{"id":2198,"date":"2022-05-19T14:24:10","date_gmt":"2022-05-19T12:24:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2198"},"modified":"2022-05-19T14:24:10","modified_gmt":"2022-05-19T12:24:10","slug":"dime-donde-miras-y-te-dire-que-quieres-efectos-atencionales-de-la-mirada-en-la-adolescencia-temprana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2198","title":{"rendered":"Dime d\u00f3nde miras y te dir\u00e9 qu\u00e9 quieres: Efectos atencionales de la mirada en la adolescencia temprana"},"content":{"rendered":"<p>Bel\u00e9n Aranda-Mart\u00edn (1), Mar\u00eda \u00c1ngeles Ballesteros-Duper\u00f3n (2) y Juan Lupi\u00e1\u00f1ez (1)<br \/>\n(1) Dept. de Psicolog\u00eda Experimental y Centro de Investigaci\u00f3n Mente Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<br \/>\n(2) Dept. de Psicobiolog\u00eda y Centro de Investigaci\u00f3n Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-4-cc-KlaraHemmerich.jpeg\" alt=\"(cc) Klara Hemmerich.\" width=\"300\" height=\"224\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) Klara Hemmerich.<\/p><\/div>\n<p><em>Desde el nacimiento, los beb\u00e9s muestran un inter\u00e9s especial por la mirada. Esta revela informaci\u00f3n sobre el pensamiento y el comportamiento de los dem\u00e1s, siendo una clave esencial en el desarrollo social. Pero, dado que otros est\u00edmulos no sociales, como las flechas, tambi\u00e9n orientan la atenci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 hace tan especial a la mirada? Entender su singularidad y su trayectoria de desarrollo t\u00edpico y at\u00edpico es crucial para comprender los procesos socio-cognitivos de interacci\u00f3n social. Aunque la mirada comparte la capacidad de orientaci\u00f3n atencional con otros est\u00edmulos no sociales, esta produce efectos adicionales espec\u00edficos que parecen surgir en la adolescencia temprana.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-4.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>La mirada es un est\u00edmulo especial. En la poes\u00eda, la m\u00fasica y el refranero popular encontramos m\u00faltiples referencias en torno a esta idea; como apunta el proverbio, \u201clos ojos son el espejo del alma\u201d. Ciertamente, una mirada aporta informaci\u00f3n social muy valiosa. Sabemos que hacia donde se dirige la mirada del otro, tambi\u00e9n lo har\u00e1 su intenci\u00f3n y su comportamiento. Si durante una conversaci\u00f3n en el rellano, nuestra vecina mira de repente hacia la escalera, probablemente, de forma casi autom\u00e1tica, miraremos al mismo lugar. El inter\u00e9s por la mirada est\u00e1 presente desde el nacimiento. Los reci\u00e9n nacidos prefieren las caras con los ojos abiertos que les miran directamente que las mismas caras con los ojos cerrados o mirando hacia otro lado (Farroni y col., 2004). Esta sensibilidad resulta muy adaptativa para los beb\u00e9s, cuya supervivencia depende de la interacci\u00f3n con los adultos.<\/p>\n<p>Con el tiempo, la mirada se convierte en una clave atencional cada vez m\u00e1s precisa. Por ejemplo, los beb\u00e9s de 6 meses siguen la mirada del adulto hacia los objetos. Sin embargo, si en su campo visual hay varios objetos similares, no identificar\u00e1n a cu\u00e1l estaba mirando. Unos meses m\u00e1s tarde, detectar\u00e1n objetos incluso cuando est\u00e1n fuera de su campo visual (Butterworth y Jarrett, 1991). Estos avances aparentemente simples constituyen en realidad hitos evolutivos fundamentales y son la base de habilidades esenciales como la \u00abatenci\u00f3n conjunta\u00bb (Tomasello, 1995). Esta capacidad para compartir el foco atencional con otra persona es crucial para el desarrollo del lenguaje (Charman y col., 2000). Supongamos que queremos ense\u00f1arle a un beb\u00e9 la palabra \u201cperro\u201d. Al ver al animal, lo miraremos o lo se\u00f1alaremos mientras nos dirigimos al beb\u00e9 diciendo: \u201c\u00a1un perro!\u201d. La asociaci\u00f3n de la palabra con el animal se ver\u00e1 condicionada por la habilidad del beb\u00e9 para seguir la se\u00f1al del adulto y atender al perro.<\/p>\n<p>Todos estos datos parecen llevarnos a la misma conclusi\u00f3n: la mirada es una clave atencional especial. Su singularidad se ha puesto a prueba compar\u00e1ndola con otros est\u00edmulos no sociales, como las flechas, que tambi\u00e9n dirigen la atenci\u00f3n hacia una direcci\u00f3n. Sorprendentemente, flechas y miradas producen efectos de orientaci\u00f3n similares, facilitando por igual el procesamiento de los objetos a los que se\u00f1alan o miran. Esto ha llevado a pensar que los mecanismos atencionales que entran en juego con la mirada son de dominio general. Pero, \u00bfy si la diferencia no reside en si una mirada orienta o no la atenci\u00f3n, o cu\u00e1nto la orienta, sino en c\u00f3mo lo hace?<\/p>\n<p>En la \u00faltima d\u00e9cada, se han encontrado diferencias cualitativas entre la mirada y las flechas en poblaci\u00f3n adulta utilizando diversas tareas experimentales. Un claro ejemplo son las tareas de interferencia espacial (Figura 1), donde los participantes responden a qu\u00e9 direcci\u00f3n, derecha o izquierda, se\u00f1alan las flechas o miran los ojos.<\/p>\n<div style=\"width: 710px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-4-f1.jpg\" alt=\"Figura 1.- Paradigma de interferencia espacial. Cada ensayo comienza con la aparici\u00f3n en la pantalla de un ordenador de un punto de fijaci\u00f3n central donde la persona debe dirigir su mirada. A continuaci\u00f3n, aparecer\u00e1n, a la derecha o a la izquierda, unos ojos o unas flechas. La persona debe responder a qu\u00e9 direcci\u00f3n se\u00f1alan las flechas o miran los ojos. El ensayo ser\u00e1 congruente cuando el lugar de aparici\u00f3n coincida con la direcci\u00f3n se\u00f1alada (unas flechas que aparecen a la derecha apuntando a la derecha) e incongruente cuando no coincidan (unas flechas que aparecen a la derecha, pero apuntan la izquierda). \" width=\"700\" height=\"422\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 1.- Paradigma de interferencia espacial. Cada ensayo comienza con la aparici\u00f3n en la pantalla de un ordenador de un punto de fijaci\u00f3n central donde la persona debe dirigir su mirada. A continuaci\u00f3n, aparecer\u00e1n, a la derecha o a la izquierda, unos ojos o unas flechas. La persona debe responder a qu\u00e9 direcci\u00f3n se\u00f1alan las flechas o miran los ojos. El ensayo ser\u00e1 congruente cuando el lugar de aparici\u00f3n coincida con la direcci\u00f3n se\u00f1alada (unas flechas que aparecen a la derecha apuntando a la derecha) e incongruente cuando no coincidan (unas flechas que aparecen a la derecha, pero apuntan la izquierda).<\/p><\/div>\n<p>En general, las personas son m\u00e1s r\u00e1pidas detectando la direcci\u00f3n de las flechas cuando esta es congruente con el lugar donde aparecen (p. ej., unas flechas apuntando a la derecha que aparecen a la derecha) que cuando es incongruente. Este efecto de congruencia, muy consolidado en psicolog\u00eda experimental, se revierte cuando se presentan ojos en lugar de flechas, respondi\u00e9ndose m\u00e1s lentamente a la mirada congruente que a la incongruente (Figura 2; Ca\u00f1adas y Lupi\u00e1\u00f1ez, 2012).<\/p>\n<div style=\"width: 710px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-4-f2.jpg\" alt=\"Figura 2.- Efecto de congruencia est\u00e1ndar respondiendo a las flechas y efecto de congruencia revertida respondiendo a la mirada (basado en Marotta y col., 2018). \" width=\"700\" height=\"467\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 2.- Efecto de congruencia est\u00e1ndar respondiendo a las flechas y efecto de congruencia revertida respondiendo a la mirada (basado en Marotta y col., 2018).<\/p><\/div>\n<p>El efecto de congruencia revertida podr\u00eda explicarse por la capacidad de la mirada no solo de guiar nuestra atenci\u00f3n hacia una direcci\u00f3n, sino de transmitir intencionalidad, llev\u00e1ndonos a buscar activamente el objeto de inter\u00e9s de la persona que mira. Como se observa en la condici\u00f3n incongruente de la Figura 1, los ojos que miran al centro se dirigen al punto de fijaci\u00f3n, compartiendo el foco atencional con el participante y facilitando la respuesta. Sin embargo, los ojos que miran hacia fuera podr\u00edan llevar al participante a buscar el objeto de atenci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de donde aparecen los ojos. Durante nuestra conversaci\u00f3n con la vecina, es posible que atendamos hacia la escalera buscando no s\u00f3lo d\u00f3nde mira, sino a qu\u00e9 mira. Quiz\u00e1s pensemos que otro vecino se aproxima, lo que nos distraer\u00eda de la conversaci\u00f3n. Si en lugar de los ojos de nuestra vecina, fuese una flecha la que se\u00f1ala la escalera, puede que nuestra atenci\u00f3n recorriera el espacio sin seleccionar ning\u00fan punto concreto, es decir, no buscar\u00edamos activamente a un segundo vecino y, por tanto, no nos distraer\u00edamos tanto.<\/p>\n<p>Conociendo la importancia de la mirada en el desarrollo temprano, ser\u00eda esperable encontrar este efecto en la primera infancia. Sin embargo, un estudio reciente parece mostrar que no es as\u00ed (Aranda-Mart\u00edn y col., 2022). Como se representa en la Figura 3, los infantes de 4 a\u00f1os responden de forma similar a las flechas y a la mirada. El efecto revertido de la mirada surge paulatinamente, manifest\u00e1ndose de forma significativa a los 12 a\u00f1os. Aunque se trata de una edad inesperadamente tard\u00eda, otros efectos atencionales que tambi\u00e9n distinguen entre la mirada y las flechas surgen a edades parecidas (Jingling y col., 2015).<\/p>\n<div style=\"width: 710px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-4-f3.jpg\" alt=\"Figura 3.- Resultados de Aranda-Mart\u00edn y col. (2022). Mientras que el efecto de congruencia est\u00e1ndar de las flechas (respuestas m\u00e1s lentas a los ensayos incongruentes que a los congruentes) se mantiene en todos los grupos de edad, el efecto con la mirada cambia progresivamente. Los infantes de 4 a\u00f1os presentan el mismo efecto respondiendo a la mirada que a las flechas. A partir de los 5 a\u00f1os, el efecto de la mirada desaparece, para, finalmente, aparecer de forma revertida en el grupo de 12 a\u00f1os. N\u00f3tese que los resultados se presentan en base al tiempo de reacci\u00f3n proporcional. Esta transformaci\u00f3n del tiempo de reacci\u00f3n bruto permite comparar grupos con diferencias basales de velocidad, en este caso debidas a la edad. En concreto, el tiempo proporcional representa c\u00f3mo de r\u00e1pido o de lento ha respondido la persona en relaci\u00f3n a su tiempo de reacci\u00f3n promedio.\" width=\"700\" height=\"405\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 3.- Resultados de Aranda-Mart\u00edn y col. (2022). Mientras que el efecto de congruencia est\u00e1ndar de las flechas (respuestas m\u00e1s lentas a los ensayos incongruentes que a los congruentes) se mantiene en todos los grupos de edad, el efecto con la mirada cambia progresivamente. Los infantes de 4 a\u00f1os presentan el mismo efecto respondiendo a la mirada que a las flechas. A partir de los 5 a\u00f1os, el efecto de la mirada desaparece, para, finalmente, aparecer de forma revertida en el grupo de 12 a\u00f1os. N\u00f3tese que los resultados se presentan en base al tiempo de reacci\u00f3n proporcional. Esta transformaci\u00f3n del tiempo de reacci\u00f3n bruto permite comparar grupos con diferencias basales de velocidad, en este caso debidas a la edad. En concreto, el tiempo proporcional representa c\u00f3mo de r\u00e1pido o de lento ha respondido la persona en relaci\u00f3n a su tiempo de reacci\u00f3n promedio.<\/p><\/div>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 aparecen tan tarde estos procesos? \u00bfQu\u00e9 sucede en estas edades? Aunque a\u00fan estamos lejos de dar una respuesta, sabemos que \u00e1reas cerebrales relacionadas con el procesamiento de la mirada, como el surco temporal superior, alcanzan su grosor m\u00e1ximo entre los 5 y los 11 a\u00f1os, per\u00edodo en el que, adem\u00e1s, incrementan su actividad (Carter y Pelphrey, 2006). La madurez tard\u00eda de estas estructuras podr\u00eda explicar la demora del procesamiento especializado de la mirada. Suponiendo que estos efectos atencionales reflejen el desarrollo de la atenci\u00f3n social, \u00bftendr\u00e1n relaci\u00f3n con otras variables socio-cognitivas como la Teor\u00eda de la Mente? Asimismo, \u00bfestar\u00e1n presentes en personas con un procesamiento social at\u00edpico (p. ej., el trastorno del espectro autista)? Las respuestas a estas preguntas aportar\u00e1n una mirada en profundidad a los mecanismos socio-cognitivos t\u00edpicos y at\u00edpicos.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Aranda-Mart\u00edn, B., Ballesteros-Duper\u00f3n, M. \u00c1., y Lupi\u00e1\u00f1ez, J. (2022). What gaze adds to arrows: Changes in attentional response to gaze versus arrows in childhood and adolescence. <em>British Journal of Psychology<\/em>. https:\/\/doi.org\/10.1111\/bjop.12552<\/p>\n<p>Butterworth, G., y Jarrett, N. (1991). What minds have in common is space: Spatial mechanisms serving joint visual attention in infancy. <em>British Journal of Developmental Psychology<\/em>, 9, 55\u201372.<\/p>\n<p>Ca\u00f1adas, E., y Lupi\u00e1\u00f1ez, J. (2012). Spatial interference between gaze direction and gaze location\u202f: A study on the eye contact effect. <em>Quarterly Journal of Experimental Psychology<\/em>, 65, 1586\u20131598.<\/p>\n<p>Carter, E. J., y Pelphrey, K. A. (2006). School-aged children exhibit domain-specific responses to biological motion. <em>Social Neuroscience<\/em>, 1, 396\u2013411.<\/p>\n<p>Charman, T., Baron-Cohen, S., Swettenham, J., Baird, G., Cox, A., y Drew, A. (2000). Testing joint attention, imitation, and play as infancy precursors to language and theory of mind. <em>Cognitive Development<\/em>, 15, 481\u2013498.<\/p>\n<p>Farroni, T., Massaccesi, S., Pividori, D., y Johnson, M. H. (2004). Gaze following in newborns. <em>Infancy<\/em>, 5, 39\u201360.<\/p>\n<p>Jingling, L., Lin, H. F., Tsai, C. J., y Lin, C. C. (2015). Development of inhibition of return for eye gaze in adolescents. <em>Journal of Experimental Child Psychology<\/em>, 137, 76\u201384.<\/p>\n<p>Tomasello, M. (1995). Joint attention as social cognition. En C. Moore y P. J. Dunham (Eds.), <em>Joint Attention: Its Origins and Role in Development<\/em> (pp. 103\u2013130). Lawrence Erlbaum Associates, Inc.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 22 de febrero de 2022.<br \/>\nAceptado el 28 de abril de 2022.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bel\u00e9n Aranda-Mart\u00edn (1), Mar\u00eda \u00c1ngeles Ballesteros-Duper\u00f3n (2) y Juan Lupi\u00e1\u00f1ez (1) (1) Dept. de Psicolog\u00eda Experimental y Centro de Investigaci\u00f3n <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2198\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,3],"tags":[481,146,168,78,147],"class_list":["post-2198","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-psicologia","tag-adolescencia","tag-atencion","tag-cognicion-social","tag-desarrollo","tag-mirada"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2198","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2198"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2198\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2200,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2198\/revisions\/2200"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2198"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2198"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2198"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}