{"id":1316,"date":"2016-08-04T19:45:36","date_gmt":"2016-08-04T17:45:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1316"},"modified":"2016-08-04T19:51:36","modified_gmt":"2016-08-04T17:51:36","slug":"el-impacto-de-los-emoticonos-en-la-actividad-cerebral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1316","title":{"rendered":"El impacto de los emoticonos en la actividad cerebral"},"content":{"rendered":"<p>Eva Mar\u00eda Rosa Mart\u00ednez y David Mart\u00ednez Rubio<br \/>\nFacultad de Psicolog\u00eda, Magisterio y Ciencias de la Educaci\u00f3n, Universidad Cat\u00f3lica de Valencia \u201cSan Vicente M\u00e1rtir\u201d, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" alt=\"(cc) Eva Rosa y David Mart\u00ednez.\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2016-14-cc-EvaRosaDavidMartinez.jpg\" width=\"300\" height=\"212\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) Eva Rosa y David Mart\u00ednez.<\/p><\/div>\n<p><em>En los \u00faltimos a\u00f1os estamos viviendo una aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n digital y de sus elementos m\u00e1s singulares: los emojis (ideogramas o pictogramas) y sus antecesores, los emoticonos (combinaciones de signos de puntuaci\u00f3n que representan caras con distintas expresiones o emociones). Estos iconos, permiten transmitir e identificar emociones sin el uso de palabras, al mismo tiempo que enriquecen la comunicaci\u00f3n y reducen la ambig\u00fcedad de la informaci\u00f3n, mejorando nuestras interacciones digitales. Adem\u00e1s, diversos estudios demuestran que nuestro cerebro reacciona ante estos iconos, en algunos aspectos, de manera muy parecida a como lo hace con los rostros.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a title=\"texto html\" href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2016-14.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>En 2015, el diccionario Oxford eligi\u00f3 un emoji, concretamente el que llora de risa, como palabra del a\u00f1o. Este acontecimiento se debi\u00f3 al auge de los emojis en la comunicaci\u00f3n digital. El origen de estos elementos se encuentra en los emoticonos, una combinaci\u00f3n de signos de puntuaci\u00f3n que representan caras con distintas expresiones. El uso en 1982 del primer emoticono, que representaba una cara sonriente, se atribuye al ingeniero inform\u00e1tico Scott Fahlman, que comenz\u00f3 a usarlo en los foros para evitar confusiones en los mensajes informales o en tono humor\u00edstico.<\/p>\n<p>Emoticonos y emojis han supuesto una revoluci\u00f3n que nos permite comunicarnos sin el uso de palabras, al revelar nuestra emoci\u00f3n, o al evitar la ambig\u00fcedad de los mensajes escritos, cuando lo que el hablante quiere transmitir no es exactamente lo que dice, como, p.ej., en el caso del sarcasmo, la iron\u00eda o el humor. Estos iconos suplen lo que en los mensajes orales expresamos a trav\u00e9s de los gestos y del tono de voz, enriqueciendo la comunicaci\u00f3n digital y aumentando la satisfacci\u00f3n de los usuarios, lo que a su vez fomenta el uso de la mensajer\u00eda instant\u00e1nea, la conexi\u00f3n social y la expresi\u00f3n de la identidad de los usuarios (Hsieh y Tseng, 2015).<\/p>\n<p>Este desarrollo plantea la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo procesamos estos nuevos elementos culturales. En una investigaci\u00f3n en la que se midi\u00f3 la actividad cerebral de los participantes mediante la t\u00e9cnica de resonancia magn\u00e9tica funcional se lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que los emoticonos se perciben como expresi\u00f3n de emociones, aunque no sean reconocidos como caras (Yuasa, Saito y Mukawa, 2006). En concreto, encontraron que el giro fusiforme derecho, que normalmente se activa en respuesta a las caras (Tong, Nakayama, Moscovitch, Weinrib y Kanwisher, 2000), no respond\u00eda a los emoticonos, pero el giro frontal inferior derecho, implicado en tareas de decisi\u00f3n con contenido emocional (Nakamura, 1999), se activaba tanto con las caras como con los emoticonos.<\/p>\n<p>Posteriormente, Yuasa, Saito y Mukawa (2011) utilizaron tambi\u00e9n la t\u00e9cnica de resonancia magn\u00e9tica funcional para estudiar el efecto de los emoticonos como informaci\u00f3n no verbal. El estudio incluy\u00f3 tres experimentos en los que se presentaron a los participantes fotograf\u00edas de caras, emoticonos y frases enriquecidas con emoticonos. Los resultados mostraron que al presentar frases enriquecidas con emoticonos se activaban los giros frontales inferiores derecho e izquierdo, implicados en el procesamiento de informaci\u00f3n verbal y no verbal. Sin embargo, al igual que en el estudio de Yuasa y col. (2006), el giro fusiforme derecho, implicado en el reconocimiento de caras, no se activaba ante estos est\u00edmulos (Figura 1). Los autores concluyeron que los emoticonos constitu\u00edan un recurso sencillo para mejorar la comunicaci\u00f3n emocional a trav\u00e9s de informaci\u00f3n no verbal, que se procesa de forma diferente a las expresiones faciales o el tono de voz.<\/p>\n<div style=\"width: 565px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Figura 1\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2016-14-f1.jpg\" width=\"555\" height=\"262\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 1.- Las \u00e1reas sombreadas muestran las regiones cerebrales activadas: (1) giro fusiforme derecho; (2) giro frontal inferior derecho; (3) giro frontal medio derecho; (4) l\u00f3bulo parietal inferior derecho. Imagen adaptada de Yuasa y col. (2011).<\/p><\/div>\n<p>Sin embargo, Churches, Nicholls, Thiessen, Kohler y Keage (2014) llegaron a la conclusi\u00f3n de que el cerebro humano no s\u00f3lo asocia los emoticonos a los rostros humanos, y reacciona a ellos de manera similar, sino que, adem\u00e1s, ambos desencadenan respuestas en las mismas \u00e1reas cerebrales localizadas en la corteza occipito-temporal. En este estudio se mostraron fotograf\u00edas de caras humanas con expresi\u00f3n alegre y emoticonos sonrientes a los 20 participantes en el estudio, tanto en su posici\u00f3n natural, como en posici\u00f3n invertida, mientras se med\u00edan sus potenciales evocados (es decir, los cambios registrados en la actividad electroencefalogr\u00e1fica tras presentar un est\u00edmulo, que sirven como marcadores neurofisiol\u00f3gicos, en tiempo real, de operaciones cognitivas). A la luz de los resultados obtenidos, los autores se\u00f1alaron que las caras, en su posici\u00f3n natural, eran reconocidas a trav\u00e9s de procesos globales, que activan regiones de la corteza occipito-temporal, mientras que en posici\u00f3n invertida activaban regiones laterales, implicadas en el procesamiento de rasgos faciales espec\u00edficos. En cuanto a los emoticonos, en su posici\u00f3n habitual eran reconocidos por un proceso hol\u00edstico similar al de las caras, debido a su asociaci\u00f3n con \u00e9stas. Pero cuando se presentaban invertidos, no eran capaces de activar ninguno de los procesos implicados en el reconocimiento de caras debido a la falta de familiaridad en la configuraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, la efectividad del uso de emoticonos y emojis ha hecho que se conviertan en elementos enriquecedores de la comunicaci\u00f3n digital de uso generalizado. Conocer c\u00f3mo se procesan estos elementos es un reto para la psicolog\u00eda cognitiva, ya que no parece existir una respuesta cerebral innata a los emoticonos, sino que se trata de una respuesta aprendida a trav\u00e9s de la asociaci\u00f3n con el rostro humano, una respuesta neural creada de manera cultural (Churches y cols., 2014). En resumen, la evidencia apunta a que, debido al aprendizaje asociativo, los emoticonos son capaces de activar algunas \u00e1reas cerebrales del mismo modo que los rostros humanos, concretamente, aquellas implicadas en el procesamiento de informaci\u00f3n emocional, a pesar de que no activan otras \u00e1reas cerebrales espec\u00edficas del procesamiento de rostros. Por todo ello, es necesario seguir profundizando en los mecanismos de procesamiento espec\u00edficos de los emoticonos y los emojis.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Bentin, S., Sagiv, N., Mecklinger, A., Friederici, A., y von Cramon, Y. D. (2002). Priming visual face-processing mechanisms: Electrophysiological evidence. <em>Psychologial Science<\/em>, 13, 190\u2013193.<\/p>\n<p>Churches, O., Nicholls, M., Thiessen, M., Kohler, M., y Keage, M. (2014). Emoticons in mind: An event-related potential study. <em>Social Neuroscience<\/em>, 9, 196-202.<\/p>\n<p>Hsieh, S. H., y Tseng, T. H. (2015). The effect of emoticons and text-messaging on social interaction: Playfulness in mobile instant messaging. <em>PACIS 2015 Proceedings<\/em>. Paper 220. https:\/\/aisel.aisnet.org\/pacis2015\/220<\/p>\n<p>Nakamura, K. (1999). Activation of the right inferior frontal cortex during assessment of facial emotion. <em>Advances in Neurological Sciences<\/em>, 43, 519-527.<\/p>\n<p>Tong, F., Nakayama, K., Moscovitch, M., Weinrib, O., y Kanwisher, N. (2000). Response properties of the human fusiform face area. <em>Cognitive Neuropsychology<\/em>, 17, 257-279.<\/p>\n<p>Yuasa, M., Saito, K., y Mukawa, N. (2006). Emoticons convey emotions without cognition of faces: An fMRI study. En <em>CHI &#8217;06 Extended Abstracts on Human Factors in Computing Systems (CHI EA &#8217;06)<\/em>. ACM, New York, NY, USA, 1565-1570.<\/p>\n<p>Yuasa, M., Saito, K., y Mukawa N. (2011). Brain activity when reading sentences and emoticons: An fMRI study of verbal and nonverbal communication. <em>Electronics and Communications in Japan<\/em>, 94, 17-24.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 19 de abril de 2016.<br \/>\nAceptado el 1 de julio de 2016.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eva Mar\u00eda Rosa Mart\u00ednez y David Mart\u00ednez Rubio Facultad de Psicolog\u00eda, Magisterio y Ciencias de la Educaci\u00f3n, Universidad Cat\u00f3lica de <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1316\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,4,3],"tags":[540,538,18,539],"class_list":["post-1316","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-neurociencia","category-psicologia","tag-actividad-cerebral","tag-comunicacion-digital","tag-emocion","tag-emoticonos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1316","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1316"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1316\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1319,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1316\/revisions\/1319"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1316"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1316"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1316"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}