{"id":2183,"date":"2022-04-20T14:21:54","date_gmt":"2022-04-20T12:21:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2183"},"modified":"2022-04-21T08:38:46","modified_gmt":"2022-04-21T06:38:46","slug":"desarrollo-de-la-atencion-en-el-primer-ano-de-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=2183","title":{"rendered":"Desarrollo de la atenci\u00f3n en el primer a\u00f1o de vida"},"content":{"rendered":"<p>Josu\u00e9 Rico-Pic\u00f3 (1), Sebasti\u00e1n Moyano (1), \u00c1ngela Conejero (1), \u00c1ngela Hoyo (1), Mar\u00eda de los \u00c1ngeles Ballesteros (2), M. Rosario Rueda (1)<br \/>\n(1) Dept. de Psicolog\u00eda Experimental y Centro de Investigaci\u00f3n Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC), Universidad de Granada, Espa\u00f1a<br \/>\n(2) Dept. de Psicobiolog\u00eda, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-10-pexels-thecraftwonder.jpg\" alt=\"(pexels) The Craft Wonder.\" width=\"300\" height=\"375\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(pexels) The Craft Wonder.<\/p><\/div>\n<p><em>La atenci\u00f3n experimenta un marcado desarrollo desde el momento del nacimiento. Al principio, los beb\u00e9s exploran el mundo atendiendo a los eventos seg\u00fan lo llamativos que sean. Si ocurre algo saliente lo miran, olvidando a qu\u00e9 estaban prestando atenci\u00f3n. En los primeros meses, adem\u00e1s de este control externo, empezar\u00e1n a cambiar su foco atencional voluntariamente, lo que cambiar\u00e1 c\u00f3mo interact\u00faan con el mundo que les rodea. Esta transici\u00f3n se produce en conjunto con los cambios cerebrales que se dan en este per\u00edodo. La actividad el\u00e9ctrica madura, los ritmos cerebrales se acent\u00faan y se ligan al desarrollo cognitivo.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-10.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>En el d\u00eda a d\u00eda estamos expuestos a una cantidad inmensa de informaci\u00f3n. Para poder procesarla, necesitamos atender a los est\u00edmulos y estar alerta. Captar y seleccionar los est\u00edmulos, pensando en nuestros objetivos a corto y largo plazo, es esencial para la regulaci\u00f3n de la conducta (Petersen y Posner, 2012). Aunque los beb\u00e9s nacen con ciertos mecanismos atencionales, guiar el comportamiento para conseguir un objetivo no es simple y los mecanismos que lo permiten surgen y maduran con el desarrollo (Conejero y Rueda, 2017; Hendry y col., 2019).<\/p>\n<p>Al nacer y durante los primeros meses de vida, cada est\u00edmulo nuevo en el entorno capta la atenci\u00f3n. Si el beb\u00e9 llora, presentarle un juguete puede ser suficiente para que se olvide de lo que le resultaba frustrante. Este control atencional, principalmente ex\u00f3geno, ser\u00e1 clave para que los beb\u00e9s aprendan la naturaleza de los eventos que les rodean. Hacia el tercer o cuarto mes de vida, para complementar ese control ex\u00f3geno, surgir\u00e1n los mecanismos que les permitan manejar su atenci\u00f3n voluntariamente (Hendry y col., 2019). Mediante la t\u00e9cnica de seguimiento ocular, que nos permite saber a d\u00f3nde y durante cu\u00e1nto tiempo los beb\u00e9s est\u00e1n mirando, se ha descubierto que los beb\u00e9s son capaces de aprender r\u00e1pidamente las regularidades del entorno (Aslin, 2012). Si los dibujos que se le presentan a un beb\u00e9 se repiten, este deja de mirarlos por un mero proceso de habituaci\u00f3n. Si la secuencia que se ven\u00eda repitiendo se cambia por una distinta, r\u00e1pidamente vuelven a observarlos, como si les sorprendiese ese cambio inesperado. A esta edad no s\u00f3lo son capaces de aprender las regularidades, sino que tambi\u00e9n voluntariamente las buscan si les resultan interesantes. Si las im\u00e1genes siguen un mismo orden (p. ej., izquierda-derecha-izquierda), los beb\u00e9s son capaces de anticipar d\u00f3nde aparecer\u00e1 la siguiente. Esto supone predecir y mover su foco atencional de acuerdo con sus expectativas. Con el tiempo, esta regulaci\u00f3n mejorar\u00e1, lo que repercutir\u00e1 en c\u00f3mo exploran el mundo que les rodea.<\/p>\n<p>En base a estos cambios en el control atencional, los beb\u00e9s van aprendiendo la naturaleza de los objetos que les rodean y sus propiedades (p. ej., que los objetos caen cuando pierden el soporte) a medida que observan el mundo. Esto hace que generen expectativas sobre c\u00f3mo se deben comportar las cosas. Una habilidad importante es detectar cu\u00e1ndo un objeto no se comporta seg\u00fan esas expectativas, ya que puede suponer una oportunidad especial de aprendizaje. Para comprobar si los beb\u00e9s cuentan con esta habilidad, se les presentan objetos que se comportan de forma inusual (p. ej., un objeto que levita) y se observa su reacci\u00f3n. Con estos paradigmas se ha visto que ya a los 9 meses de edad los beb\u00e9s juegan m\u00e1s tiempo con ese tipo de objetos sorprendentes (Stahl y Feigenson, 2015). Asimismo, la actividad cerebral var\u00eda para los objetos que se comportan de forma inesperada en comparaci\u00f3n con los que siguen las reglas (Berger y col., 2006; Conejero y col., 2018). Por tanto, los beb\u00e9s parecen, adem\u00e1s de intuir algunas reglas del entorno, detectar cu\u00e1ndo algo viola sus expectativas y, en base a eso, lo exploran y adaptan su comportamiento.<\/p>\n<p>Todos estos cambios se producen a la vez que el cerebro madura, en una interacci\u00f3n entre lo que el entorno ofrece, lo que los beb\u00e9s son capaces de hacer y la evoluci\u00f3n de la actividad cerebral. Una de las t\u00e9cnicas que m\u00e1s se ha usado para estudiar el desarrollo cerebral en beb\u00e9s es el registro electroencefalogr\u00e1fico (EEG; Figura 1A). Una forma habitual de utilizarlo es captar los cambios el\u00e9ctricos del cerebro mientras est\u00e1 en estado de reposo. Este estado es de especial inter\u00e9s, pues es cuando el cerebro act\u00faa de forma espont\u00e1nea (Saby y Marshall, 2012). Para comprobar c\u00f3mo el cerebro se desarrolla en reposo, lo m\u00e1s com\u00fan es considerar la se\u00f1al de EEG como una caja de ritmos: se divide la se\u00f1al original en bandas que comprenden distintas frecuencias (hercios; Hz) y se comprueba cu\u00e1nta energ\u00eda tiene la se\u00f1al en esa banda (Figura 1B). Cuando esta t\u00e9cnica se ha aplicado al desarrollo, se ha evaluado principalmente una banda llamada alfa infantil (6 \u2013 9 Hz; Figura 1C).<\/p>\n<div style=\"width: 690px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2022-10-f1.jpg\" alt=\"Figura 1.- La actividad el\u00e9ctrica del cerebro se mide con un gorro de electrodos (A). En beb\u00e9s, cada electrodo contiene una esponja humedecida que transmite las variaciones en la actividad el\u00e9ctrica de las neuronas. Esta actividad tiene la apariencia de una onda que oscila a lo largo del tiempo (B). La onda registrada es en realidad la sumatoria de diferentes ondas de distinta frecuencia, pues las neuronas se activan y desactivan a diferentes ritmos. A trav\u00e9s de un an\u00e1lisis de Fourier es posible descomponer la onda original en sus ondas componentes, cada una con distinta frecuencia y energ\u00eda. En general, la energ\u00eda disminuye cuanto mayor es la frecuencia (C). Sin embargo, entre los 6 y 9 Hz en beb\u00e9s aparece un pico que rompe esta ley. A ese rango, se le denomina alfa infantil. Es una actividad que aparece alrededor de los 3 meses y su frecuencia y energ\u00eda aumenta con la edad.\" width=\"680\" height=\"274\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 1.- La actividad el\u00e9ctrica del cerebro se mide con un gorro de electrodos (A). En beb\u00e9s, cada electrodo contiene una esponja humedecida que transmite las variaciones en la actividad el\u00e9ctrica de las neuronas. Esta actividad tiene la apariencia de una onda que oscila a lo largo del tiempo (B). La onda registrada es en realidad la sumatoria de diferentes ondas de distinta frecuencia, pues las neuronas se activan y desactivan a diferentes ritmos. A trav\u00e9s de un an\u00e1lisis de Fourier es posible descomponer la onda original en sus ondas componentes, cada una con distinta frecuencia y energ\u00eda. En general, la energ\u00eda disminuye cuanto mayor es la frecuencia (C). Sin embargo, entre los 6 y 9 Hz en beb\u00e9s aparece un pico que rompe esta ley. A ese rango, se le denomina alfa infantil. Es una actividad que aparece alrededor de los 3 meses y su frecuencia y energ\u00eda aumenta con la edad.<\/p><\/div>\n<p>En el primer a\u00f1o de vida, alfa se reconfigura, aumentando cada vez m\u00e1s su energ\u00eda (Marshall y col., 2004). Este cambio en alfa se relaciona tanto con la capacidad atencional en el momento evaluado como con la capacidad atencional futura, de modo que parece ser capaz de predecir parcialmente el desarrollo. As\u00ed, los beb\u00e9s que cuentan con una maduraci\u00f3n m\u00e1s temprana, teniendo m\u00e1s energ\u00eda en alfa antes o aumentando m\u00e1s su energ\u00eda durante un periodo, punt\u00faan mejor en pruebas cognitivas en los meses venideros (Saby y Marshall, 2012).<\/p>\n<p>Los primeros meses de vida son, por tanto, cr\u00edticos para el desarrollo atencional. Los beb\u00e9s empiezan a ser cada vez m\u00e1s due\u00f1os de a qu\u00e9 atienden y utilizan el control voluntario de la atenci\u00f3n para adaptar mejor su conducta. Esto se vincula a cambios en los ritmos cerebrales, que nos acercan a entender qu\u00e9 mecanismos pueden estar dando lugar a esos cambios atencionales.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Aslin, R. N. (2012). Infant eyes: A window on cognitive development. <em>Infancy<\/em>, 17, 126-140.<\/p>\n<p>Berger, A., Tzur, G., y Posner, M. I. (2006). Infant brains detect arithmetic errors. <em>Proceedings of the National Academy of Sciences<\/em>, 103, 12649-12653.<\/p>\n<p>Conejero, \u00c1., Guerra, S., Abundis\u2010Guti\u00e9rrez, A., y Rueda, M. R. (2018). Frontal theta activation associated with error detection in toddlers: Influence of familial socioeconomic status. <em>Developmental Science<\/em>, 21, e12494.<\/p>\n<p>Conejero, A., y Rueda, M. R. (2017). Early development of executive attention. <em>Journal of Child &amp; Adolescent Behavior<\/em>, 5.<\/p>\n<p>Hendry, A., Johnson, M. H., &amp; Holmboe, K. (2019). Early development of visual attention: Change, stability, and longitudinal associations. <em>Annual Review of Developmental Psychology<\/em>, 1, 251-275.<\/p>\n<p>Leno, V. C., Pickles, A., van Noordt, S., Huberty, S., Desjardins, J., Webb, S. J., &#8230; y BASIS Team. (2021). 12-Month peak alpha frequency is a correlate but not a longitudinal predictor of non-verbal cognitive abilities in infants at low and high risk for autism spectrum disorder. <em>Developmental Cognitive Neuroscience<\/em>, 48, 100938.<\/p>\n<p>Marshall, P. J., Bar-Haim, Y., y Fox, N. A. (2002). Development of the EEG from 5 months to 4 years of age. <em>Clinical Neurophysiology<\/em>, 113, 1199-1208.<\/p>\n<p>Petersen, S. E., y Posner, M. I. (2012). The attention system of the human brain: 20 years after. <em>Annual Review of Neuroscience<\/em>, 35, 73-89.<\/p>\n<p>Saby, J. N., y Marshall, P. J. (2012). The utility of EEG band power analysis in the study of infancy and early childhood. <em>Developmental Neuropsychology<\/em>, 37, 253-273.<\/p>\n<p>Stahl, A. E., y Feigenson, L. (2015). Observing the unexpected enhances infants\u2019 learning and exploration. <em>Science<\/em>, 348(6230), 91-94.<\/p>\n<p><strong>Agradecimientos<\/strong><\/p>\n<p>Becas SEPEX a la Difusi\u00f3n de Trabajos de Investigaci\u00f3n 2019-2020 y contrato predoctoral de la Fundaci\u00f3n Tatiana P\u00e9rez de Guzm\u00e1n el Bueno a JRP en neurociencia (2019).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 21 de marzo de 2022.<br \/>\nAceptado el 11 de abril de 2022.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Josu\u00e9 Rico-Pic\u00f3 (1), Sebasti\u00e1n Moyano (1), \u00c1ngela Conejero (1), \u00c1ngela Hoyo (1), Mar\u00eda de los \u00c1ngeles Ballesteros (2), M. 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