{"id":2338,"date":"2023-05-08T11:55:19","date_gmt":"2023-05-08T09:55:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2338"},"modified":"2023-05-16T20:42:22","modified_gmt":"2023-05-16T18:42:22","slug":"evolucion-del-lenguaje-hay-vida-mas-alla-de-la-computacion-recursiva-replica-a-mendivil-giro-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2338","title":{"rendered":"Evoluci\u00f3n del lenguaje: hay vida m\u00e1s all\u00e1 de la computaci\u00f3n recursiva.  R\u00e9plica a Mend\u00edvil-Gir\u00f3 (2022)"},"content":{"rendered":"<p>Antonio Ben\u00edtez-Burraco (a), Javier Valenzuela (b) e Iraide Ibarretxe-Antu\u00f1ano (c)<br \/>\n(a) Dept. de Lengua Espa\u00f1ola, Ling\u00fc\u00edstica y Teor\u00eda de la Literatura (Ling\u00fc\u00edstica General), Universidad de Sevilla, Espa\u00f1a<br \/>\n(b) Dept. de Filolog\u00eda Inglesa, Universidad de Murcia, Espa\u00f1a<br \/>\n(c) Dept. de Ling\u00fc\u00edstica y Literaturas Hisp\u00e1nicas, Universidad de Zaragoza, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"http:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-9-cc-BenitezBurraco.jpg\" alt=\"(cc) Antonio Ben\u00edtez-Burraco.\" width=\"300\" height=\"400\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) Iraide Ibarretxe-Antu\u00f1ano.<\/p><\/div>\n<p><em>En \u201cPor qu\u00e9 solo nosotros\u201d (2016), Berwick y Chomsky siguen considerando la sintaxis, entendida esta como un sistema de computaci\u00f3n recursivo, el rasgo distintivo y facilitador de la aparici\u00f3n del lenguaje humano. Sin embargo, la evidencia cient\u00edfica actual sugiere, m\u00e1s bien, que la sintaxis no habr\u00eda aparecido de forma tan repentina y que presenta una notable continuidad con la comunicaci\u00f3n y la cognici\u00f3n animales. Por ello, este art\u00edculo defiende que es m\u00e1s plausible que el lenguaje haya evolucionado de forma gradual merced a una interrelaci\u00f3n permanente con el resto de nuestras capacidades cognitivas y comunicativas.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-9.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>El art\u00edculo de Mend\u00edvil-Gir\u00f3 (<a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2204\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">2022<\/a>) constituye una excelente s\u00edntesis de la versi\u00f3n m\u00e1s reciente del pensamiento chomskiano sobre la evoluci\u00f3n del lenguaje, tal como se recoge en el libro \u201cPor qu\u00e9 solo nosotros\u201d (Berwick y Chomsky, 2016; en adelante, PSN). No obstante, a semejanza de las versiones anteriores, el Rubic\u00f3n en la aparici\u00f3n del lenguaje se sigue situando en la sintaxis (entendida, de manera estricta, como un sistema computacional recursivo). Es cierto, sin embargo, que se empieza a admitir que dicho proceso evolutivo no puede entenderse sin considerar otros componentes estructurales del lenguaje (como los relacionados con el significado o los sonidos) o incluso determinados aspectos funcionales (es decir, c\u00f3mo usamos el lenguaje para comunicarnos), pero siempre de un modo subordinado a la sintaxis.<\/p>\n<p>A pesar de ello, en nuestra opini\u00f3n, esta nueva visi\u00f3n sigue adoleciendo de incoherencias y de omisiones que no pueden justificarse meramente por la \u201cperspectiva inusual\u201d adoptada por PSN, que es el argumento que esgrime Mend\u00edvil-Gir\u00f3 para explicar que la obra haya sido \u201cmuy contestada y fundamentalmente incomprendida\u201d. La \u201cperspectiva inusual\u201d de PSN no es otra que la de defender que \u201cel lenguaje no habr\u00eda evolucionado al servicio de la comunicaci\u00f3n, sino al servicio del pensamiento\u201d. Nuestra cr\u00edtica se dirige a tres ideas nucleares de PSN, que se presentan como evidencias incontrovertibles, cuando distan bastante de serlo: (i) la preeminencia de la sintaxis sobre el resto de los componentes del lenguaje; (ii) la discontinuidad evolutiva entre la sintaxis y otros sistemas \u201cpreexistentes y [\u2026] compartidos con otras especies\u201d; y (iii) la preeminencia (y prelaci\u00f3n) evolutiva de lo cognitivo sobre lo comunicativo. En contra de estas tesis, defenderemos la idea de que resulta mucho m\u00e1s razonable asumir que el lenguaje, la cognici\u00f3n y la comunicaci\u00f3n evolucionaron gradualmente como fruto de la interacci\u00f3n entre ellas y con el ambiente f\u00edsico y social en que vivieron nuestros antepasados.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la preeminencia de la sintaxis, es incontestable la ventaja que otorga contar con un sistema combinatorio y recursivo capaz de generar pensamientos complejos a partir de otros m\u00e1s b\u00e1sicos (y en \u00faltimo t\u00e9rmino, secuencias complejas de palabras con las que exteriorizar dichos pensamientos). Sin embargo, la recursividad no es el \u00fanico aspecto que distingue la cognici\u00f3n humana de la del resto de los animales; existen otros que son tambi\u00e9n fundamentales para entender (y explicar) la idiosincrasia del lenguaje humano. Cabe destacar, por ejemplo, la intencionalidad compartida, el razonamiento abstracto y, especialmente, la \u201cfluidez cognitiva\u201d, es decir, la capacidad de relacionar elementos que pertenecen a dominios conceptuales diferentes (Spelke y Kinzler, 2007).<\/p>\n<p>La fluidez cognitiva est\u00e1 en la base de nuestra especial capacidad combinatoria (\u201cmerge\u201d, en la jerga chomskiana), pero tambi\u00e9n en la de otras capacidades que se encuentran potenciadas en nuestra especie, como la de categorizaci\u00f3n o la de metaforizaci\u00f3n (Ben\u00edtez-Burraco et al., 2022), que permiten clasificar y comprender la realidad de un modo mucho m\u00e1s rico, en general haciendo uso de conceptos b\u00e1sicos, a menudo de naturaleza perceptiva. Estas habilidades explican, por ejemplo, que no solo empleemos para comunicarnos elementos descriptivos o denotativos, como hacen otras especies (p. ej., gritos de alarma de primates), sino tambi\u00e9n conceptos figurados o abstractos, que no se corresponden con ninguna realidad f\u00edsica y que se construyen sobre la base de experiencias previas merced a nuestra mayor fluidez cognitiva y las capacidades que dependen de ellas (imaginaci\u00f3n, analog\u00eda\u2026).<\/p>\n<p>Estas peculiaridades cognitivas propias de nuestra especie son completamente ignoradas por PSN. Ciertamente, todas estas capacidades est\u00e1n presentes en otras especies, aunque de un modo menos potenciado. Ello permitir\u00eda explicar algo que un modelo como el defendido en PSN dif\u00edcilmente puede explicar, a saber, la gradaci\u00f3n en complejidad (y abstracci\u00f3n) conceptual que va de los gritos\/signos de otros primates a los grabados simb\u00f3licos de los neandertales y, finalmente, a las primeras representaciones teriantr\u00f3picas (es decir, mitad humanas, mitad animales), como la del hombre-le\u00f3n de Hohlestein-Stadel con la que abrimos este art\u00edculo.<\/p>\n<p>La circunstancia anterior nos lleva a nuestra segunda objeci\u00f3n a lo defendido en PSN: la supuesta discontinuidad evolutiva entre la sintaxis y las capacidades combinatorias observadas en otras especies. No existe una evidencia concluyente de dicha discontinuidad; m\u00e1s bien, se observa lo contrario, esto es, que otras especies animales son tambi\u00e9n capaces de procesar estructuras recursivas (aunque, ciertamente, de un modo menos eficaz que la nuestra; Ferrigno et al., 2020).<\/p>\n<p>Esto hace que resulte mucho m\u00e1s plausible la hip\u00f3tesis de que nuestra especie experiment\u00f3 sutiles cambios cerebrales que optimizaron capacidades cognitivas generales preexistentes, incluyendo, desde luego, la propia capacidad computacional. Pero no solo eso: cabe esperar una retroalimentaci\u00f3n (y seguramente una coevoluci\u00f3n) entre esta evoluci\u00f3n gradual de la cognici\u00f3n y la comunicaci\u00f3n humanas, y los cambios en el entorno f\u00edsico y social de nuestros antecesores. En este sentido, se ha sugerido que los cambios ambientales acaecidos durante la \u00faltima glaciaci\u00f3n favorecieron un comportamiento prosocial que promovi\u00f3, a su vez, una mayor fluidez cognitiva (Ben\u00edtez-Burraco y Progovac, 2021), y sobre todo, que potenci\u00f3 los mecanismos que vuelven m\u00e1s complejo el lenguaje mediante un proceso cultural, esto es, merced a su aprendizaje, uso y transmisi\u00f3n (Thomas y Kirby, 2018; Ben\u00edtez-Burraco y Progovac, 2019). Al fin y al cabo, como indican Laland y Seed (2021), los seres humanos somos \u201ctodoterreno\u201d en lo relativo a la flexibilidad y adaptaci\u00f3n cognitivas, y nuestra competencia en este sentido surge no solo de esas capacidades recursivas, sino de otras muchas, y sobre todo, de la interacci\u00f3n entre dominios cognitivos a diferentes niveles.<\/p>\n<p>Finalmente, con respecto a la preeminencia de lo cognitivo sobre lo comunicativo, PSN, de nuevo, no presenta realmente argumentos s\u00f3lidos que justifiquen la idea de que el lenguaje se seleccion\u00f3 inicialmente para hacernos \u201cm\u00e1s inteligentes\u201d y solo secundariamente para poder comunicarnos m\u00e1s eficientemente. En ausencia de evidencias s\u00f3lidas a este respecto, se antoja m\u00e1s natural pensar que a lo largo de nuestra evoluci\u00f3n ha habido una interconexi\u00f3n (y, posiblemente, una coevoluci\u00f3n) constante entre pensamiento, comunicaci\u00f3n y socializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto es precisamente lo que sugieren diferentes estudios biol\u00f3gicos, neuropsicol\u00f3gicos y ling\u00fc\u00edsticos, tanto en nuestra especie como en otras especies, adem\u00e1s de las simulaciones computacionales que se han realizado para modelar la evoluci\u00f3n del lenguaje. Por ejemplo, numerosos estudios sugieren que determinadas propiedades estructurales b\u00e1sicas del lenguaje, como la composicionalidad o la sistematicidad, no vienen impuestas solo por el cerebro, sino que responden a las demandas del acto comunicativo (en particular, a la necesidad de distribuir de forma eficiente la informaci\u00f3n entre emisor y destinatario); de ah\u00ed que puedan considerarse el resultado de procesos de evoluci\u00f3n cultural (Tamariz y Kirby, 2016). Al mismo tiempo, se ha demostrado que las lenguas con diferentes caracter\u00edsticas estructurales favorecen modos de percepci\u00f3n distintos y dirigen la atenci\u00f3n hacia diferentes aspectos de la realidad, dando preferencia al procesamiento de ciertos tipos de informaci\u00f3n frente a otros. Estas preferencias llegan as\u00ed a moldear nuestras capacidades cognitivas, por lo que tambi\u00e9n se pueden considerar, al menos en parte, un producto de la evoluci\u00f3n cultural (Heyes, 2018; Ibarretxe-Antu\u00f1ano y Valenzuela Manzanares, 2021). En suma, los usos comunicativos del lenguaje parecen afectar, en mucha mayor medida que lo admitido en PSN, a las propiedades de las lenguas y a las del lenguaje como facultad cognitiva. Finalmente, existen cada vez m\u00e1s indicios de que que la estructura de las lenguas se correlaciona tambi\u00e9n con los cambios que se producen en el entorno social (Trudgill, 2011; Lupyan y Dale, 2016), lo que corrobora la hip\u00f3tesis de una coevoluci\u00f3n entre cognici\u00f3n, lenguaje, comunicaci\u00f3n y socializaci\u00f3n (v\u00e9ase Ben\u00edtez-Burraco y Progovac, 2020, para un modelo en este sentido).<\/p>\n<p>En resumen, es evidente que nuestra especie piensa y se comunica de un modo m\u00e1s sofisticado que otros animales. Sin embargo, la evidencia cient\u00edfica parece sugerir de manera bastante clara que estas diferencias son de grado y, sobre todo, que no son el resultado de grandes cambios cognitivos ni de innovaciones biol\u00f3gicas radicales. Esta circunstancia vuelve poco plausible la hip\u00f3tesis, defendida en PSN, de que el lenguaje humano se origin\u00f3 de improviso como resultado de una mutaci\u00f3n y en ausencia de presiones selectivas. Resulta mucho m\u00e1s probable un escenario evolutivo en el que cognici\u00f3n, lenguaje y comunicaci\u00f3n habr\u00edan interactuado de un modo constante, sin que ninguno de estos dominios hubiese tenido preeminencia sobre los restantes.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Ben\u00edtez-Burraco, A., y Progovac, L. (2019). A four-stage model for language evolution under the effects of human self-domestication. <em>Language &amp; Communication<\/em>, 73, 1-17.<\/p>\n<p>Ben\u00edtez-Burraco, A., y Progovac, L. (2021). Language evolution: examining the link between cross-modality and aggression through the lens of disorders. <em>Philosophical Transactions of the Royal Society of London. Series B, Biological Sciences<\/em>, 376, 20200188.<\/p>\n<p>Ben\u00edtez-Burraco, A., Hoshi, K., y Progovac, L. (2022). The gradual coevolution of syntactic combinatorics and categorization under the effects of human self-domestication: a proposal. <em>PsyArxiv<\/em>. https:\/\/doi.org\/10.31234\/osf.io\/8ns5w<\/p>\n<p>Ferrigno, S., Cheyette, S.J., Piantadosi, S.T., y Cantlon, J.F. (2020). Recursive sequence generation in monkeys, children, U.S. adults, and native Amazonians. <em>Science Advances<\/em>, 6, eaaz1002.<\/p>\n<p>Heyes, C. (2018). <em>Cognitive gadgets<\/em>. Cambridge, MA: Harvard UP.<\/p>\n<p>Ibarretxe-Antu\u00f1ano, I., y Valenzuela-Manzanares, J. (2021). <em>Lenguaje y cognici\u00f3n<\/em>. Madrid: S\u00edntesis.<\/p>\n<p>Laland, K., y Seed, A. (2021). Understanding human cognitive uniqueness. <em>Annual Review of Psychology<\/em>, 72, 689-716.<\/p>\n<p>Lupyan, G., y Dale, R. (2016). Why are there different languages? The role of adaptation in linguistic diversity. <em>Trends in Cognitive Sciences<\/em>, 20, 649\u2013660.<\/p>\n<p>Spelke, E. S., y Kinzler, K. D. (2007). Core knowledge. <em>Developmental Science<\/em>, 10, 89-96.<\/p>\n<p>Tamariz, M. y Kirby, S. (2016). The cultural evolution of language. <em>Current Opinion in Psychology<\/em>, 8, 37-43.<\/p>\n<p>Thomas, J., y Kirby, S. (2018). Self domestication and the evolution of language. <em>Biology &amp; Philosophy<\/em>, 33, 9.<\/p>\n<p>Trudgill, P. (2011). <em>Sociolinguistic Typology: Social Determinants of Liguistic Complexity<\/em>. Oxford university Press, Oxford.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 29 de marzo de 2022.<br \/>\nAceptado el 16 de abril de 2023.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Ben\u00edtez-Burraco (a), Javier Valenzuela (b) e Iraide Ibarretxe-Antu\u00f1ano (c) (a) Dept. de Lengua Espa\u00f1ola, Ling\u00fc\u00edstica y Teor\u00eda de la <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2338\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,8,7,3],"tags":[431,59,50,49,407],"class_list":["post-2338","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-antropologia","category-linguistica","category-psicologia","tag-cognicion","tag-comunicacion","tag-evolucion","tag-lenguaje","tag-sintaxis"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2338","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2338"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2338\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2342,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2338\/revisions\/2342"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2338"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2338"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2338"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}