{"id":1916,"date":"2020-03-05T13:04:57","date_gmt":"2020-03-05T11:04:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1916"},"modified":"2020-03-05T13:05:20","modified_gmt":"2020-03-05T11:05:20","slug":"se-perciben-como-mas-masculinas-las-sociedades-con-mayor-desigualdad-economica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1916","title":{"rendered":"\u00bfSe perciben como m\u00e1s masculinas las sociedades con mayor desigualdad econ\u00f3mica?"},"content":{"rendered":"<p>Eva Moreno-Bella, Guillermo B. Willis, y Miguel Moya<br \/>\nDept. de Psicolog\u00eda Social, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2019-22-cc-JamesFrid.jpg\" alt=\"(cc) James Frid.\" width=\"300\" height=\"200\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) James Frid.<\/p><\/div>\n<p>La desigualdad econ\u00f3mica, definida como la distribuci\u00f3n desigual de ingresos y recursos, se ha incrementado en los \u00faltimos a\u00f1os. Estudios previos han mostrado que la desigualdad econ\u00f3mica se asocia con variables psicosociales, siendo una de ellas c\u00f3mo se percibe a las personas que viven en esa sociedad. En una reciente investigaci\u00f3n experimental evaluamos esa percepci\u00f3n utilizando las dos dimensiones tradicionales de g\u00e9nero: la masculinidad y la feminidad. Los resultados mostraron que un alto nivel de desigualdad econ\u00f3mica nos lleva a percibir a la gente que vive en esa sociedad como m\u00e1s masculinos.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2019-22.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>El nivel de desigualdad econ\u00f3mica ha crecido en la mayor\u00eda de las sociedades (OECD, 2015) y, con ello, su estudio desde diferentes ramas de la ciencia, entre las que se encuentra la psicolog\u00eda. Existe una amplia literatura acerca de los diferentes correlatos de la desigualdad econ\u00f3mica (v\u00e9ase Wilkinson y Pickett, 2017). Por ejemplo, se ha sugerido que a las personas de clase social alta se las considera m\u00e1s competentes que a las de clase social baja, y esto ocurre especialmente en pa\u00edses con una gran desigualdad econ\u00f3mica (Durante, Bearns-Tablante y Fiske, 2017).<\/p>\n<p>No s\u00f3lo la desigualdad econ\u00f3mica objetiva se relaciona con diferentes procesos psicosociales, sino tambi\u00e9n es de especial relevancia la desigualdad econ\u00f3mica percibida. Entre otros hallazgos, se ha mostrado que en los contextos en los que las personas perciben que existe una mayor desigualdad econ\u00f3mica, tienden a ser m\u00e1s agresivas (Greitemeyer y Sagioglou, 2017) y a percibir el entorno como m\u00e1s competitivo (S\u00e1nchez-Rodr\u00edguez, Willis, Jetten y Rodr\u00edguez-Bail\u00f3n, 2019). Dado que las diferentes consecuencias derivadas de la percepci\u00f3n de una alta desigualdad econ\u00f3mica \u2014agresividad, competitividad\u2014 se asocian al constructo social de masculinidad, ser\u00eda intuitivo pensar que un alto nivel de desigualdad se asocia con la masculinidad de las personas.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es la masculinidad? \u00bfY la feminidad? La masculinidad se define como aquella dimensi\u00f3n de g\u00e9nero que tradicionalmente ha sido asociada a los hombres, incluyendo caracter\u00edsticas como ser una persona independiente y dominante. La feminidad ha sido tradicionalmente asociada a las mujeres e incluye caracter\u00edsticas como ser una persona servicial y sensible (Berdahl, Cooper, Glick, Livingston y Williams, 2018). Dado que la masculinidad y la feminidad son constructos sociales, que se van construyendo a lo largo de nuestra historia, todas las personas pueden ser masculinas y\/o femeninas, independientemente de su sexo biol\u00f3gico. Las personas nos definimos y somos percibidos mediante dos grandes conjuntos de caracter\u00edsticas: uno de ellos orientado a la consecuci\u00f3n de objetivos propios (masculinidad) y otro orientado al bienestar de las relaciones sociales (feminidad).<\/p>\n<p>Dado que el nivel de desigualdad influye en la percepci\u00f3n que tenemos de las personas (Durante et al., 2017), se podr\u00eda deducir que la percepci\u00f3n de una mayor desigualdad en una sociedad nos lleva a considerar a sus habitantes como dotados de rasgos masculinos m\u00e1s fuertes. En esta l\u00ednea, Moreno-Bella, Willis y Moya (2019) realizaron dos estudios experimentales con el objetivo de examinar si la percepci\u00f3n de una mayor desigualdad econ\u00f3mica en la sociedad nos lleva a evaluar a sus habitantes como m\u00e1s masculinos que femeninos.<\/p>\n<p>En el primer estudio desarrollaron un escenario en el que se describ\u00eda una sociedad imaginaria en la que sus habitantes no pod\u00edan considerarse ni hombres ni mujeres, pero que, como cualquier otra sociedad, estaba estratificada socialmente, por lo que hab\u00eda habitantes de clase alta y baja. Para manipular la desigualdad econ\u00f3mica, se especificaba que la gente de clase social alta ganaba 50 veces m\u00e1s que la de clase social baja (condici\u00f3n de alta desigualdad econ\u00f3mica) o que esa diferencia era s\u00f3lo de 5 veces m\u00e1s (baja desigualdad econ\u00f3mica). Tras leer el escenario se preguntaba a cada participante c\u00f3mo percib\u00edan al habitante promedio de dicha sociedad mediante una escala compuesta por rasgos tradicionalmente masculinos y femeninos. Los resultados mostraron que, cuando exist\u00eda una mayor desigualdad en la sociedad se evaluaba al habitante promedio de la sociedad como m\u00e1s masculino que femenino.<\/p>\n<p>En un segundo estudio, se pidi\u00f3 valorar a las personas de esa sociedad por separado seg\u00fan su clase social. Los resultados mostraron que a las personas de la clase social alta se les percib\u00eda como m\u00e1s masculinos que femeninos tanto cuando la desigualdad era alta como cuando era baja, y esta diferencia entre la masculinidad y la feminidad era mayor en la condici\u00f3n de alta desigualdad. En cambio, no se encontr\u00f3 efecto de la desigualdad en la percepci\u00f3n de la clase social baja: en ambas condiciones experimentales se les percib\u00eda como m\u00e1s femeninos que masculinos.<\/p>\n<p>Los resultados encontrados ponen de manifiesto que la percepci\u00f3n de una mayor desigualdad econ\u00f3mica nos lleva a considerar que los rasgos masculinos son m\u00e1s representativos en esa sociedad que los rasgos femeninos. Esto puede repercutir negativamente en aquellas personas cuyas caracter\u00edsticas no se ajustan a las caracter\u00edsticas predominantes de la sociedad. Por ejemplo, en las mujeres, ya que socialmente se considera que deben ser femeninas y evitar cualquier comportamiento masculino. Es decir, deben ser congruentes con su rol de g\u00e9nero tradicional. Por tanto, en contextos sociales con un nivel de desigualdad elevado estar\u00edan doblemente en desventaja: al no ser consideradas como poseedoras de esas caracter\u00edsticas predominantes y masculinas en base a su sexo biol\u00f3gico y, en el caso de mostrar dichas caracter\u00edsticas masculinas, por ser incongruentes con el rol de g\u00e9nero tradicional femenino. Por otro lado, la evaluaci\u00f3n de las personas de clase alta como m\u00e1s masculinas que femeninas cuando experimentamos mayor desigualdad alude a la competencia y sociabilidad que les atribuimos. A las clases altas se las ve como muy competentes y capaces, en detrimento de su calidez y cordialidad hacia los dem\u00e1s, y esto se exacerba en contextos de alta desigualdad. Esto compensa la imagen que tenemos sobre estas personas y ayuda a camuflar la desigualdad social existente (Durante et al. 2017). En resumen, un alto nivel de desigualdad econ\u00f3mica puede favorecer el mantenimiento del estatus quo de la sociedad y de g\u00e9nero, mediante el uso de los estereotipos tradicionales asignados a los grupos sociales dominantes.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Berdahl, J. L., Cooper, M., Glick, P., Livingston, R. W., y Williams, J. C. (2018). Work as a masculinity contest. <em>Journal of Social Issues<\/em>, 74, 422\u2013448.<\/p>\n<p>Durante, F., Bearns Tablante, C., y Fiske, S. T. (2017). Poor but warm, rich but cold (and competent): Social classes in the Stereotype Content Model. <em>Journal of Social Issues<\/em>, 73, 131\u2013150.<\/p>\n<p>Greitemeyer, T., y Sagioglou, C. (2017). Increasing wealth inequality may increase interpersonal hostility: The relationship between personal relative deprivation and aggression. <em>The Journal of Social Psychology<\/em>, 157, 766-776.<\/p>\n<p>Moreno-Bella, E., Willis, G. B., y Moya, M. (2019). Economic inequality and masculinity-femininity: The prevailing perceived traits in higher unequal contexts are masculine. <em>Frontiers in Psychology<\/em>, 10, 1590.<\/p>\n<p>OECD. (2015). <em>In It Together: Why Less Inequality Benefits All<\/em>. Paris: OECD Publishing.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez-Rodr\u00edguez, \u00c1., Willis, G. B., Jetten, J., y Rodr\u00edguez-Bail\u00f3n, R. (2019). Economic inequality enhances inferences that the normative climate is individualistic and competitive. <em>European Journal of Social Psychology<\/em>, 49, 1114-1127.<\/p>\n<p>Wilkinson, R. G., y Pickett, K. E. (2017). The enemy between us: The psychological and social costs of inequality. <em>European Journal of Social Psychology<\/em>, 47, 11\u201324.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 14 de noviembre de 2019.<br \/>\nAceptado el 5 de marzo de 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eva Moreno-Bella, Guillermo B. 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