{"id":2227,"date":"2022-07-24T18:25:52","date_gmt":"2022-07-24T16:25:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2227"},"modified":"2022-07-24T18:25:52","modified_gmt":"2022-07-24T16:25:52","slug":"hijos-emocionalmente-estables-con-un-perro-en-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2227","title":{"rendered":"Hijos emocionalmente estables con un perro en casa"},"content":{"rendered":"<p>H\u00e9ctor Garc\u00eda-Rodicio<br \/>\nDepartamento de Educaci\u00f3n, Universidad de Cantabria, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"http:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-6-cc-HectorGarciaRodicio.jpg\" alt=\"(cc) H\u00e9ctor Garc\u00eda Rodicio.\" width=\"300\" height=\"300\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) H\u00e9ctor Garc\u00eda Rodicio.<\/p><\/div>\n<p><em>Un estudio con m\u00e1s de 1600 familias, publicado el pasado a\u00f1o 2021, encontr\u00f3 una asociaci\u00f3n significativa entre la presencia de un perro en el hogar y un mejor desarrollo emocional y social de los ni\u00f1os. Una revisi\u00f3n sistem\u00e1tica de 2017, tras examinar 22 estudios, concluy\u00f3 en el mismo sentido. Parece, pues, que la convivencia con un perro es beneficiosa para el desarrollo socio-emocional infantil. En este art\u00edculo exploramos el posible mecanismo que explicar\u00eda el fen\u00f3meno: la existencia de una relaci\u00f3n de apego bidireccional ni\u00f1o-perro, en la que ambos ejercen como cuidador del otro. Estudios recientes explorando el comportamiento social de los perros as\u00ed lo confirman.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-6.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>Al menos un tercio de los hogares espa\u00f1oles tiene perro y la tendencia es ascendente (FEDIAF, 2020). Habida cuenta de su eficacia en terapia asistida con animales (H\u00fcsgen et al., 2022), cabe preguntarse si los perros pueden suponer tambi\u00e9n un beneficio para los ni\u00f1os sanos.<\/p>\n<p>Evidencia reciente sugiere que la presencia de un perro en casa puede, en efecto, tener un impacto positivo sobre el desarrollo infantil, en concreto, sobre la competencia social y la estabilidad emocional de los ni\u00f1os. En un estudio de 2021, Wenden y colaboradores encuestaron a 1646 familias con ni\u00f1os de 2 a 5 a\u00f1os, de las cuales aproximadamente la mitad (el 42%) ten\u00eda perro en casa. Los padres y madres rellenaron un cuestionario de 25 \u00edtems sobre el comportamiento social, el desarrollo emocional y los problemas conductuales de sus hijos. El instrumento inclu\u00eda afirmaciones como \u201ctiene en cuenta los sentimientos de los dem\u00e1s\u201d, \u201cse pone nervioso en situaciones nuevas\u201d o \u201cpuede ser cruel con sus compa\u00f1eros\u201d. Los padres deb\u00edan determinar en qu\u00e9 medida representaban fielmente a su hijo con respuestas del tipo \u201ctotalmente cierto\u201d, \u201cbastante cierto\u201d o \u201cno es cierto\u201d. El resultado fue que los ni\u00f1os criados con un perro en casa puntuaron mejor en el cuestionario, demostrando, seg\u00fan sus padres, m\u00e1s comportamientos prosociales, mayor participaci\u00f3n en actividades familiares, menos problemas con los iguales y menos problemas de conducta. La puntuaci\u00f3n fue a\u00fan mejor entre quienes pasaban m\u00e1s tiempo con su perro. Es importante remarcar que el resultado se mantuvo despu\u00e9s de controlar estad\u00edsticamente la influencia de variables clave como el nivel educativo de los padres, las horas de sue\u00f1o del ni\u00f1o y las horas que pasa al d\u00eda usando pantallas.<\/p>\n<p>Por otro lado, una revisi\u00f3n sistem\u00e1tica reciente (Purewal et al., 2017) busc\u00f3 estudios que examinasen la relaci\u00f3n entre tener perro y el desarrollo social y emocional de los ni\u00f1os. Encontraron 22. En general, los resultados mostraron correlaciones significativas entre tener perro y aspectos como la capacidad para ponerse en el lugar del otro, habilidades sociales o nivel de autoestima. De nuevo, hay que se\u00f1alar que en buena parte de los estudios se controlaron posibles factores de confusi\u00f3n, como el estatus socio-econ\u00f3mico de las familias. La convivencia con el perro, por tanto, parece ser un factor que contribuye a un mejor desarrollo del ni\u00f1o. Sin embargo, como se trata de estudios observacionales, no puede descartarse una explicaci\u00f3n alternativa: que sean las familias con un mejor clima emocional las que optan por adoptar perro.<\/p>\n<p>De ser cierto lo primero, es decir, que criarse con perro favorece el desarrollo de la competencia social y emocional, quedar\u00eda por identificar el mecanismo que explica tal beneficio. Un buen candidato es el v\u00ednculo de apego bidireccional ni\u00f1o-perro. Enseguida veremos que ni\u00f1o y perro cuidan, efectivamente, el uno del otro, lo que refuerza la idea de que es la presencia del perro lo que propicia ese mejor desarrollo emocional.<\/p>\n<p>El apego se define como el lazo emocional de un ni\u00f1o con su cuidador. Este aparece tempranamente en la vida del ni\u00f1o y es importante para su correcto desarrollo. M\u00e1s concretamente, se han identificado cuatro criterios que debe cumplir un v\u00ednculo para considerarse apego, algo que sabemos gracias a la \u201ct\u00e9cnica de la situaci\u00f3n extra\u00f1a\u201d. En esta t\u00e9cnica se somete al ni\u00f1o a determinados eventos, incluyendo (a) entrar con su cuidador a una habitaci\u00f3n extra\u00f1a, (b) que el cuidador salga, (c) que el cuidador regrese y (d) que entre una persona desconocida. Los cuatro criterios de apego son: (1) proximidad (preferencia por estar junto al cuidador), (2) estr\u00e9s (sentir ansiedad cuando se le separa involuntariamente de su cuidador), (3) base segura (usar al cuidador como base para explorar sin miedo entornos nuevos), y (4) refugio (buscar contacto con el cuidador en momentos de miedo o ansiedad). Pues bien, tanto el ni\u00f1o como el perro cumplen los criterios (Savalli y Mariti, 2020). Esto es, el ni\u00f1o busca proximidad con el perro, experimenta estr\u00e9s cuando le separan de \u00e9l y lo usa como base para explorar y como refugio en momentos de tensi\u00f3n. El perro, por su parte, hace lo mismo con su cuidador humano: busca estar pr\u00f3ximo a \u00e9l, siente ansiedad cuando le separan de \u00e9l, lo usa como plataforma desde la que explorar entornos nuevos y como refugio al que regresar en situaciones de miedo. El hecho de que el apego funcione de manera bidireccional, que ni\u00f1o y perro tomen al otro como cuidador, permite incluso considerar la relaci\u00f3n ni\u00f1o-perro como \u201cde amistad\u201d (Savalli y Mariti, 2020).<\/p>\n<p>Ahora, la pregunta que uno podr\u00eda hacerse es \u00bfc\u00f3mo es posible una relaci\u00f3n de amistad entre especies diferentes? Por dos razones. Por un lado, porque los humanos somos animales sociales hasta el punto de ser capaces de sentirnos conectados a miembros de otras especies, como perros, gatos o caballos, o incluso a robots (Riddoch y Cross, 2021). Por otro lado, porque, debido a un proceso de domesticaci\u00f3n, el perro ha quedado cognitiva y emocionalmente \u201csintonizado\u201d hacia los humanos.<\/p>\n<p>Algo sorprendente es que el perro responde a su cuidador de manera similar a como los humanos responden a otras personas, algo que sabemos gracias a nuevas t\u00e9cnicas de investigaci\u00f3n. As\u00ed, sabemos que los perros reconocen la cara de su cuidador humano, que la escanean igual que hacemos nosotros fijando la mirada en los ojos, que verla les provoca emociones positivas activando el circuito de recompensa, que prefieren mirarla durante m\u00e1s tiempo que la de un humano desconocido, que sentir el olor del cuidador les produce tambi\u00e9n bienestar a trav\u00e9s del circuito de recompensa o, incluso, que distinguen palabras de refuerzo como \u201cbien hecho\u201d (Karl et al., 2020). Todo esto sugiere que, a trav\u00e9s de la domesticaci\u00f3n, es decir, el proceso por el cual fuimos seleccionando a aquellos lobos que toleraban nuestro trato, surgi\u00f3 una nueva especie mucho m\u00e1s social, el canis familiaris, lo que hoy posibilita el v\u00ednculo del perro con su cuidador humano. De hecho, sabemos tambi\u00e9n que los perros, pero no sus parientes m\u00e1s pr\u00f3ximos, los lobos, ni los nuestros, los chimpanc\u00e9s, responden a nuestro gesto de se\u00f1alar con el dedo, saben hacia d\u00f3nde estamos mirando y nos piden ayuda ante una dificultad (Hare y Tomasello, 2005). En conclusi\u00f3n, existe una \u201csintonizaci\u00f3n\u201d del perro hacia los humanos, que ser\u00eda resultado del proceso de domesticaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dada nuestra naturaleza h\u00edper social, los humanos estamos configurados para vincularnos con seres animados de cualquier tipo y, gracias al proceso de domesticaci\u00f3n, los perros han quedado sintonizados hacia nosotros y nuestra forma de expresar y captar estados mentales. Ambas circunstancias hacen posible la construcci\u00f3n de una relaci\u00f3n de amistad ni\u00f1o-perro, donde ambos ejercen como cuidador del otro. Y eso, a su vez, propicia un mejor desarrollo socio-emocional en el ni\u00f1o. \u00bfQuiere hijos emocionalmente estables? Tener un perro en casa puede ayudar.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>FEDIAF, The European Pet Food Industry (2020). <em>Facts and figures 2020. European Overview.<\/em> Bruselas: FEDIAF.<\/p>\n<p>Hare, B. y Tomasello, M. (2005). Human-like social skills in dogs? <em>Trends in Cognitive Science<\/em>, 9, 439-444.<\/p>\n<p>H\u00fcsgen, C., Peters, N., y Didden, R. (2022). A systematic review of dog-assisted therapy in children with behavioural and developmental disorders. <em>Advances in Neurodevelopmental Disorders<\/em>, 6, 1-10.<\/p>\n<p>Karl, S. et al. (2020). Exploring the dog\u2013human relationship by combining fMRI, eye-tracking and behavioural measures. <em>Scientific Reports<\/em>, 10, 22273.<\/p>\n<p>Purewal, R. et al. (2017). Companion animals and child\/adolescent development: a systematic review of the evidence. <em>International Journal of Environmental Research and Public Health<\/em>, 14, 234.<\/p>\n<p>Riddoch, K. y Cross, E. (2021). \u00abHit the robot on the head with this mallet\u00bb &#8211; Making a case for including more open questions in HRI research. <em>Frontiers in Robotics and AI<\/em>, 8, 603510.<\/p>\n<p>Savalli, C. y Mariti, C. (2020) Would the dog be a person\u2019s child or best friend? Revisiting the dog-tutor attachment. <em>Frontiers in Psychology<\/em>, 11, 576713.<\/p>\n<p>Wenden, E. et al. (2021). The relationship between dog ownership, dog play, family dog walking, and pre-schooler social\u2013emotional development. <em>Pediatric Research<\/em>, 89, 1013-1019.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 22 de marzo de 2022.<br \/>\nAceptado el 7 de julio de 2022.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>H\u00e9ctor Garc\u00eda-Rodicio Departamento de Educaci\u00f3n, Universidad de Cantabria, Espa\u00f1a Un estudio con m\u00e1s de 1600 familias, publicado el pasado a\u00f1o <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2227\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,4,3],"tags":[109,31,78,314,18,50],"class_list":["post-2227","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-neurociencia","category-psicologia","tag-aprendizaje","tag-cerebro","tag-desarrollo","tag-educacion","tag-emocion","tag-evolucion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2227","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2227"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2227\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2229,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2227\/revisions\/2229"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2227"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2227"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2227"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}