{"id":642,"date":"2013-03-07T16:23:11","date_gmt":"2013-03-07T14:23:11","guid":{"rendered":"https:\/\/medina-psicologia.ugr.es\/ciencia\/?p=642"},"modified":"2013-03-07T16:23:11","modified_gmt":"2013-03-07T14:23:11","slug":"la-evolucion-cultural-del-lenguaje-entra-en-el-laboratorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=642","title":{"rendered":"La evoluci\u00f3n cultural del lenguaje entra en el laboratorio"},"content":{"rendered":"<p>M\u00f3nica Tamariz<br \/>\nDept. de Psicolog\u00eda Experimental, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-cc-ElizaC3.jpg\" alt=\"(cc) ElizaC3\" width=\"300\" height=\"286\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) ElizaC3<\/p><\/div>\n<p><em>Seg\u00fan estudios recientes, algunas propiedades estructurales fundamentales del lenguaje pueden ser debidas no a factores biol\u00f3gicos sino a la transmisi\u00f3n cultural: el hecho de que las lenguas se difunden de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n mediante el aprendizaje social. Los procesos de transmisi\u00f3n cultural suponen un filtro que favorece ciertas estructuras m\u00e1s que otras. Para detectar estos sesgos, Kirby, Cornish y Smith (2008) idearon el m\u00e9todo experimental del aprendizaje iterado, en el que la informaci\u00f3n que produce un participante se usa para entrenar al siguiente. Los resultados son sorprendentes.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><a title=\"versi\u00f3n en pdf\" href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 las lenguas muestran las estructuras fonol\u00f3gicas, morfol\u00f3gicas, sint\u00e1cticas o sem\u00e1nticas que se observan en los lenguajes naturales? \u00bfY c\u00f3mo es posible que sean tan f\u00e1ciles de adquirir para los humanos, y tan dif\u00edciles para otras especies? Esta compleja cuesti\u00f3n se ha abordado desde varias perspectivas, como la biol\u00f3gica, la hist\u00f3rica y, m\u00e1s recientemente, la cultural. Esta \u00faltima estudia la transmisi\u00f3n social de las lenguas de una generaci\u00f3n a otra y est\u00e1 descubriendo que las condiciones precisas de la transmisi\u00f3n pueden dejar una profunda huella en la estructura ling\u00fc\u00edstica.<\/p>\n<p>Para estudiar este proceso, a los m\u00e9todos ling\u00fc\u00edsticos tradicionales se ha a\u00f1adido recientemente un modelo experimental: el aprendizaje iterado, basado en el mismo principio que el juego del \u00abtel\u00e9fono estropeado\u00bb. En \u00e9l una persona escucha un mensaje, lo transmite a la siguiente, \u00e9sta a la siguiente y as\u00ed sucesivamente. Durante este proceso, el mensaje se transforma.<\/p>\n<p>Entre los experimentos pioneros de aprendizaje iterado destacan los estudios de memoria de Bartlett (1932), pero la aplicaci\u00f3n actual de este m\u00e9todo a la evoluci\u00f3n del lenguaje se inici\u00f3, inspirada en simulaciones por ordenador (como Kirby, 2001), con el trabajo de Kirby, Cornish y Smith (2008). La informaci\u00f3n transmitida en sus experimentos consist\u00eda en mini-lenguajes artificiales consistentes simplemente en un conjunto de palabras inventadas referidas a un conjunto de objetos (v\u00e9anse las Figuras 1 y 2).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-f1.jpg\" alt=\"Figura 1\" width=\"600\" height=\"178\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 1.- Los 27 objetos a los que se refieren los lenguajes de Kirby, Cornish y Smith (2008).<\/p><\/div>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<div style=\"width: 510px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-f2.jpg\" alt=\"Figura 2\" width=\"500\" height=\"332\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 2.- Un lenguaje con que Kirby, Cornish y Smith (2008) iniciaron una de sus cadenas de aprendizaje iterado. En el ejemplo, la palabra para un c\u00edrculo azul con movimiento horizontal ser\u00eda &quot;muko&quot;.<\/p><\/div>\n<p style=\"text-align: left;\">En su primer experimento, al primer miembro (generaci\u00f3n) de una cadena de participantes le ense\u00f1aban varias veces, uno a uno, la mitad de los objetos con sus palabras asociadas, dici\u00e9ndole que era un \u00ablenguaje extraterrestre\u00bb (Figura 3). Seguidamente, le presentaban uno a uno los 27 objetos para que escribiese la palabra correspondiente. Trece de los 27 objetos no estaban incluidos en el entrenamiento, por lo que el participante ten\u00eda que, de alguna manera, generalizar el lenguaje para nombrarlos (los participantes, por cierto, no detectaban que hubiese objetos nuevos). Para construir el lenguaje para el participante siguiente se seleccionaban 14 objetos al azar asociados con las palabras que les hab\u00eda dado el anterior.<\/p>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-f3.jpg\" alt=\"Figura 3\" width=\"600\" height=\"394\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 3.- Esquema del aprendizaje iterado en los estudios de Kirby, Cornish y Smith (2008). El primer participante (generaci\u00f3n 1) aprende la mitad del lenguaje inicial. Luego se le ense\u00f1an todos los objetos para que los nombre y as\u00ed produce el lenguaje 1 completo. Al siguiente participante (generaci\u00f3n 2) se le da la mitad del lenguaje 1 para que lo aprenda. Luego produce el lenguaje 2 completo, y as\u00ed hasta 10 participantes.<\/p><\/div>\n<p>As\u00ed, cada cadena de 10 participantes genera diez lenguajes completos, en distintos puntos de su evoluci\u00f3n. En ellos se midieron los niveles de error y estructura. El error es la media de los cambios introducidos en las 27 palabras para cada objeto entre una generaci\u00f3n y la anterior. La estructura mide la regularidad entre palabras y objetos, es decir, si los nombres de objetos con caracter\u00edsticas similares, como color o forma, se parecen m\u00e1s entre s\u00ed que los nombres de objetos que no tienen nada en com\u00fan (Figura 4).<\/p>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-f4.jpg\" alt=\"Figura 4\" width=\"600\" height=\"251\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 4.- Niveles de error en el aprendizaje (izquierda) y estructura (derecha) en los lenguajes del primer experimento de Kirby, Cornish y Smith (2008). (Niveles de estructura mayores que 1.96 son significativos con p&lt;0.05).<\/p><\/div>\n<p>El error disminuye con las generaciones: los lenguajes se vuelven cada vez m\u00e1s f\u00e1ciles de aprender, y los participantes introducen menos cambios en las palabras de una generaci\u00f3n a la siguiente. O de otro modo, la transmisi\u00f3n es m\u00e1s fiel. Por otro lado, la estructura aumenta, lo que revela una preferencia a favor de estructuras regulares. La Figura 5 ilustra las transformaciones de los lenguajes: los lenguajes finales presentan regularidades entre formas y significados, pero tambi\u00e9n una gran ambig\u00fcedad que hace imposible expresar inequ\u00edvocamente cada objeto. En el ejemplo, \u201cminiku\u201d puede referirse a cualquiera de los tres c\u00edrculos con movimiento ondulante.<\/p>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-f5.jpg\" alt=\"Figura 5\" width=\"600\" height=\"228\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figure 5.- Lenguajes inicial y final de una de las cadenas del primer experimento de Kirby, Cornish y Smith (2008). En el lenguaje de la d\u00e9cima generaci\u00f3n se observan regularidades: los objetos con movimiento ondulante se llaman &quot;tuge&quot;, con movimiento horizontal, &quot;poi&quot; y dentro de los que tienen movimiento circular se distinguen los c\u00edrculos (&quot;tupim&quot;) de los cuadrados (&quot;miniku&quot;) y los tri\u00e1ngulos  (&quot;tupin&quot;).<\/p><\/div>\n<p>Para evitar esta ambig\u00fcedad, Kirby, Cornish y Smith idearon un segundo experimento: al formar el lenguaje para entrenar al siguiente participante, no retiraban 13 palabras aleatoriamente como antes, sino que eliminaban todas las palabras repetidas que pod\u00edan. Con esta sutil manipulaci\u00f3n, los niveles de error y estructura obtenidos eran comparables a los del primer experimento (Figura 6), pero los lenguajes finales eran totalmente expresivos gracias a su composicionalidad (Figura 7). (En un lenguaje composicional, el significado de una palabra compuesta depende de la composici\u00f3n de los significados y del orden de los elementos que la forman).<\/p>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-f6.jpg\" alt=\"Figura 6\" width=\"600\" height=\"254\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 6.- Niveles de error y estructura en el segundo experimento de Kirby, Cornish y Smith (2008).<\/p><\/div>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2012-27-f7.jpg\" alt=\"Figura 7\" width=\"600\" height=\"228\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 7.- Lenguajes inicial y final de una de las cadenas del segundo experimento de Kirby, Cornish y Smith (2008). El lenguaje final es composicional, con &quot;morfemas&quot; que expresan el color (ne- para negro, la- para azul y re- para rojo) y el movimiento (-plo para movimiento ondulante, -pilu para circular y -ki para horizontal) y, con m\u00e1s excepciones, la forma (-ho- para c\u00edrculo , -ki- o -ke para tri\u00e1ngulo).<\/p><\/div>\n<p>Los lenguajes naturales se enfrentan a dos problemas: por una parte, ser aprendidos una y otra vez por humanos y, por otra, expresar conceptos sin ambig\u00fcedades. Una soluci\u00f3n a esta doble demanda es la estructura composicional, que minimiza el n\u00famero de elementos que hay que aprender al tiempo que maximiza la expresividad. Estos experimentos demuestran que la transmisi\u00f3n iterada de lenguajes artificiales puede generar la evoluci\u00f3n de propiedades tan importantes como la composicionalidad, adem\u00e1s de hacer los lenguajes m\u00e1s f\u00e1ciles de aprender. Y todo ello sin intencionalidad alguna por parte de los participantes.<\/p>\n<p>Entre las extensiones publicadas del modelo de aprendizaje iterado de lenguajes cabe se\u00f1alar la de Verhoef, de Boer y Kirby (2012), que demostraron que la transmisi\u00f3n iterada puede hacer surgir a partir de un medio de transmisi\u00f3n continuo (el silbido de una flauta de \u00e9mbolo) elementos discretos y combinatorios, similares formalmente a los fonemas. O la de Caldwell y Smith (2012), que usaron una tarea comunicativa y una poblaci\u00f3n din\u00e1mica en la que se iban reemplazando hablantes expertos por otros inexpertos, y cuyos resultados sugieren que los signos comunicativos arbitrarios podr\u00edan haber evolucionado culturalmente a partir de formas ic\u00f3nicas.<\/p>\n<p>En resumen, la evoluci\u00f3n cultural aporta una posible soluci\u00f3n para algunos de los grandes problemas del estudio del lenguaje humano: a lo largo de su transmisi\u00f3n de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, los lenguajes se ir\u00edan adaptando a los sesgos propios de la mente humana a la vez que adoptan formas que permiten resolver los desaf\u00edos de la comunicaci\u00f3n, como, p.ej., discriminar entre una gran variedad de objetos distintos. Las caracter\u00edsticas comunes de los lenguajes humanos ser\u00edan el resultado de unos sesgos cognitivos comunes y su uso para enfrentar unos mismos problemas comunicativos.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Bartlett, F. C. (1932). <em>Remembering: A Study in Experimental and Social Psychology<\/em>. Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Caldwell, C. A., y Smith, K. (2012). Cultural evolution and the perpetuation of arbitrary communicative conventions in experimental microsocieties. <em>PLoS ONE<\/em>, 7,e43807.<\/p>\n<p>Kirby, S. (2001). Spontaneous evolution of linguistic structure: An iterated learning model of the emergence of regularity and irregularity. <em>IEEE Transactions on Evolutionary Computation<\/em>, 5, 102-110.<\/p>\n<p>Kirby, S. Cornish, H., y Smith, K. (2008). Cumulative cultural evolution in the laboratory: an experimental approach to the origins of structure in human language. <em>Proceedings of the National Academy of Sciences<\/em>, 105, 10681-10686.<\/p>\n<p>Verhoef, T. Kirby, S., y Padden, C. (2011). Cultural emergence of combinatorial structure in an artificial whistled language. In L. Carlson, C. Hoelscher &amp; T.F. Shipley (Eds.), <em>Proceedings of the 33rd Annual Conference of the Cognitive Science Society<\/em>. Cognitive Science Society, pp. 483-488.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 4 de diciembre de 2012.<br \/>\nAceptado el 28 de febrero de 2013.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00f3nica Tamariz Dept. de Psicolog\u00eda Experimental, Universidad de Granada, Espa\u00f1a Seg\u00fan estudios recientes, algunas propiedades estructurales fundamentales del lenguaje pueden <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=642\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,7,3],"tags":[405,49,408,407,406],"class_list":["post-642","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-linguistica","category-psicologia","tag-aprendizaje-iterado","tag-lenguaje","tag-morfologia","tag-sintaxis","tag-transmision-cultural"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/642","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=642"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/642\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":648,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/642\/revisions\/648"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=642"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=642"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=642"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}