{"id":1803,"date":"2019-03-25T10:29:26","date_gmt":"2019-03-25T08:29:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1803"},"modified":"2019-03-25T10:30:42","modified_gmt":"2019-03-25T08:30:42","slug":"cuanto-se-de-ti-sin-conocerte-aciertos-errores-y-trampas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1803","title":{"rendered":"\u00bfCu\u00e1nto s\u00e9 de ti sin conocerte? Aciertos, errores y trampas"},"content":{"rendered":"<p>Ma\u00efka Telga<br \/>\nCentro de Investigaci\u00f3n Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2018-24-dp-GerdAltmann.jpg\" alt=\"(dp) Gerd Altmann.\" width=\"300\" height=\"157\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(dp) <a href=\"https:\/\/pixabay.com\/users\/geralt-9301\/?utm_source=link-attribution&amp;utm_medium=referral&amp;utm_campaign=image&amp;utm_content=2944064\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Gerd Altmann<\/a>.<\/p><\/div>\n<p><em>En nuestra vida cotidiana, a menudo necesitamos hacer inferencias sobre personas que apenas conocemos, considerar e intuir sus expectativas e intenciones, y actuar en consecuencia. Con el fin de explicar c\u00f3mo nos involucramos a diario en relaciones sociales complejas, Fiske y Neuberg (1990) propusieron un modelo de estrategias sociales organizadas seg\u00fan un continuo de categorizaci\u00f3n-individualizaci\u00f3n. En el presente trabajo, repasamos dicho modelo para entender los factores que determinan el uso de categorizaci\u00f3n e individualizaci\u00f3n, c\u00f3mo se implementan en la vida diaria y cu\u00e1les son sus consecuencias.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2018-24.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>Hace m\u00e1s de 2000 a\u00f1os, Arist\u00f3teles defend\u00eda en su Pol\u00edtica que el ser humano es social por naturaleza. Hoy, sabemos que nacer y convivir en sociedad nos ha permitido desarrollar habilidades \u00fanicas en el reino animal tales como el lenguaje, e incluso desarrollar de forma notable a lo largo de nuestra evoluci\u00f3n una zona del cerebro que, entre otras funciones, est\u00e1 ampliamente dedicada a nuestras interacciones sociales: el l\u00f3bulo frontal. As\u00ed, ampliar nuestra red social ha requerido que desarroll\u00e1semos nuevas habilidades, es decir, que consigamos ser socialmente inteligentes (Dunbar, 1998). Aunque para la mayor\u00eda de las personas interactuar a diario con numerosas personas no supone un esfuerzo subjetivamente costoso como levantar pesas o aprender un nuevo idioma, organizar la informaci\u00f3n social y actuar de forma socialmente adaptada es, objetivamente, todo un reto. Ciertamente, interactuar con una persona implica encontrar un tema de conversaci\u00f3n de su inter\u00e9s, evitar ofenderla o deducir si podemos confiar o no en ella. Cuando se trata de una persona desconocida, la falta de experiencia nos obliga a intuir, a hacer inferencias sobre ella, integrando toda la informaci\u00f3n de la que disponemos de forma r\u00e1pida y eficiente. En el presente art\u00edculo, describimos un modelo cl\u00e1sico de la cognici\u00f3n social que, aunque cumple casi 30 a\u00f1os, sigue siendo una referencia para entender c\u00f3mo nos formamos una primera impresi\u00f3n sobre personas desconocidas.<\/p>\n<p>Numerosas situaciones de la vida diaria requieren que tomemos decisiones sobre personas que apenas conocemos. Pongamos, por ejemplo, que queremos cubrir un puesto de trabajo en el \u00e1mbito escolar. Seg\u00fan Fiske y Neuberg (1990), nuestras estrategias para intentar escoger a la persona m\u00e1s indicada se organizan en un continuo que va desde la categorizaci\u00f3n social hasta la individualizaci\u00f3n. En nuestro proceso de selecci\u00f3n, una idea intuitiva podr\u00eda ser que una mujer joven encajar\u00eda mejor en el puesto que un hombre mayor. Anticipar\u00edamos que la mujer se encontrar\u00e1 c\u00f3moda en un contexto escolar y nos centrar\u00edamos en la pila de curr\u00edculums de las candidatas que encajen en este perfil. Esta estrategia se conoce como categorizaci\u00f3n social y consiste en usar informaci\u00f3n sobre los grupos sociales a los que pertenece una persona para hacer inferencias sobre ella. Dichos grupos se conciben a partir de dimensiones f\u00e1cilmente identificables como la etnia, el g\u00e9nero o la edad, pero tambi\u00e9n en base a otras dimensiones sociales relevantes como, por ejemplo, la clase social, la nacionalidad o la profesi\u00f3n. Usando una estrategia de categorizaci\u00f3n social, seleccionar\u00edamos para el puesto de trabajo a una persona que pertenece a los grupos sociales que creemos compatibles con \u00e9ste, a partir de nuestra experiencia y conocimiento previo. Por tanto, los procesos de categorizaci\u00f3n funcionan como \u201catajos mentales\u201d, es decir, permiten acceder a una respuesta de forma r\u00e1pida a partir de una regla general. No son costosos, pues no implican mucho esfuerzo y basta con fijarse en claves que informan sobre la pertenencia grupal (p.ej., el color de piel) para sacar conclusiones. Sin embargo, en el \u00e1mbito social, no hay regla general que sea aplicable a todos los individuos, por lo cual la categorizaci\u00f3n implica siempre un riesgo de error.<\/p>\n<p>La estrategia de individualizaci\u00f3n corrige este error pues consiste en usar informaci\u00f3n exclusiva de la persona para hacer inferencias sobre ella. Su grupo social no es tan relevante como la informaci\u00f3n que permite distinguirla de las dem\u00e1s. Usando una estrategia de individualizaci\u00f3n para cubrir el puesto de trabajo, no prestar\u00edamos tanta atenci\u00f3n a los atributos grupales de cada solicitante sino a sus atributos individuales y \u00fanicos. Mirar\u00edamos detenidamente cada l\u00ednea de todos los curr\u00edculums, les preguntar\u00edamos sobre sus intereses, experiencia o an\u00e9cdotas personales. En este caso, podr\u00edamos optar por una persona que suma varios a\u00f1os al cuidado de sus hermanos peque\u00f1os, que ayuda en diversas actividades extraescolares o que tiene hijos, independientemente de que sea un hombre mayor y que, seg\u00fan la \u201cregla general\u201d, no encajar\u00eda tan bien en el puesto como una mujer joven.<\/p>\n<p>La existencia de dos estrategias con enfoques opuestos pudiendo llevar a decisiones distintas plantea la cuesti\u00f3n de cu\u00e1les son los factores que hacen que las personas estemos m\u00e1s propensas a categorizar o individualizar. Seg\u00fan Fiske y Neuberg (1990), por defecto empleamos una estrategia de categorizaci\u00f3n que permite obtener informaci\u00f3n de forma r\u00e1pida con poco esfuerzo. Procesar m\u00e1s all\u00e1 del nivel de categor\u00edas, es decir individualizar, requiere dos elementos: poder y querer. Poder es disponer de la capacidad mental para atender a la informaci\u00f3n individual. Si tenemos que procesar una cantidad de informaci\u00f3n demasiado importante (p.ej., si tenemos que hacer inferencias sobre numerosas personas a la vez) o si intentamos hacer estas inferencias mientras realizamos otra tarea que demanda toda nuestra atenci\u00f3n, es m\u00e1s probable que prevalezca la estrategia de categorizaci\u00f3n, menos costosa, sobre la de individualizaci\u00f3n. Disponer de la capacidad para recurrir a procesos de individualizaci\u00f3n es crucial para que se elija esta estrategia, pero no lo garantiza. El segundo elemento, el querer, tiene que ver con nuestra motivaci\u00f3n. Ciertos aspectos contextuales o personales pueden motivar un nivel de an\u00e1lisis m\u00e1s profundo. Por ejemplo, en una entrevista de trabajo, complacer a la persona que potencialmente se convierta en nuestra jefa o jefe puede ser suficientemente motivante para esforzarnos en individualizarla. Encontrarnos a esta misma persona en la panader\u00eda puede no desencadenar tales estrategias, a pesar de disponer de los recursos necesarios para individualizarla. En definitiva, tras la categorizaci\u00f3n espont\u00e1nea y autom\u00e1tica, s\u00f3lo si tenemos la motivaci\u00f3n y los recursos necesarios intentamos adquirir informaci\u00f3n adicional que puede llevar a una re-categorizaci\u00f3n o una individuaci\u00f3n completa e independiente de las categor\u00edas sociales.<\/p>\n<p>Estas dos estrategias no son excluyentes y est\u00e1n moduladas por la experiencia y el aprendizaje. Categorizar para organizar el mundo social con eficiencia y de forma r\u00e1pida es una habilidad notable que permite integrar una gran cantidad de informaci\u00f3n. Sin embargo, conlleva siempre un riesgo de error, debido a la amplia heterogeneidad dentro de los grupos sociales. Por tanto, ser socialmente inteligente requiere ser flexible, encontrando el equilibrio entre esfuerzo y precisi\u00f3n. Considerando que ampliar nuestra red social ha supuesto cambios en nuestra forma de procesar la informaci\u00f3n, cabe esperar que el siguiente paso en nuestra evoluci\u00f3n como seres sociales contribuir\u00e1 a mejorar nuestra precisi\u00f3n, de tal forma que prioricemos la informaci\u00f3n individual con el menor coste.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Dunbar, R. I. M. (1998). The social brain hypothesis. <em>Evolutionary Anthropology: Issues, News, and Reviews<\/em>, 6, 178\u2013190<\/p>\n<p>Fiske, S. T., &amp; Neuberg, S. L. (1990). A continuum of impression formation, from category-based to individuating processes: Influences of information and motivation on attention and interpretation. In P. Z. Mark (Ed.), <em>Advances in Experimental Social Psychology<\/em> (Vol. 23, pp. 1-74): Academic Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 16 de agosto de 2018.<br \/>\nAceptado el 12 de febrero de 2019.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ma\u00efka Telga Centro de Investigaci\u00f3n Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a En nuestra vida cotidiana, a menudo necesitamos <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1803\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13,3],"tags":[62,470,191],"class_list":["post-1803","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-clasicos","category-psicologia","tag-formacion-de-impresiones","tag-relaciones-sociales","tag-toma-de-decisiones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1803","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1803"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1803\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1805,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1803\/revisions\/1805"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1803"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1803"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1803"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}