{"id":2494,"date":"2025-03-11T11:42:46","date_gmt":"2025-03-11T09:42:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2494"},"modified":"2025-03-12T12:38:18","modified_gmt":"2025-03-12T10:38:18","slug":"bullying-familiar-el-lobo-camuflado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2494","title":{"rendered":"Bullying familiar: el lobo camuflado"},"content":{"rendered":"<p>Iv\u00e1n Moratilla P\u00e9rez y Francisco Javier Moreno Mart\u00ednez<br \/>\nDept. de Psicolog\u00eda B\u00e1sica I, Universidad Nacional de Educaci\u00f3n a Distancia, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"http:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2024-22-cc-BridgetRust.jpg\" alt=\"(cc) Bridget Rust.\" width=\"300\" height=\"218\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) Bridget Rust.<\/p><\/div>\n<p><em>El t\u00e9rmino \u201cbullying\u201d viene asociado, habitualmente, a un maltrato o acoso escolar que, dada la infiltraci\u00f3n omnipresente de las nuevas tecnolog\u00edas y redes sociales, persigue a la v\u00edctima mucho m\u00e1s all\u00e1 de las propias aulas. Sin embargo, esta conducta nociva no es exclusiva de los entornos educativos y, con mayor frecuencia de lo que suele imaginarse, tambi\u00e9n se encuentra presente en el propio seno familiar. A pesar de que este fen\u00f3meno no suele ser denunciado ni por v\u00edctimas ni por allegados, algunos estudios sugieren que su prevalencia es ciertamente elevada, provocando angustia, depresi\u00f3n y alteraciones neurol\u00f3gicas, entre otros trastornos.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2024-22.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>La familia es, en nuestra cultura, el espacio de protecci\u00f3n, amor y bienestar que los menores necesitan como base para su desarrollo personal y psicosocial. Innumerables estructuras legales y sociales se fundamentan sobre esta premisa. Sin embargo, cuando este \u00e1mbito se vuelve disfuncional, se transforma en una tela de ara\u00f1a de la que el menor dif\u00edcilmente puede escapar, pues est\u00e1 atado a ella no solo por v\u00ednculos legales, sino tambi\u00e9n sociales, personales y afectivos.<\/p>\n<p>El bullying familiar constituye un comportamiento repetido en el que uno o m\u00e1s miembros de la familia utilizan su poder para perjudicar, controlar o intimidar a otro de sus miembros. Discernir entre una \u201cpelea\u201d natural y un caso de maltrato requiere entender ciertas caracter\u00edsticas clave que los distinguen. De este modo, la competencia en el hogar o las peque\u00f1as ri\u00f1as ayudan a los ni\u00f1os a comprender mejor las emociones y puntos de vista de los dem\u00e1s, promoviendo sus habilidades sociales, el desarrollo de la empat\u00eda y la inteligencia emocional (Dunn, 1998). Sin embargo, el bullying familiar implica una din\u00e1mica de poder desigual, donde uno o varios miembros, ya sea progenitor o hermano\/a, ejercen un control o una intimidaci\u00f3n constante sobre otro, caus\u00e1ndole miedo, ansiedad y afectando su bienestar emocional. Sus caracter\u00edsticas b\u00e1sicas son:<\/p>\n<ul>\n<li>Intencionalidad. El bullying implica una pretensi\u00f3n deliberada de causar da\u00f1o f\u00edsico o emocional, mientras que las ri\u00f1as suelen ser producto de desacuerdos moment\u00e1neos sin el objetivo espec\u00edfico de da\u00f1ar al otro.<\/li>\n<li>Desigualdad de poder. En situaciones de bullying existe una clara asimetr\u00eda de poder, donde un progenitor o un hermano\/a ejercen el control por medio de fuerza f\u00edsica, manipulaci\u00f3n emocional, menosprecio, humillaci\u00f3n, cr\u00edtica constante o maltrato psicol\u00f3gico.<\/li>\n<li>Roles definidos. En el bullying, los roles de agresor y v\u00edctima permanecen estables a lo largo del tiempo, lo que indica una din\u00e1mica reiterada y sistem\u00e1tica de abuso. Esta continuidad en los roles refleja una relaci\u00f3n de poder excesivamente desigual, donde el agresor ejerce una dominaci\u00f3n persistente sobre la v\u00edctima. En cambio, en las ri\u00f1as ocasionales entre hermanos, o entre padres e hijos, no existe la misma estabilidad: los roles de poder pueden intercambiarse, en diferentes momentos de la convivencia, sin que se establezca una dominaci\u00f3n prolongada e inamovible de uno sobre otro, lo que sugiere una interacci\u00f3n m\u00e1s equitativa.<\/li>\n<li>Normalizaci\u00f3n del abuso. En muchas familias, el bullying se minimiza o se percibe err\u00f3neamente como una parte normal del crecimiento, lo que perpet\u00faa la din\u00e1mica de abuso. Esta normalizaci\u00f3n es menos com\u00fan en las ri\u00f1as ocasionales, que generalmente se resuelven sin una persistente justificaci\u00f3n de los comportamientos agresivos (Caffaro, 2014).<\/li>\n<li>Frecuencia. El bullying ocurre de forma repetida, mantenida y constante a lo largo del tiempo.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Seg\u00fan Wolke et al. (2015), a pesar de que muchos ni\u00f1os experimentan alg\u00fan conflicto ocasional, hasta el 40% est\u00e1n expuestos a bullying continuado por parte de sus hermanos. Estudios recientes incluso lo cifran en torno al 50% (Cvancara et al., 2024). Los menores que sufren este tipo de maltrato tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar problemas de salud mental en la edad adulta como, por ejemplo, depresi\u00f3n, ansiedad y conductas autol\u00edticas. A escala neurol\u00f3gica, la exposici\u00f3n prolongada al estr\u00e9s derivado del conflicto familiar puede alterar el funcionamiento del eje hipotal\u00e1mico-pituitario-adrenal, responsable de la respuesta al estr\u00e9s en el organismo, deteriorando la memoria, la atenci\u00f3n y la regulaci\u00f3n emocional (Lupien et al., 2009). Estudios de neuroimagen muestran alteraciones en \u00e1reas como la am\u00edgdala, el hipocampo y la corteza prefrontal, lo que puede influir negativamente en procesos cognitivos tan importantes como el lenguaje, la planificaci\u00f3n y el control de impulsos (Teicher et al., 2016).<\/p>\n<p>Cuando los padres tratan a sus hijos de forma no equitativa, apoy\u00e1ndose inicuamente en factores como el g\u00e9nero, el orden de nacimiento, o las personalidades individuales, pueden establecerse din\u00e1micas disfuncionales que son absorbidas por los hijos, incidiendo cr\u00edticamente en la manera en que se comportan. Por ejemplo, seg\u00fan se\u00f1alan Bowes et al. (2014), los hermanos mayores tienden a ser los perpetradores de maltrato en gran parte de los casos, debido a una percepci\u00f3n exacerbada de superioridad que puede venir alentada por las propias expectativas parentales. Cuando el trato diferencial es percibido como excesivamente favorecedor de un hijo sobre otro, suelen aparecer sentimientos de inferioridad en los hermanos menos favorecidos, menoscabando su autoestima (Feinberg et al., 2012).<\/p>\n<p>De forma gen\u00e9rica, el bullying familiar, ya sea entre hermanos o de padres a hijos, est\u00e1 mediado por procesos cognitivos como la atribuci\u00f3n de intenciones hostiles, la formaci\u00f3n de estereotipos y la internalizaci\u00f3n de roles. As\u00ed, un ni\u00f1o que es constantemente devaluado por sus padres puede desarrollar un sesgo de atenci\u00f3n hacia cr\u00edticas o se\u00f1ales de rechazo en otros contextos sociales, perpetuando durante la edad adulta un ciclo de victimizaci\u00f3n y auto-devaluaci\u00f3n (Georgiou, 2008).<\/p>\n<p>La denuncia de esta situaci\u00f3n por parte del menor es poco probable, y la detecci\u00f3n por parte de profesores, m\u00e9dicos o trabajadores sociales es una tarea tremendamente complicada, especialmente si no existen indicadores f\u00edsicos evidentes que alerten sobre la presencia de maltrato. Esta coyuntura, por consiguiente, permanece en buena medida camuflada y, si bien se ha avanzado en la conciencia social acerca del maltrato a la mujer, resulta parad\u00f3jico que esta conciencia no alcance con la misma intensidad y eficacia a los menores, personas mucho m\u00e1s vulnerables no solo por raz\u00f3n de g\u00e9nero, sino por su edad y la asimetr\u00eda de poder, lo que determina que puedan ser victimizados tanto por los varones de su entorno como, tambi\u00e9n, por la madre o las mujeres que los rodean (Herrera Moreno, 2008).<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, el bullying familiar se presenta como un problema que impacta significativamente sobre el desarrollo cognitivo y emocional de ni\u00f1os y adolescentes. Programas de intervenci\u00f3n que promuevan relaciones familiares saludables, y que eduquen a los padres en la importancia de un trato equitativo, pueden ser fundamentales para prevenir el bullying en el hogar y sus consecuencias a largo plazo.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Bowes, L., Wolke, D., Joinson, C., Lereya, S. T., &amp; Lewis, G. (2014). Sibling bullying and risk of depression, anxiety, and self-harm: a prospective cohort study. <em>Pediatrics<\/em>, 134, e1032-9.<\/p>\n<p>Caffaro, J. V. (2014). <em>Sibling Abuse Trauma: Assessment and Intervention Strategies for Children, Families and Adults<\/em> (2nd ed.). Routledge.<\/p>\n<p>Cvancara, K., Kaal, E., P\u00f6rh\u00f6l\u00e4, M., &amp; Torres. M. B. (2024). Sibling bullying reported by emerging adults: profiling the prevalence, roles and form in a cross-country investigation. <em>Acta Psychologica<\/em>, 247, 104310.<\/p>\n<p>Dunn, J. (1998). <em>Siblings, Emotion, and Development of Understanding<\/em>. Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Feinberg, M. E., Solmeyer, A. R., &amp; McHale, S. M. (2012). The third rail of family systems: Sibling relationships, mental and behavioral health, and preventive intervention in childhood and adolescence. C<em>linical Child and Family Psychology Review<\/em>, 15, 43-57.<\/p>\n<p>Georgiou, S. N. (2008). Parental style and child bullying and victimization experiences at school. <em>Social Psychology of Education: An International Journal<\/em>, 11, 213-227.<\/p>\n<p>Herrera Moreno, M. (coord.) (2008). <em>Hostigamiento y H\u00e1bitat Social: Una Perspectiva Victimol\u00f3gica<\/em>. Editorial Comares.<\/p>\n<p>Lupien, S. J., McEwen, B. S., Gunnar, M. R., &amp; Heim, C. (2009). Effects of stress throughout the lifespan on the brain, behaviour and cognition. <em>Nature Reviews Neuroscience<\/em>, 10, 434-445.<\/p>\n<p>Teicher, M. H., Samson, J. A., Anderson, C. M., &amp; Ohashi, K. (2016). The effects of childhood maltreatment on brain structure, function and connectivity. <em>Nature Reviews Neuroscience<\/em>, 17, 652-666.<\/p>\n<p>Wolke, D., Tippett, N., &amp; Dantchev, S. (2015). Bullying in the family: Sibling bullying. <em>The Lancet Psychiatry<\/em>, 2, 917-929.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 29 de septiembre de 2024.<br \/>\nAceptado el 3 de noviembre de 2024.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Iv\u00e1n Moratilla P\u00e9rez y Francisco Javier Moreno Mart\u00ednez Dept. de Psicolog\u00eda B\u00e1sica I, Universidad Nacional de Educaci\u00f3n a Distancia, Espa\u00f1a <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2494\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,3],"tags":[800,798,78,799,801,802],"class_list":["post-2494","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-psicologia","tag-acoso","tag-bullying","tag-desarrollo","tag-familia","tag-maltrato","tag-victima"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2494","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2494"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2494\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2499,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2494\/revisions\/2499"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2494"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2494"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2494"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}