{"id":24,"date":"2008-03-17T13:31:25","date_gmt":"2008-03-17T11:31:25","guid":{"rendered":"https:\/\/medina-psicologia.ugr.es\/ciencia\/?p=24"},"modified":"2008-03-17T14:53:28","modified_gmt":"2008-03-17T12:53:28","slug":"musica-y-movimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=24","title":{"rendered":"M\u00fasica y movimiento"},"content":{"rendered":"<p>Daniel Sanabria<br \/>\nDept. de Psicolog\u00eda Experimental y Fisiolog\u00eda del Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<p><img style='margin-right:20px;'src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2008-9-a-cc-Roxy.jpg\" alt=\"(cc) R o x y \u2606\" align=\"left\" height=\"169\" hspace=\"10\" vspace=\"10\" width=\"300\" \/><em>\u00bfDepende nuestra percepci\u00f3n musical de la forma en que nos movemos? Estudios recientes demuestran que nuestro movimiento modula la percepci\u00f3n del ritmo, resaltando el car\u00e1cter multisensorial de nuestra experiencia musical. Estudios con beb\u00e9s y adultos destacan el importante papel del movimiento en la percepci\u00f3n musical.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2008-9.pdf\" title=\"versi\u00f3n en pdf\" target=\"_blank\"> [versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>La m\u00fasica forma parte de nuestras vidas desde que nacemos. La m\u00fasica ha jugado y juega un papel importante en nuestro desarrollo sociocultural e incluso, para algunos investigadores, la percepci\u00f3n de patrones sonoros r\u00edtmicos podr\u00eda influir en la adquisici\u00f3n del lenguaje (Jusczyk, 1999). Detr\u00e1s de esta habilidad para percibir y producir m\u00fasica existen una serie de procesos complejos que los investigadores est\u00e1n logrando desentra\u00f1ar en los \u00faltimos a\u00f1os (ver Koelsch y Siebel, 2005, para una revisi\u00f3n).<\/p>\n<p>En el campo de la cognici\u00f3n musical, la mayor\u00eda de los estudios tanto comportamentales como neurocient\u00edficos se centran en el sistema auditivo (cortex auditivo) y su capacidad para percibir los tonos y ritmos que conforman los est\u00edmulos musicales. Sin embargo, no podemos olvidar un aspecto crucial en la m\u00fasica: el movimiento.<\/p>\n<p><img style='margin-right:20px;'src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2008-9-b-cc-cienciacognitiva.png\" alt=\"Vasos de Rubin\" align=\"right\" height=\"400\" hspace=\"10\" vspace=\"10\" width=\"205\" \/>Es indudable que la m\u00fasica y el movimiento han ido de la mano desde tiempos inmemoriales. Como citan Phillips-Silver y Trainor (2007), la costumbre de escuchar m\u00fasica en actitud pasiva es una tradici\u00f3n reciente surgida en el mundo occidental. En otras culturas la m\u00fasica no se entiende sin el movimiento. De esta forma, tal y como queremos enfatizar en este art\u00edculo, la m\u00fasica es una experiencia multisensorial, ya que no s\u00f3lo implica el sentido del o\u00eddo, sino tambi\u00e9n el de nuestro propio movimiento (propiocepci\u00f3n) y el del equilibrio (sistema vestibular).<\/p>\n<p>El estudio de la percepci\u00f3n multisensorial nos ense\u00f1a que la informaci\u00f3n que llega a trav\u00e9s de nuestros sentidos interact\u00faa y se integra en el cerebro. As\u00ed, sabemos que la informaci\u00f3n visual puede influir en la percepci\u00f3n auditiva (el fen\u00f3meno del ventr\u00edlocuo), e incluso en la percepci\u00f3n olfativa (ver Calvert, Spence, y Stein, 2004, para una revisi\u00f3n). Como experiencia multisensorial, est\u00e1 claro que la informaci\u00f3n auditiva contenida en los est\u00edmulos musicales puede influir en nuestra propiocepci\u00f3n: la m\u00fasica nos invita a movernos. Ahora bien, \u00bfdepender\u00e1 nuestra percepci\u00f3n musical de nuestra propiocepci\u00f3n? En otras palabras, \u00bfpuede verse afectada nuestra percepci\u00f3n musical por c\u00f3mo nos movemos?<\/p>\n<p>Phillips-Silver y Trainor (2005, 2007) han demostrado que el modo de movernos puede determinar nuestra percepci\u00f3n de un patr\u00f3n auditivo r\u00edtmico. Quiz\u00e1s el resultado m\u00e1s sorprendente proviene de su investigaci\u00f3n con beb\u00e9s de 7 meses (Phillips-Silver y Trainor, 2005). En una primera fase (fase de exposici\u00f3n), las investigadoras presentaban a los beb\u00e9s un patr\u00f3n r\u00edtmico ambiguo, an\u00e1logo auditivo de est\u00edmulos visuales ambiguos como los famosos vasos de Rubin (Figura 1), caracterizados porque un mismo est\u00edmulo puede ser interpretado de dos modos diferentes. El ritmo consist\u00eda en seis pulsos sonoros (puedes o\u00edrlo <a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2008-9-sonido1.wav\" title=\"Ritmo ambiguo\" target=\"_blank\">aqu\u00ed<\/a>) que pueden percibirse agrupados en dos grupos de tres pulsos o en tres grupos de dos pulsos, en funci\u00f3n de d\u00f3nde se ponga el acento musical (ver Figura 2).<\/p>\n<p><img style='margin-right:20px;'src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2008-9-c-cc-cienciacognitiva.png\" alt=\"Figura 2\" height=\"550\" hspace=\"10\" vspace=\"10\" width=\"450\" \/><\/p>\n<p>A uno de los grupos de beb\u00e9s, siguiendo las instrucciones del experimentador, las madres los balanceaban cada dos pulsos, sincronizando sus movimientos a un ritmo doble. Al otro grupo de beb\u00e9s las madres los balanceaban cada tres pulsos, sincronizando sus movimientos a un ritmo triple. En una fase posterior (fase de test), los beb\u00e9s escuchaban una variante no ambigua del mismo ritmo que en la fase de exposici\u00f3n, pero esta vez acentuada cada dos pulsos (<a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2008-9-sonido2.wav\" title=\"Ritmo doble\" target=\"_blank\">ritmo doble<\/a>) o cada tres pulsos (<a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2008-9-sonido3.wav\" title=\"Ritmo triple\" target=\"_blank\">ritmo triple<\/a>).<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis principal del estudio era que los beb\u00e9s mostrar\u00edan preferencia por uno u otro ritmo en funci\u00f3n del movimiento que habr\u00edan experimentado en la primera fase. Para medir las preferencias de los beb\u00e9s, se us\u00f3 el siguiente procedimiento. Cada ensayo comenzaba cuando se encend\u00eda una luz, a la izquierda o la derecha del beb\u00e9, que iluminaba un juguete que serv\u00eda para fijar su mirada (mientras tanto las madres y la experimentadora escuchaban m\u00fasica no relacionada con el estudio para evitar que sesgaran de alguna forma la elecci\u00f3n de los beb\u00e9s). En ese mismo instante comenzaba a sonar uno de los dos ritmos no ambiguos. Cuando el ni\u00f1o dejaba de mirar al juguete durante m\u00e1s de un segundo, la luz se apagaba y el ritmo dejaba de sonar. De esta forma, el mismo beb\u00e9 controlaba el tiempo que estaba escuchando el ritmo. La medida de inter\u00e9s era el tiempo que los beb\u00e9s escuchaban cada uno de los est\u00edmulos auditivos. Confirmando sus hip\u00f3tesis, las investigadoras encontraron que los beb\u00e9s mostraron mayor preferencia por el ritmo que coincid\u00eda con el ritmo de balanceo experimentado en la fase de exposici\u00f3n. El movimiento previo condicionaba la percepci\u00f3n del ritmo musical en los beb\u00e9s.<\/p>\n<p>En un estudio posterior, Phillips-Silver y Trainor (2007) replicaron estos mismos resultados con participantes adultos, potenciando sus hallazgos. Experimentos adicionales mostraron que se obtienen los mismos resultados cuando se vendan los ojos a los beb\u00e9s y adultos participantes, mientras que desaparecen cuando no hay movimiento propio sino s\u00f3lo observaci\u00f3n del movimiento de otra persona. La modulaci\u00f3n de la percepci\u00f3n del ritmo musical depende s\u00f3lo, por tanto, del propio movimiento (activo, o pasivo en el caso de los beb\u00e9s).<\/p>\n<p>Los resultados de estos estudios indican que la percepci\u00f3n del ritmo musical est\u00e1 fuertemente vinculada al movimiento, percibido mediante los sistemas vestibular y propioceptivo. En definitiva, el trabajo de estas investigadoras canadienses revela el car\u00e1cter multisensorial de nuestra experiencia musical. La pr\u00f3xima vez que nos movamos al son de la m\u00fasica, quiz\u00e1s debamos tener en cuenta que nuestra percepci\u00f3n va a depender de c\u00f3mo nos movamos.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Calvert, G. A., Spence, C., &amp; Stein, B. E. (Eds.) (2004). The handbook of multisensory processes. Cambridge, MA: MIT Press.<\/p>\n<p>Phillips-Silver, J., &amp; Trainor, L. J. (2005). Feeling the beat: movement influences infant rhythm perception. Science, 308, 1430.<\/p>\n<p>Phillips-Silver, J. &amp; Trainor, L. J. (2007). Hearing what the body feels: Auditory encoding of rhythmic movement. Cognition, 105, 533-546.<\/p>\n<p>Jusczyk, P. W. (1999). How infants begin to extract words from speech. Trends in Cognitive Sciences, 3, 323-328.<\/p>\n<p>Koelsch, S. &amp; Siebel, W. A. (2005). Towards a neural basis of music perception. Trends in Cognitive Sciences, 12, 578-584.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniel Sanabria Dept. de Psicolog\u00eda Experimental y Fisiolog\u00eda del Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a \u00bfDepende nuestra percepci\u00f3n musical de la <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=24\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,4,3],"tags":[78,87,88,85,89,86],"class_list":["post-24","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-neurociencia","category-psicologia","tag-desarrollo","tag-integracion-multisensorial","tag-movimiento","tag-musica","tag-percepcion","tag-ritmo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/24","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=24"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/24\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=24"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=24"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=24"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}