias de carácter biológico sugieren que, si bien la facultad del lenguaje puede considerarse, en lo sustancial, una capacidad cognitiva funcionalmente independiente, no lo sería por completo en términos genéticos/moleculares, neuronales o evolutivos.
Las consonantes y la vocales parecen tener funciones diferentes. Mientras las consonantes están más directamente implicadas en el procesamiento léxico, las vocales tienden a marcar rasgos sintácticos. Estudios recientes con lenguajes artificiales confirman esta hipótesis. Los resultados muestran que las palabras se reconocen más fácilmente sobre las consonantes, mientras que se extraen y generalizan reglas más fácilmente sobre las vocales.