{"id":1353,"date":"2016-10-12T23:41:24","date_gmt":"2016-10-12T21:41:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1353"},"modified":"2016-10-12T23:41:24","modified_gmt":"2016-10-12T21:41:24","slug":"como-construimos-nuestra-experiencia-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1353","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo construimos nuestra experiencia del mundo?"},"content":{"rendered":"<p>Javier Ortiz-Tudela y Juan Lupi\u00e1\u00f1ez<br \/>\nCentro de Investigaci\u00f3n Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" alt=\"(cc) Javier Ortiz.\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2016-15-cc-JavierOrtiz.JPG\" width=\"300\" height=\"200\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) Javier Ortiz.<\/p><\/div>\n<p><em>De la representaci\u00f3n que nos hacemos de la realidad, \u00bfqu\u00e9 parte corresponde realmente a lo que nos llega del exterior y qu\u00e9 parte ponemos de nuestra cuenta? En este art\u00edculo defendemos que la porci\u00f3n de nuestra representaci\u00f3n de la realidad que corresponde a la informaci\u00f3n exterior captada por los sentidos es menor de lo que pensamos. Nos valemos de mucho m\u00e1s que de los meros est\u00edmulos para representar nuestro mundo.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a title=\"versi\u00f3n en pdf\" href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2016-15.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>Al abrir los ojos cada d\u00eda nos encontramos con un mundo rico en detalles; no faltan colores, objetos y paisajes. Desde el m\u00e1s parco de los modernos lofts hasta la calle m\u00e1s transitada, tenemos un rango de escenas que var\u00edan en tonalidades, formas y complejidad. Como no pod\u00eda ser de otra manera, las intrincadas computaciones que nuestro sistema visual tiene que realizar para dar cuenta de esas escenas pasan desapercibidas para nosotros. Nuestro cerebro se las apa\u00f1a para procesar e informarnos eficaz y fielmente de toda esa variedad de escenas. Pero, \u00bfhasta qu\u00e9 punto la experiencia que tenemos del mundo se corresponde verdaderamente con lo que reciben nuestros ojos?<\/p>\n<p>En el estudio del procesamiento visual est\u00e1 bastante extendida la idea de que s\u00f3lo aquella informaci\u00f3n que pasa el filtro de ciertas funciones cognitivas (como la atenci\u00f3n o la memoria de trabajo) llega a ser consciente. Un ejemplo muy ilustrativo es el de la ceguera al cambio. Este consiste en una dificultad para detectar diferencias entre dos im\u00e1genes bien cuando la transici\u00f3n entre una y otra es gradual o bien cuando se intercala una nueva imagen entre ellas (para una muestra, v\u00e9ase https:\/\/youtu.be\/dkTP7fkeIU4?list=PLIgIVU-GnhjC7EtD3Ps7fYXNePD-wDUzD).<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/dkTP7fkeIU4?list=PLIgIVU-GnhjC7EtD3Ps7fYXNePD-wDUzD\" height=\"315\" width=\"560\" allowfullscreen=\"\" frameborder=\"0\"><\/iframe><\/p>\n<p>A pesar de tratarse de elementos supuestamente f\u00e1ciles de percibir, ya que suelen tener un gran tama\u00f1o o estar situados en partes importantes de la escena, resulta bastante dif\u00edcil darse cuenta de que est\u00e1n ah\u00ed. Lo que este efecto (y otros relacionados) nos ense\u00f1a es claro: gran cantidad de informaci\u00f3n de la que nos llega pasa desapercibida. Parece evidente, por tanto, que nuestra capacidad de representaci\u00f3n y de procesamiento consciente en un momento determinado es muy limitada, restringi\u00e9ndose tan s\u00f3lo a unos pocos elementos.<\/p>\n<p>El problema de esta perspectiva es que sugiere que nuestra experiencia visual deber\u00eda ser bastante pobre. Estas limitaciones contrastan radicalmente con nuestra sensaci\u00f3n cotidiana al navegar por el mundo, donde tenemos la impresi\u00f3n de ser conscientes de una gran cantidad de informaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo se soluciona entonces esta discrepancia? La respuesta est\u00e1 en que nuestra experiencia de recibir de manera constante una gran cantidad de informaci\u00f3n es, en realidad, una ilusi\u00f3n: creemos que la informaci\u00f3n que procesamos desde el ambiente es m\u00e1s rica de lo que es en realidad (Dennett, 1991; Levin y col., 2000; Cohen y col., 2016).<\/p>\n<p>Para entender esta ilusi\u00f3n debemos considerar una de las caracter\u00edsticas del ambiente f\u00edsico que se incluye cada vez m\u00e1s como aspecto fundamental en el estudio de la mente y el cerebro: la redundancia. El mundo en que vivimos est\u00e1 organizado en conjuntos, en estructuras. Estas estructuras siguen unas reglas determinadas que en muy pocas ocasiones son violadas. Nuestro sistema cognitivo usa esas regularidades a muy distintos niveles para desenvolverse eficazmente y la percepci\u00f3n es uno de ellos. Percibir un \u00e1rbol es m\u00e1s f\u00e1cil si de antemano sabemos que, normalmente, tendr\u00e1 el tronco en el suelo y las hojas encima del tronco. En ese caso, no necesitaremos percibir cada uno de sus elementos por separado; nos bastar\u00e1 con saber que es \u201cun \u00e1rbol\u201d.<\/p>\n<p>Gran parte de nuestra percepci\u00f3n se genera a partir de la extracci\u00f3n casi autom\u00e1tica (del ambiente o de nuestra memoria) de todas estas regularidades. Poder acceder a esas reglas que ordenan los est\u00edmulos que nos rodean nos ayuda a colocar etiquetas a conjuntos de est\u00edmulos que comparten alguna caracter\u00edstica; algo as\u00ed como a\u00f1adir la sensaci\u00f3n de \u00abhe visto un bosque\u00bb a la realidad de haber un visto un conjunto de \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Esta idea de agrupar est\u00edmulos de acuerdo a la estructura que conforman es la base del campo de estudio de los \u201cconjuntos visuales\u201d. \u00c9ste se fundamenta en que nuestro sistema no s\u00f3lo percibe objetos aislados, sino que adem\u00e1s cuenta con herramientas espec\u00edficas para extraer y procesar la estructura del ambiente. En l\u00ednea con esta idea, datos provenientes de pacientes con d\u00e9ficits neurol\u00f3gicos muestran que distintas estructuras cerebrales se implican en el procesamiento de objetos y de estructuras. Por ejemplo, un paciente con lesiones en \u00e1reas de procesamiento visual primario (corteza occipital) puede no identificar objetos individuales de una escena y, sin embargo, saber que se trata de la imagen de una playa (Steeves y col., 2004); y a la inversa, un paciente con una afectaci\u00f3n en regiones m\u00e1s altas en la jerarqu\u00eda visual (\u00e1rea parahipocampal) puede perder la capacidad para reconocer escenas completas, pero conservar inalterada la percepci\u00f3n de objetos aislados (Mendez y Cherrier, 2003). Adem\u00e1s, el an\u00e1lisis de datos de resonancia magn\u00e9tica funcional (fMRI) obtenidos con poblaci\u00f3n normal demuestra la existencia de redes neurales que intervienen selectivamente, bien en el procesamiento de escenas o en el de objetos (Cohen y col., 2014). Todo esto apoya la existencia de un sistema encargado del procesamiento de estructuras que es, al menos en cierta parte, independiente del de objetos individuales.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, nuestra experiencia visual no se limita s\u00f3lo a encajar unos pocos elementos en una estructura, sino que se completa con un tercer factor. Como la mayor\u00eda de los procesos cognitivos, la visi\u00f3n no es, ni mucho menos, un proceso pasivo. Cuanta mayor sea la informaci\u00f3n previa que tenemos sobre la escena que tenemos delante, tanto mayor (en cantidad y calidad) ser\u00e1 nuestra capacidad para predecir (de forma no necesariamente consciente) qu\u00e9 objetos podemos estar viendo. Podremos entonces, en base a estas predicciones, reconstruir las piezas que nos falten. Aunque funciones como la atenci\u00f3n o la memoria de trabajo supongan un filtro para la informaci\u00f3n que procesamos, este filtro act\u00faa \u00abde abajo a arriba\u00bb (es decir, del est\u00edmulo a nuestro cerebro) y se ve constantemente actualizado por la informaci\u00f3n que le llega \u00abde arriba a abajo\u00bb (de nuestro cerebro al est\u00edmulo). Por tanto, si en los primeros instantes en los que nos enfrentamos a una imagen (incluso en tan s\u00f3lo 50 mil\u00e9simas de segundo) conseguimos saber si la escena que vemos es de exterior o de interior, un ambiente natural o uno artificial, si es de d\u00eda o de noche, e incluso detalles tan espec\u00edficos como la apertura o la profundidad de la imagen, podemos poner de manera autom\u00e1tica \u00abde nuestra cuenta\u00bb todo lo que a trav\u00e9s de los a\u00f1os hemos aprendido de un lugar de esas caracter\u00edsticas (<a title=\"Ortiz-Tudela y Lupi\u00e1\u00f1ez, 2015\" href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1051\" target=\"_blank\">Ortiz-Tudela y Lupi\u00e1\u00f1ez, 2015<\/a>).<\/p>\n<p>En resumen, en el proceso de crear una percepci\u00f3n compleja y rica en detalles, nuestro conocimiento de la estructura del mundo nos ayuda a complementar la informaci\u00f3n que recibimos del exterior, incorporando detalles o incluso elementos enteros, sin que seamos conscientes de ello necesariamente.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Cohen, M. A., Konkle, T., Rhee, J. Y., Nakayama, K., &amp; Alvarez, G. A. (2014). Processing multiple visual objects is limited by overlap in neural channels. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111, 8955-8960.<\/p>\n<p>Cohen, M. A., Dennett, D. C., &amp; Kanwisher, N. (2016). What is the bandwidth of perceptual experience? <em>Trends in Cognitive Sciences<\/em>, 20, 324-335.<\/p>\n<p>Dennett, D. C. (1991). <em>Consciousness Explained<\/em>. Boston: Little, Brown and Co.<\/p>\n<p>Mendez, M. F., &amp; Cherrier, M. M. (2003). Agnosia for scenes in topographagnosia. <em>Neuropsychologia<\/em>, 41, 1387-1395.<\/p>\n<p>Levin, D. T., Momen, N., Drivdahl IV, S. B., &amp; Simons, D. J. (2000). Change blindness blindness: The metacognitive error of overestimating change-detection ability. <em>Visual Cognition<\/em>, 7, 397-412.<\/p>\n<p>Steeves, J. K., Humphrey, G. K., Culham, J. C., Menon, R. S., Milner, A. D., &amp; Goodale, M. A. (2004). Behavioral and neuroimaging evidence for a contribution of color and texture information to scene classification in a patient with visual form agnosia. <em>Journal of Cognitive Neuroscience<\/em>, 16, 955-965.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 11 de mayo de 2016.<br \/>\nAceptado el 3 de octubre de 2016.<\/p>\n<p><span style=\"border-radius: 2px; text-indent: 20px; width: auto; padding: 0px 4px 0px 0px; text-align: center; font: bold 11px\/20px 'Helvetica Neue',Helvetica,sans-serif; color: #ffffff; background: #bd081c url('data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciIGhlaWdodD0iMzBweCIgd2lkdGg9IjMwcHgiIHZpZXdCb3g9Ii0xIC0xIDMxIDMxIj48Zz48cGF0aCBkPSJNMjkuNDQ5LDE0LjY2MiBDMjkuNDQ5LDIyLjcyMiAyMi44NjgsMjkuMjU2IDE0Ljc1LDI5LjI1NiBDNi42MzIsMjkuMjU2IDAuMDUxLDIyLjcyMiAwLjA1MSwxNC42NjIgQzAuMDUxLDYuNjAxIDYuNjMyLDAuMDY3IDE0Ljc1LDAuMDY3IEMyMi44NjgsMC4wNjcgMjkuNDQ5LDYuNjAxIDI5LjQ0OSwxNC42NjIiIGZpbGw9IiNmZmYiIHN0cm9rZT0iI2ZmZiIgc3Ryb2tlLXdpZHRoPSIxIj48L3BhdGg+PHBhdGggZD0iTTE0LjczMywxLjY4NiBDNy41MTYsMS42ODYgMS42NjUsNy40OTUgMS42NjUsMTQuNjYyIEMxLjY2NSwyMC4xNTkgNS4xMDksMjQuODU0IDkuOTcsMjYuNzQ0IEM5Ljg1NiwyNS43MTggOS43NTMsMjQuMTQzIDEwLjAxNiwyMy4wMjIgQzEwLjI1MywyMi4wMSAxMS41NDgsMTYuNTcyIDExLjU0OCwxNi41NzIgQzExLjU0OCwxNi41NzIgMTEuMTU3LDE1Ljc5NSAxMS4xNTcsMTQuNjQ2IEMxMS4xNTcsMTIuODQyIDEyLjIxMSwxMS40OTUgMTMuNTIyLDExLjQ5NSBDMTQuNjM3LDExLjQ5NSAxNS4xNzUsMTIuMzI2IDE1LjE3NSwxMy4zMjMgQzE1LjE3NSwxNC40MzYgMTQuNDYyLDE2LjEgMTQuMDkzLDE3LjY0MyBDMTMuNzg1LDE4LjkzNSAxNC43NDUsMTkuOTg4IDE2LjAyOCwxOS45ODggQzE4LjM1MSwxOS45ODggMjAuMTM2LDE3LjU1NiAyMC4xMzYsMTQuMDQ2IEMyMC4xMzYsMTAuOTM5IDE3Ljg4OCw4Ljc2NyAxNC42NzgsOC43NjcgQzEwLjk1OSw4Ljc2NyA4Ljc3NywxMS41MzYgOC43NzcsMTQuMzk4IEM4Ljc3NywxNS41MTMgOS4yMSwxNi43MDkgOS43NDksMTcuMzU5IEM5Ljg1NiwxNy40ODggOS44NzIsMTcuNiA5Ljg0LDE3LjczMSBDOS43NDEsMTguMTQxIDkuNTIsMTkuMDIzIDkuNDc3LDE5LjIwMyBDOS40MiwxOS40NCA5LjI4OCwxOS40OTEgOS4wNCwxOS4zNzYgQzcuNDA4LDE4LjYyMiA2LjM4NywxNi4yNTIgNi4zODcsMTQuMzQ5IEM2LjM4NywxMC4yNTYgOS4zODMsNi40OTcgMTUuMDIyLDYuNDk3IEMxOS41NTUsNi40OTcgMjMuMDc4LDkuNzA1IDIzLjA3OCwxMy45OTEgQzIzLjA3OCwxOC40NjMgMjAuMjM5LDIyLjA2MiAxNi4yOTcsMjIuMDYyIEMxNC45NzMsMjIuMDYyIDEzLjcyOCwyMS4zNzkgMTMuMzAyLDIwLjU3MiBDMTMuMzAyLDIwLjU3MiAxMi42NDcsMjMuMDUgMTIuNDg4LDIzLjY1NyBDMTIuMTkzLDI0Ljc4NCAxMS4zOTYsMjYuMTk2IDEwLjg2MywyNy4wNTggQzEyLjA4NiwyNy40MzQgMTMuMzg2LDI3LjYzNyAxNC43MzMsMjcuNjM3IEMyMS45NSwyNy42MzcgMjcuODAxLDIxLjgyOCAyNy44MDEsMTQuNjYyIEMyNy44MDEsNy40OTUgMjEuOTUsMS42ODYgMTQuNzMzLDEuNjg2IiBmaWxsPSIjYmQwODFjIj48L3BhdGg+PC9nPjwvc3ZnPg==') no-repeat scroll 3px 50% \/ 14px 14px; position: absolute; opacity: 1; z-index: 8675309; display: none; cursor: pointer;\">Guardar<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier Ortiz-Tudela y Juan Lupi\u00e1\u00f1ez Centro de Investigaci\u00f3n Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a De la representaci\u00f3n que <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1353\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,4,3],"tags":[146,89,550,551,319],"class_list":["post-1353","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-neurociencia","category-psicologia","tag-atencion","tag-percepcion","tag-prediccion","tag-procesamiento-de-arriba-abajo","tag-vision"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1353","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1353"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1353\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1356,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1353\/revisions\/1356"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1353"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1353"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1353"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}