{"id":653,"date":"2013-04-01T11:20:12","date_gmt":"2013-04-01T09:20:12","guid":{"rendered":"https:\/\/medina-psicologia.ugr.es\/ciencia\/?p=653"},"modified":"2013-04-01T11:37:28","modified_gmt":"2013-04-01T09:37:28","slug":"%c2%bfcomo-percibimos-el-paso-del-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=653","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo percibimos el paso del tiempo?"},"content":{"rendered":"<p>\u00c1ngel Correa Torres<br \/>\nDept. de Psicolog\u00eda Experimental, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2013-5-cc-AngelCorreaOrtega.jpg\" alt=\"(cc) \u00c1ngel Correa Ortega\" width=\"300\" height=\"238\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) \u00c1ngel Correa Ortega.<\/p><\/div>\n<p><em>Para dar respuesta de una forma amena y sencilla a esta apasionante cuesti\u00f3n, en este art\u00edculo se describen experimentos y situaciones cotidianas que ilustran el papel de nuestros procesos mentales de memoria, atenci\u00f3n y emoci\u00f3n en la dif\u00edcil tarea de estimar la duraci\u00f3n de los eventos que experimentamos en nuestra vida diaria.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a title=\"versi\u00f3n en pdf\" href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2013-5.pdf\" target=\"_self\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>Entender qu\u00e9 es la percepci\u00f3n del tiempo es una de las grandes cuestiones que a\u00fan no han resuelto los cient\u00edficos. Comprender qu\u00e9 es el tiempo en s\u00ed mismo ya es un gran reto. Precisamente, un conocido actor americano, Alan Alda, que trabaja en una universidad de periodismo neoyorkina, ha planteado esta pregunta a los cient\u00edficos que estudian el tiempo (<a title=\"Center for Communicating Science\" href=\"https:\/\/www.centerforcommunicatingscience.org\/the-flame-challenge-2\/\" target=\"_blank\">https:\/\/www.centerforcommunicatingscience.org\/the-flame-challenge-2\/<\/a>). Se trata de un concurso donde los cient\u00edficos intentar\u00e1n explicar qu\u00e9 es el tiempo de forma que lo pueda entender un ni\u00f1o de 11 a\u00f1os. Ser\u00e1n los propios ni\u00f1os, unos 6000, los que har\u00e1n de jurado.<\/p>\n<p>Block (1990) distingue tres campos de investigaci\u00f3n en la psicolog\u00eda del tiempo: los ritmos biol\u00f3gicos, las experiencias de duraci\u00f3n y el estudio del tiempo hist\u00f3rico-cultural. En relaci\u00f3n con los ritmos biol\u00f3gicos y las experiencias de duraci\u00f3n, que constituyen el foco del presente art\u00edculo, podemos considerar que en nuestro cerebro tenemos varios relojes, cada uno especializado en medir un rango de duraci\u00f3n concreto.<\/p>\n<p>Uno de ellos es el reloj circadiano, sintonizado para medir duraciones en torno a las horas del d\u00eda. Est\u00e1 formado por un n\u00facleo de neuronas situado en el hipot\u00e1lamo, y se encarga del control de nuestros horarios de vigilia y sue\u00f1o, de alimentaci\u00f3n, etc. Este es el famoso reloj que se desajusta cuando hacemos un largo viaje en avi\u00f3n y provoca el fen\u00f3meno conocido como \u201cjetlag\u201d.<\/p>\n<p>Nuestro cerebro adem\u00e1s cuenta con un reloj de milisegundos, capaz de procesar con gran precisi\u00f3n intervalos muy breves. Este cronometraje es muy importante para, entre otras cosas, percibir el habla correctamente (p. ej., distinguir dos fonemas que se diferencian en una peque\u00f1\u00edsima duraci\u00f3n), para escuchar m\u00fasica (percepci\u00f3n del ritmo), o para el control de nuestros movimientos (p. ej., cuando intentamos capturar una pelota al vuelo).<\/p>\n<p>Finalmente, el reloj cognitivo sirve para medir duraciones comprendidas entre segundos y minutos y se encarga de nuestra experiencia consciente del paso del tiempo. La gran ventaja de este reloj es que es muy flexible, es decir, se puede poner en marcha y parar cuando queramos. Sin embargo, el reloj cognitivo tiene como inconveniente el que existen multitud de factores que pueden alterar la exactitud de sus mediciones con relativa facilidad.<\/p>\n<p>Si nos centramos en el reloj cognitivo, podemos definir la percepci\u00f3n del tiempo como un fen\u00f3meno complejo que requiere de la participaci\u00f3n orquestada de varios procesos cognitivos. Entre estos procesos destacan la memoria y la atenci\u00f3n que prestamos al paso del tiempo. El fil\u00f3sofo y matem\u00e1tico Bertrand Russell (1992) puso de manifiesto la importancia de la memoria en la percepci\u00f3n del tiempo con gran claridad: \u201cCuando miramos el reloj, podemos ver moverse el segundero, pero s\u00f3lo la memoria nos dice que las manecillas de los minutos y las horas se han movido\u201d. Esta afirmaci\u00f3n adem\u00e1s ilustra una de las estrategias que adoptamos para afrontar la dif\u00edcil tarea de percibir el tiempo: la utilizaci\u00f3n de representaciones espaciales concretas para representar entes abstractos, como a veces ocurre con el concepto de tiempo (<a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=10\" target=\"_blank\">Rom\u00e1n, 2007<\/a>).<\/p>\n<p>Por otra parte, la atenci\u00f3n que prestamos a los eventos tambi\u00e9n es un factor crucial que determina el funcionamiento de nuestro reloj cognitivo. Tenemos dos dichos populares que lo ilustran muy bien. El primero se le atribuye al cient\u00edfico Benjamin Franklin y, traducido del ingl\u00e9s, ser\u00eda aproximadamente: \u201cUna olla observada nunca rompe a hervir\u201d. Es decir, cuando prestamos mucha atenci\u00f3n a que ocurra algo y, por tanto, nos focalizamos en el paso del tiempo, experimentamos una sensaci\u00f3n subjetiva de que el tiempo pasa muy despacio. Es lo mismo que ocurre cuando estamos aburridos, enfermos o esperamos a que nos llame alguien importante (como cantaba la artista Madonna en su canci\u00f3n \u201cHung up\u201d). Estas situaciones tienen en com\u00fan que, al no haber nada m\u00e1s interesante en qu\u00e9 pensar, el paso del tiempo se convierte en el foco de nuestra atenci\u00f3n, y esto distorsiona nuestra sensaci\u00f3n, haciendo que el tiempo se alargue hasta la eternidad.<\/p>\n<p>El segundo dicho expresa que \u201cel tiempo pasa volando cuando lo est\u00e1s pasando bien\u201d. En esta situaci\u00f3n ocurrir\u00eda todo lo contrario: si estamos viendo una pel\u00edcula muy entretenida o estamos realizando una actividad muy absorbente, eso es lo que captura nuestro foco de atenci\u00f3n y el tiempo pasa sin que seamos conscientes de ello. Es como si, al distraernos, perdi\u00e9ramos la cuenta de algunos tic tac o pulsos de nuestro reloj cognitivo y tenemos la sensaci\u00f3n de que se acorta el tiempo.<\/p>\n<p>Es interesante destacar que situaciones como las anteriores, en las que el tiempo se alarga o se acorta, suelen llevar asociado un importante componente emocional, de modo que la relaci\u00f3n entre las emociones y la percepci\u00f3n del tiempo es muy estrecha (Droit-Volet y Meck, 2007). Por ejemplo, cuando percibimos que no nos va a dar tiempo a hacer algo que tenemos que hacer (terminar de preparar un examen, llegar a tiempo a una reuni\u00f3n mientras estamos en un atasco de tr\u00e1fico), solemos experimentar emociones negativas como la ansiedad y el estr\u00e9s.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre la percepci\u00f3n del tiempo y nuestras emociones tambi\u00e9n ocurre en sentido inverso, es decir, las emociones influyen en c\u00f3mo percibimos el tiempo. El neurocient\u00edfico David Eagleman realiz\u00f3 un experimento donde los participantes ten\u00edan que saltar desde una plataforma de 15 plantas de altura a una red, y despu\u00e9s estimaban cu\u00e1nto tiempo hab\u00eda durado el salto (Stetson, Fiesta y Eagleman, 2007). Los participantes de este estudio estimaron que el salto dur\u00f3 tres veces m\u00e1s de lo que realmente dur\u00f3 (tres segundos). Parece que las emociones fuertes, como las que producen algunos deportes de riesgo, distorsionan profundamente nuestra sensaci\u00f3n del paso del tiempo y, por tanto, afectan a nuestro reloj cognitivo.<\/p>\n<p>Aunque todav\u00eda existen muchas inc\u00f3gnitas acerca de c\u00f3mo el cerebro es capaz de percibir el tiempo, recientemente se est\u00e1n produciendo importantes avances respecto a cu\u00e1les son las \u00e1reas cerebrales m\u00e1s relevantes. Una de las ideas m\u00e1s aceptadas es que la percepci\u00f3n del tiempo implica la actuaci\u00f3n coordinada de una red de estructuras cerebrales, tanto subcorticales (ganglios de la base y cerebelo, zonas de nuestro cerebro primitivo relacionadas con el control de los movimientos), como zonas de la corteza cerebral, cuya estructura clave est\u00e1 en la parte frontal (v\u00e9ase Correa, Lupi\u00e1\u00f1ez y Tudela, 2006, para una revisi\u00f3n en castellano; Coull, Vidal, Nazarian y Macar, 2004).<\/p>\n<p>En la Universidad de Granada hemos realizado una investigaci\u00f3n donde encontramos que los pacientes que han sufrido una lesi\u00f3n cerebral en la parte frontal del cerebro tienen serios problemas para percibir el tiempo y para hacer uso de la informaci\u00f3n temporal (Trivi\u00f1o, Correa, Arnedo, y Lupi\u00e1\u00f1ez, 2010; para un resumen en castellano v\u00e9ase <a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=94\" target=\"_blank\">Trivi\u00f1o, Correa, Arnedo y Lupi\u00e1\u00f1ez, 2010<\/a>). Las dificultades que tienen estos pacientes para percibir el tiempo se parecen a lo que ocurre con los ni\u00f1os cuando, p.ej., en un viaje de coche est\u00e1n continuamente preguntando \u201c\u00bfpap\u00e1, cu\u00e1nto falta para llegar?\u201d. Aunque les respondamos que faltan cinco minutos, ellos s\u00f3lo esperar\u00e1n uno antes de volver a preguntar. Justamente, la parte frontal del cerebro, importante para la percepci\u00f3n del tiempo, es la que m\u00e1s inmadura se encuentra en los ni\u00f1os. As\u00ed, los ni\u00f1os peque\u00f1os, al igual que los pacientes con lesi\u00f3n frontal, no tienen una percepci\u00f3n del tiempo muy ajustada a la realidad. Digamos que un minuto les parece como si durara diez.<\/p>\n<p>En este art\u00edculo hemos repasado brevemente algunos ejemplos que ilustran la volatilidad de nuestra capacidad para percibir el paso del tiempo. La memoria, la atenci\u00f3n y nuestras emociones, junto con sus estructuras neurales subyacentes, forman un complejo entramado de procesos neurocognitivos cuya precisi\u00f3n para estimar el tiempo puede verse alterada con relativa facilidad. Por cierto, si has tenido la sensaci\u00f3n de que el tiempo de lectura de este art\u00edculo ha pasado r\u00e1pido, \u00a1ser\u00e1 que no te ha resultado muy aburrido!<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Block, R. A. (1990). <em>Cognitive models of psychological time<\/em>. Hillsdale: Lawrence Erlbaum Associates.<\/p>\n<p>Correa, A., Lupi\u00e1\u00f1ez, J. y Tudela (2006). La percepci\u00f3n del tiempo: Una revisi\u00f3n desde la Neurociencia Cognitiva. <em>Cognitiva<\/em>, 18, 145-160.<\/p>\n<p>Coull, J. T., Vidal, F., Nazarian, B. y Macar, F. (2004). Functional anatomy of the attentional modulation of time estimation. <em>Science<\/em>, 303, 1506-1508.<\/p>\n<p>Droit-Volet, S., y Meck, W. H. (2007). How emotions colour our perception of time. <em>Trends in Cognitive Sciences<\/em>, 11, 504-513.<\/p>\n<p>Stetson, C., Fiesta, M. P., y Eagleman, D. M. (2007). Does time really slow down during a frightening event? <em>PloS ONE<\/em>, 2(12), e1295. doi:10.1371\/journal.pone.0001295<\/p>\n<p>Trivi\u00f1o, M., Correa, A., Arnedo, M. y Lupi\u00e1\u00f1ez, J. (2010). Temporal orienting deficit after prefrontal damage. <em>Brain<\/em>, 133, 1173-1185.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 29 de enero de 2013.<br \/>\nAceptado el 25 de marzo de 2013.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00c1ngel Correa Torres Dept. de Psicolog\u00eda Experimental, Universidad de Granada, Espa\u00f1a Para dar respuesta de una forma amena y sencilla <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=653\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,4,3],"tags":[146,31,19,18,42,89,29],"class_list":["post-653","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-neurociencia","category-psicologia","tag-atencion","tag-cerebro","tag-consciencia","tag-emocion","tag-memoria","tag-percepcion","tag-tiempo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/653","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=653"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/653\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":662,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/653\/revisions\/662"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=653"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=653"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=653"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}