{"id":990,"date":"2014-12-12T17:50:27","date_gmt":"2014-12-12T15:50:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=990"},"modified":"2014-12-12T17:50:59","modified_gmt":"2014-12-12T15:50:59","slug":"toma-de-decisiones-en-la-adolescencia-entre-la-razon-y-la-emocion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=990","title":{"rendered":"Toma de decisiones en la adolescencia: Entre la raz\u00f3n y la emoci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Yunier Broche-P\u00e9rez (a) y Denisse Cruz-L\u00f3pez (b)<br \/>\n(a) Universidad Central \u201cMarta Abreu\u201d de Las Villas, Villa Clara, Cuba<br \/>\n(b) Hospital General de Fomento, Sancti Spiritus, Cuba<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" alt=\"(cc) Robbie Wroblewski.\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2014-21-cc-RobbieWroblewski.jpg\" width=\"300\" height=\"367\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) Robbie Wroblewski.<\/p><\/div>\n<p><em>Aunque tradicionalmente las conductas propensas al riesgo durante la adolescencia han sido asociadas a limitaciones intelectuales en los adolescentes, nuevas evidencias sugieren que estas dificultades pueden estar relacionadas con asincron\u00edas en el desarrollo de estructuras cerebrales. De acuerdo con el \u201cModelo del Sistema Dual\u201d existen dos sistemas fundamentales, el Sistema Socioemocional y el Sistema de Control Cognitivo, que, al no estar equilibrados en su desarrollo, favorecen los comportamientos arriesgados y la toma de decisiones ineficientes. En este sentido, ciertas estructuras prefrontales tienen un desarrollo m\u00e1s tard\u00edo, provocando que el Sistema de Control Cognitivo no pueda ejercer adecuadamente su funci\u00f3n reguladora del comportamiento.<\/em><\/p>\n<p><em><!--more--><\/em><\/p>\n<p><a title=\"versi\u00f3n en pdf\" href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2014-21.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>La adolescencia es una etapa del desarrollo en la cual suelen aparecer un importante n\u00famero de conductas de riesgo. Durante este periodo no es poco frecuente que los adolescentes se involucren en actos vand\u00e1licos, practiquen relaciones sexuales desprotegidas, se inicien en el consumo de drogas o sientan preferencia por actividades deportivas arriesgadas. Estas conductas se asocian a cambios que ocurren a nivel fisiol\u00f3gico y tambi\u00e9n psicol\u00f3gico (elevada actividad hormonal, maduraci\u00f3n sexual, variabilidad en la din\u00e1mica intelectual, etc.), que impulsan al individuo hacia una constante b\u00fasqueda de situaciones que implican elevados niveles de riesgo. Tradicionalmente, para dar explicaci\u00f3n a esta peculiar etapa psicol\u00f3gica se hace referencia a la perspectiva cognitiva propuesta por Piaget e Inhelder, que plantea que estos comportamientos se deben fundamentalmente a la inmadurez en las habilidades de razonamiento (Piaget e Inhelder, 1975). De acuerdo con estos autores, los adolescentes, a diferencia de los j\u00f3venes y los adultos, presentan una mayor ineficiencia en sus estrategias de pensamiento y en las habilidades metacognitivas en general, lo cual les impide el an\u00e1lisis adecuado de las situaciones y, como consecuencia, entorpece la toma adaptativa de decisiones.<\/p>\n<p>No obstante, recientemente se ha ofrecido una explicaci\u00f3n alternativa a estas peculiaridades comportamentales de la adolescencia. De acuerdo con esta nueva teor\u00eda, las dificultades de los adolescentes para tomar decisiones adecuadas no radica exactamente en su inmadurez cognitiva, sino en el desequilibrio entre el procesamiento emocional y racional de las situaciones (Steinberg, 2009). Este nuevo enfoque, denominado \u201cModelo del Sistema Dual\u201d, plantea que la inmadurez caracter\u00edstica en las decisiones de los adolescentes se debe a la interacci\u00f3n entre dos sistemas neurales con distintos grados de desarrollo: un sistema esencialmente emocional, orientado hacia la b\u00fasqueda de recompensas (Sistema Socioemocional), y un sistema de naturaleza l\u00f3gica y racional (Sistema de Control Cognitivo; Casey, Getz y Galvan, 2008; Steinberg, 2008).<\/p>\n<p>De acuerdo con este modelo, durante la adolescencia el Sistema de Control Cognitivo no ha alcanzado completamente su maduraci\u00f3n, mientras que el Sistema Socioemocional s\u00ed. Por esta raz\u00f3n, en esta etapa aparecen conductas con elevados componentes de riesgo, debido a que los impulsos generados por las estructuras profundas del cerebro (especialmente el sistema l\u00edmbico) no pueden ser adecuadamente inhibidos por las regiones de la corteza prefrontal. Esta situaci\u00f3n no ocurre durante la ni\u00f1ez, pues los dos sistemas poseen niveles de desarrollo equivalentes, como tambi\u00e9n ocurre en la juventud y la adultez.<\/p>\n<p>Esta peculiaridad se convierte en un desaf\u00edo a la hora de regular el comportamiento en la adolescencia, debido a que la mayor parte de los impulsos emocionales no encuentran una \u201cbarrera\u201d que pueda contener la intensidad emocional que motiva la conducta. Una fuente de evidencia que apoya esta teor\u00eda ha sido ofrecida a trav\u00e9s de la evaluaci\u00f3n de las funciones ejecutivas (procesos que permiten la implementaci\u00f3n de estrategias adaptativas en situaciones novedosas y poco habituales). Tradicionalmente, las funciones ejecutivas se dividen en \u201cfr\u00edas\u201d y \u201ccalientes\u201d. Las funciones \u201cfr\u00edas\u201d se usan en la soluci\u00f3n de problemas abstractos, y en ocasiones descontextualizados, que requieren de la inhibici\u00f3n conductual, la planificaci\u00f3n de acciones, el razonamiento abstracto, etc., mientras que las \u201ccalientes\u201d act\u00faan en situaciones donde las emociones juegan un papel fundamental (Chambers, Taylor y Potenza, 2003).<\/p>\n<p>En estos estudios se ha comprobado que, en el caso de las funciones ejecutivas \u201cfr\u00edas\u201d, los adolescentes tienen rendimientos en las pruebas similares a los de un adulto, mientras que en las \u201ccalientes\u201d muestran grandes dificultades. Estas dificultades se expresan particularmente en la b\u00fasqueda constante de recompensas inmediatas y la incapacidad de retrasar los beneficios a corto plazo con el fin de obtener mayores ganancias en el futuro. De esta forma, la inmadurez del Sistema de Control Cognitivo entorpece la adaptaci\u00f3n adecuada frente a circunstancias que implican riesgos, lo cual provoca que se expresen sin limitaciones los impulsos provenientes del Sistema Socioemocional (Best, Miller y Jones, 2009).<\/p>\n<p>Recientemente, se han aportado datos que sustentan esta conclusi\u00f3n y que ofrecen las primeras pruebas directas sobre la disociaci\u00f3n entre los sistemas cognitivos y emocionales. Los estudios realizados por Peper, Koolschijn y Crone (2013) han encontrado un menor volumen de la corteza orbitofrontal (COF) en los adolescentes varones, que correlaciona directamente con una toma de decisiones m\u00e1s arriesgada, mientras que esta estructura es ligeramente mayor en las adolescentes, arribando a la conclusi\u00f3n de que esta disminuci\u00f3n en el tama\u00f1o de la COF potencia la asociaci\u00f3n entre los niveles de testosterona y los comportamientos arriesgados. Por otra parte, Peters y col. (2014) constataron que los circuitos frontoparietales muestran una mayor activaci\u00f3n despu\u00e9s de que los adolescentes se enfrentan a consecuencias negativas asociadas a sus decisiones, en comparaci\u00f3n con la exposici\u00f3n a consecuencias positivas, peculiaridad que desaparece a medida que aumenta la edad.<\/p>\n<p>En resumen, el Modelo del Sistema Dual defiende la existencia de una capacidad disminuida en la autorregulaci\u00f3n de los adolescentes, no a causa de un menor nivel de raciocinio, sino como consecuencia de una escasa maduraci\u00f3n de las regiones cerebrales responsables del control consciente del comportamiento. Este modelo tiene profundas implicaciones para la concepci\u00f3n tradicional de la autorregulaci\u00f3n en la adolescencia y tambi\u00e9n para otros procesos de toma de decisiones. Sin duda, las investigaciones futuras desde esta perspectiva orientar\u00e1n el dise\u00f1o de estrategias educativas que potencien mejores niveles de regulaci\u00f3n comportamental en tan compleja etapa psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Best, J. R., Miller, P. H., y Jones, L. L. (2009). Executive functions after age 5: Changes and correlates. <em>Developmental Review<\/em>, 29, 180\u2013200.<\/p>\n<p>Casey, B. J., Getz, S., y Galvan, A. (2008). The adolescent brain. <em>Developmental Review<\/em>, 28, 62-77.<\/p>\n<p>Chambers, R., Taylor, J., y Potenza, M. (2003). Developmental neurocircuitry of motivation in adolescence: A critical period addiction vulnerability. <em>American Journal of Psychiatry<\/em>, 160, 1041-1052.<\/p>\n<p>Peper , J. S., Koolschijn, P. y Crone, E. A. (2013) Development of risk taking: Contributions from adolescent testosterone and the orbito-frontal cortex. <em>Journal of Cognitive Neuroscience<\/em>, 25, 2141\u20132150.<\/p>\n<p>Peters, S., Braams, B. R., Raijmakers, M. E. J., Koolschijn, P., y Crone, E. A. (2014) The neural coding of feedback learning across child and adolescent development. <em>Journal of Cognitive Neuroscience<\/em>, 26, 1705\u20131720.<\/p>\n<p>Piaget, J., e Inhelder, B. (1975). <em>The Origin of the Idea of Chance in Children<\/em>. Oxford: Norton.<\/p>\n<p>Steinberg, L. (2008). A social neuroscience perspective on adolescent risk taking. <em>Developmental Review<\/em>, 28, 78-106.<\/p>\n<p>Steinberg, L. (2009). Adolescent development and juvenile justice. <em>Annual Review of Clinical Psychology<\/em>, 5, 459-485.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 21 de octubre de 2014.<br \/>\nAceptado el 12 de diciembre de 2014.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yunier Broche-P\u00e9rez (a) y Denisse Cruz-L\u00f3pez (b) (a) Universidad Central \u201cMarta Abreu\u201d de Las Villas, Villa Clara, Cuba (b) Hospital <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=990\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,4,3],"tags":[481,482,18,191],"class_list":["post-990","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-neurociencia","category-psicologia","tag-adolescencia","tag-conductas-de-riesgo","tag-emocion","tag-toma-de-decisiones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/990","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=990"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/990\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":993,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/990\/revisions\/993"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=990"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=990"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=990"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}