{"id":1185,"date":"2016-02-10T12:28:46","date_gmt":"2016-02-10T10:28:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1185"},"modified":"2016-02-10T12:28:46","modified_gmt":"2016-02-10T10:28:46","slug":"la-piel-subjetiva-estudio-de-las-emociones-a-traves-de-la-termografia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1185","title":{"rendered":"La piel subjetiva: Estudio de las emociones a trav\u00e9s de la termograf\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Elvira Salazar (a) y Emilio G. Mil\u00e1n (b)<br \/>\n(a) Dept. of Human Movement Science, Technical University of Munich, Alemania<br \/>\n(b) Centro de investigaci\u00f3n Mente, Cerebro y Comportamiento, Universidad de Granada, Espa\u00f1a<\/p>\n<div style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" alt=\"(cc) Danie Ware.\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2015-21-cc-DanieWare.jpg\" width=\"300\" height=\"225\" \/><p class=\"wp-caption-text\">(cc) Danie Ware.<\/p><\/div>\n<p><em>Las emociones se perciben con frecuencia en el cuerpo y la cara, donde se hace manifiesto que los cambios fisiol\u00f3gicos surgen de los estados emocionales. La temperatura, siendo un indicador fisiol\u00f3gico, puede emplearse tambi\u00e9n como marcador psicol\u00f3gico. En nuestro laboratorio hemos demostrado que existe una huella t\u00e9rmica espec\u00edfica asociada a diferentes estados emocionales b\u00e1sicos, como la alegr\u00eda o el dolor, o a estados emocionales m\u00e1s complejos, como la empat\u00eda o el amor. La termograf\u00eda se presenta como una t\u00e9cnica prometedora para avanzar en el conocimiento de los mecanismos psicol\u00f3gicos que subyacen al comportamiento humano.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><a title=\"versi\u00f3n en pdf\" href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2015-21.pdf\">[Versi\u00f3n en pdf]<\/a><\/p>\n<p>Nuestra experiencia cotidiana est\u00e1 plagada de pensamientos y sentimientos que percibimos como inevitables y que desbordan nuestro control en muchas ocasiones. Los padres de la psicolog\u00eda actual abordaban ya en el S.XIX el estudio de la mente en relaci\u00f3n a los cambios del cuerpo. Seg\u00fan relata James (1890), Lombard colocaba term\u00f3metros en el cuero cabelludo para demostrar que cualquier esfuerzo mental, como el c\u00e1lculo, la composici\u00f3n de m\u00fasica, el recitar poes\u00eda y, sobre todo, cualquier estado emocional, como, por ejemplo, una discusi\u00f3n en\u00e9rgica, causan un aumento general de la temperatura. James conclu\u00eda que la actividad del cerebro est\u00e1 ligada a una liberaci\u00f3n de calor.<\/p>\n<p>La termograf\u00eda es la representaci\u00f3n visual de los cambios en la temperatura de la superficie de la piel (Jones, 1998). Esta t\u00e9cnica es una medida psicofisiol\u00f3gica de registro sencillo, econ\u00f3mica y directa (Or y Duffi, 2007) de uno de los par\u00e1metros corporales que acompa\u00f1an cualquier situaci\u00f3n emocional. La temperatura habitual del organismo est\u00e1 entre 36\u00ba y 37\u00baC, siendo la frente el punto m\u00e1s estable, mientras que la nariz es el m\u00e1s variable. Genno y cols. (1997), pioneros en aplicar esta t\u00e9cnica a procesos psicol\u00f3gicos, mostraron que una actividad que implique un esfuerzo mental puede hacer descender la temperatura facial: para nuestro cuerpo la actividad mental se asemeja a la respuesta de estr\u00e9s, que produce un proceso de vasoconstricci\u00f3n en la nariz. Lo interesante de este estudio es que el descenso de temperatura no se debe a un factor fisiol\u00f3gico, como ser\u00eda, por ejemplo, el realizar una actividad f\u00edsica, sino psicol\u00f3gico, una tarea estresante, que muestra un patr\u00f3n termogr\u00e1fico concreto. \u00c9sta es la clave para aplicar esta t\u00e9cnica a otros procesos psicol\u00f3gicos que contienen respuestas similares, equiparables, del sistema nervioso, como las emociones.<\/p>\n<p>A la hora de estudiar las emociones complejas, conceptos como arousal (cantidad de activaci\u00f3n que produce un est\u00edmulo) o valencia (el sentido positivo o negativo de la emoci\u00f3n) son conceptos b\u00e1sicos (Lang, 1995). Nuestra idea ha sido usar la termograf\u00eda como marcador som\u00e1tico de la respuesta emocional, trabajando con la hip\u00f3tesis de que los termogramas faciales pueden usarse como indicadores fiables de par\u00e1metros emocionales. Con este fin realizamos tres estudios diferentes (Salazar-L\u00f3pez y cols., 2015). En todos ellos los participantes visualizaban en un ordenador varios conjuntos de im\u00e1genes de distintos tipos, mientras que la c\u00e1mara termogr\u00e1fica detectaba la temperatura de su cara. Para el procesamiento de datos, la cara se divide en regiones de inter\u00e9s (ROI, por sus iniciales en ingl\u00e9s), como la frente, la punta de la nariz, las mejillas o el \u00e1rea orbital, y se calcula la diferencia de temperatura de las ROI antes, durante y despu\u00e9s de la presentaci\u00f3n de est\u00edmulos (Figura 1).<\/p>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" alt=\"Figura 1\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2015-21-f1.png\" width=\"600\" height=\"427\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 1.- Principales ROIs de la cara. La barra muestra el c\u00f3digo de color para cada temperatura.<\/p><\/div>\n<p>En el primer experimento presentamos im\u00e1genes del International Affective Picture System de Lang y cols. (2005) que variaban en los componentes de valencia y arousal en emociones b\u00e1sicas (alegr\u00eda, tristeza, ira&#8230;) para estudiar su relaci\u00f3n con cambios de temperatura en la cara. Encontramos un incremento de la temperatura facial ante im\u00e1genes positivas y tambi\u00e9n cuando las im\u00e1genes presentadas son m\u00e1s \u201cactivantes\u201d (Figura 2). Adem\u00e1s, ambos efectos interaccionan de tal forma que, en la punta de la nariz, encontramos incrementos de la temperatura ante im\u00e1genes positivas y que generan alta activaci\u00f3n, o descensos de temperatura al presentar im\u00e1genes de baja activaci\u00f3n y valencia negativa. Por ejemplo, la tristeza, que se define como de valencia negativa y bajo arousal, se asocia con un patr\u00f3n de descenso de temperatura en algunas regiones de la cara.<\/p>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" alt=\"Figura 2\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2015-21-f2.png\" width=\"600\" height=\"440\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 2.- Cambios t\u00e9rmicos significativos producidos ante la presentaci\u00f3n de los diferentes sets de im\u00e1genes. Set1: arousal bajo + valencia positiva; Set2: arousal bajo + valencia negativa; Set3: arousal alto + valencia positiva; Set4: arousal alto +valencia negativa.<\/p><\/div>\n<p>En el segundo experimento los participantes observaron situaciones en las que terceras personas experimentaban una emoci\u00f3n, poniendo en juego una respuesta emp\u00e1tica en el observador. Los resultados demostraron que se produce un descenso de la temperatura de la nariz ante situaciones de contagio emocional, tanto positivas como negativas, y que el termograma cuando observamos las emociones de otros var\u00eda m\u00e1s dependiendo de la intensidad de esa emoci\u00f3n que del sentido, positivo o negativo, de la misma.<\/p>\n<p>Nuestro tercer experimento se centr\u00f3 en los cambios termogr\u00e1ficos ante la respuesta emocional del amor, entendido como la manifestaci\u00f3n incondicional del afecto que se siente ante diferentes figuras de apego. En concreto, exploramos la respuesta ante el amor religioso (a Dios) y el pasional (a la pareja). Los termogramas de personas creyentes cuando estaban rezando, actividad realizada de memoria, mostraban un descenso significativo de la temperatura de la nariz de 1.1\u00ba C como promedio, mientras que cuando hablaban con Dios, es decir, como en una conversaci\u00f3n, no de memoria, la temperatura de la nariz sub\u00eda significativamente en 1.6\u00ba C, cambios no detectados en un grupo control de personas no creyentes. Cuando se trata del amor rom\u00e1ntico, la temperatura de la cara de participantes enamorados ascend\u00eda cuando ve\u00edan fotograf\u00edas de la persona amada (Figura 3). Concluimos que el sentimiento del amor desencadena emociones de alto arousal y valencia positiva y, por tanto, patrones termogr\u00e1ficos como los presentados en el primer experimento pueden ser generados tambi\u00e9n por emociones complejas, como el amor.<\/p>\n<div style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" alt=\"Figura 3\" src=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/files\/2015-21-f3.jpg\" width=\"600\" height=\"390\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Figura 3.- Participante masculino (superior) y femenino (inferior) muestran cambios significativos de temperatura en la cara cuando \u00e9sta se compara ante im\u00e1genes neutras (izquierda) e im\u00e1genes de la persona amada (derecha).<\/p><\/div>\n<p>Ante estos resultados, la termograf\u00eda puede considerarse una medida de la emoci\u00f3n, constituyendo un marcador som\u00e1tico de la experiencia subjetiva que puede ser de utilidad en otros contextos. As\u00ed, G\u00f3mez-Mil\u00e1n y col. (2015) aplican la termograf\u00eda al estudio de la mentira (mostrando el \u201cefecto Pinocho\u201d), la toma de decisiones, el Parkinson o la danza.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Genno, H., y cols. (1997). Using facial skin temperature to objectively evaluate sensations. <em>International Journal of Industrial Ergonomics<\/em>, 19, 161\u2013171.<\/p>\n<p>James, W. (1890). <em>The Principles of Psychology<\/em>. New York: Holt.<\/p>\n<p>Jones, B. F. (1998). A reappraisal of the use of infrared thermal image analysis in medicine. <em>IEEE Transactions on Medical Imaging<\/em>, 17, 1019-1027.<\/p>\n<p>Lang, P. J. (1995). The emotion probe: Studies of motivation and attention. <em>American Psychologist<\/em>, 50, 371\u2013385.<\/p>\n<p>Lang, P. J., Bradley, M. M., y Cuthbert, B. N. (2005). <em>International Affective Picture System (IAPS): Affective ratings of pictures and instruction manual (Technical Report No. A-6)<\/em>. Ganesville, FL: University of Florida, Center for Research in Psychophysiology.<\/p>\n<p>Or, C. K. L., y Duffy, V. G. (2007). Development of a facial skin temperature-based methodology for non-intrusive mental workload measurement. <em>Occupational Ergonomics<\/em>, 7, 83\u201394.<\/p>\n<p>G\u00f3mez Mil\u00e1n, E., y cols. (2015). <em>Neurotermograf\u00eda y Termograf\u00eda Psicosom\u00e1tica<\/em>. Granada, Espa\u00f1a: Ediciones Fundaci\u00f3n Internacional Artecitt\u00e0.<\/p>\n<p>Salazar-L\u00f3pez, E., y cols. (2015). The mental and subjective skin: Emotion, empathy, feelings and thermography. <em>Consciousness and Cognition<\/em>, 34, 149-162.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Manuscrito recibido el 15 de agosto de 2015.<br \/>\nAceptado el 1 de febrero de 2016.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Elvira Salazar (a) y Emilio G. Mil\u00e1n (b) (a) Dept. of Human Movement Science, Technical University of Munich, Alemania (b) <span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span> <span class=\"more-link-wrap\"><a href=\"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/?p=1185\" class=\"more-link\"><span>Read More &rarr;<\/span><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,4,3],"tags":[18,523,522],"class_list":["post-1185","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad","category-neurociencia","category-psicologia","tag-emocion","tag-psicofisiologia","tag-termografia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1185","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1185"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1185\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1190,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1185\/revisions\/1190"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1185"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1185"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cienciacognitiva.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1185"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}