Miriam Bermúdez-Sierra (a) y Juana M. Ortega-Tudela (b)
(a) Dept. de Psicología, Universidad de Jaén, España
(b) Dept. de Pedagogía, Universidad de Jaén, España

(dp) Edvin Johansson.
En un momento en el que se fomenta que los estudiantes sean capaces de aprender de manera significativa, una de las técnicas de estudio tradicionalmente enmarcadas dentro de esta corriente, la elaboración de mapas conceptuales, no dispone de evidencia empírica que avale su eficacia. Sin embargo, sí que hay evidencia de que cuando se realiza una prueba de lo aprendido, como por ejemplo un examen, el hecho de intentar recordar activamente es en sí mismo una poderosa herramienta para mejorar el aprendizaje. Recientes estudios analizan las posibilidades de los mapas conceptuales y el efecto de la prueba, así como los beneficios que podrían desprenderse de su utilización conjunta.




Los exámenes se consideran como una mera evaluación del conocimiento del estudiante, y hasta el momento no se habían planteado seriamente como estrategia de aprendizaje. No en vano, los modelos tradicionales de la memoria humana consideran que los procesos de codificación son los máximos responsables del registro de información en memoria. Los procesos de recuperación, que se activan durante la realización de un examen, no deberían afectar a la información recuperada. Investigaciones recientes contradicen esta visión, y aportan nueva evidencia de cómo funciona nuestra memoria: realizar un examen sobre algo aprendido mejora nuestro aprendizaje de ese tema.