Mónica Triviño (a), Ángel Correa (b) , Marisa Arnedo (b) y Juan Lupiáñez (b)
(a) Servicio de Neuropsicología, Hospital Universitario San Rafael, OH, Granada, España
(b) Departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento, Universidad de Granada, España
Nuestra habilidad para anticipar y prepararnos para reaccionar rápidamente a los estímulos depende de la corteza frontal. Los pacientes con daño en esta parte del cerebro muestran un déficit en los aspectos voluntarios de la preparación temporal. Afortunadamente, estos pacientes mantienen intactas las habilidades de preparación temporal de carácter más automático, lo cual abre nuevas posibilidades a nivel terapéutico.

Las víctimas y los testigos de delitos son interrogados en repetidas ocasiones, pero las preguntas no suelen abarcar todos los contenidos del suceso. La recuperación selectiva favorece el recuerdo, consolidación y mantenimiento de la información aportada, pero también puede promover el olvido de contenidos relacionados en la memoria, contenidos potencialmente relevantes para resolver un caso.
La atención visual encubierta aumenta la percepción de estímulos en el campo periférico de visión. En personas jóvenes y de edad avanzada los tiempos de respuesta a estímulos se reducen cuando éstos son atendidos de manera encubierta. En pacientes con retinosis pigmentaria, la atención encubierta aumenta el número de estímulos detectados, lo que abre una nueva vía de rehabilitación visual.
Según los defensores de las frecuencias naturales, el cerebro humano se ha especializado a lo largo de la evolución en procesar datos en este formato. Eso, y la menor complejidad de las frecuencias, subyace a nuestras dificultades al usar probabilidades. Estudios recientes contradicen las conclusiones frecuentistas apuntando a la representación de la información y su complejidad como motor de las diferencias.
Nuevos datos confirman la importancia del papel que juega el lenguaje en el desarrollo de la comprensión de los deseos, las emociones y las creencias de los otros y de uno mismo. Estas evidencias nos conducen hacia la hipótesis de que el lenguaje es un factor determinante en el desarrollo de la cognición social.