Victoria Panadero, María Jiménez y Manuel Perea
ERI-Lectura y Dept. de Metodología, Universitat de València, España.

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A diferencia de lo que ocurre con dos objetos presentados en espejo, que son generalizados y percibidos como el mismo objeto, los niños que aprenden a leer han de suprimir dicha generalización para poder distinguir las diferentes letras. En este trabajo, revisamos experimentos recientes con niños normo-lectores y con dislexia, y examinamos si la supresión de la generalización de las letras en espejo afecta a todas las letras o especialmente a las reversibles (v.g., b-d). Nuestros datos indican que el cerebro suprime las imágenes en espejo de las letras reversibles, pero no las de las letras no reversibles.



En los modelos de procesamiento numérico se asume que para llegar a la información fonológica que nos permite nombrar un dígito arábigo como “3”, tenemos que acceder previamente a su significado (la cantidad 3). Esto no es necesario cuando leemos una palabra numérica como “tres”, pues podemos pronunciarla sin entender a qué cantidad se refiere. Pero nuestro equipo ha mostrado recientemente que tanto la denominación de dígitos arábigos como la lectura de palabras numéricas pueden realizarse sin acceder al significado. Creemos que el acceso directo a la fonología en el caso de los dígitos arábigos podría derivarse del aprendizaje temprano y de la frecuencia de uso de este tipo de símbolos numéricos.
La palabra escrita ha marcado la diferencia entre la prehistoria y la historia. En las lenguas alfabéticas, la forma de las letras ha ido evolucionando, desde las mayúsculas a las minúsculas, y desde las fuentes góticas o serif (con ornamentos) a las fuentes sans serif (v.g., letras en las señales de tráfico). Los modelos de reconocimiento de palabras suelen obviar los aspectos de corte tipográfico, a pesar de su notable influencia. En este trabajo presentamos dos estudios que muestran la ventaja del empleo de fuentes sans serif vs. serif, y de las palabras en minúsculas frente a las mayúsculas.