¿Las personas mayores son testigos fiables?

Alaitz Aizpurua, Elvira García-Bajos y Malen Migueles
Dept. de Procesos Psicológicos Básicos y su Desarrollo, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, España

(cc) Walwyn

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Imaginemos que en un juicio llaman a declarar como víctima o testigo a una persona mayor, situación cada vez más probable debido al envejecimiento de la población. En este artículo analizamos las diferencias entre jóvenes y mayores en la exactitud y fiabilidad del testimonio. Los mayores recuerdan con precisión aspectos representativos o la esencia del acontecimiento, pero recuerdan peor que los jóvenes detalles específicos. En pruebas de reconocimiento que requieren discriminar o verificar los hechos, las personas mayores tienen más falsas memorias y las experimentan como recuerdos verídicos en mayor medida que los jóvenes, produciendo así testimonios menos fiables.

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Tenemos el estereotipo social de que las personas mayores son testigos poco fiables y esta idea preconcebida es compartida por los expertos en ámbitos policiales y judiciales. La población va envejeciendo y cada vez hay más personas mayores potenciales víctimas o testigos de delitos como robos, atracos, homicidios o accidentes de tráfico. Por ello, resulta relevante conocer si las personas mayores producen testimonios menos completos y/o menos exactos que los jóvenes, así como determinar cuáles son los contenidos de un suceso o las circunstancias en las que los mayores son más proclives a cometer errores y distorsiones de la memoria.

Los delitos son acontecimientos complejos e inesperados que ocurren de forma rápida y generan un gran impacto emocional. En general, los testigos no son capaces de recordar todo lo ocurrido en un suceso ni describen con precisión a los autores. Además, cometen errores de memoria porque, en base a expectativas y estereotipos, aceptan con facilidad información falsa pero coherente con la situación. Estos problemas de la memoria pueden acentuarse en las personas mayores que son cognitivamente menos rápidas, disponen de menos recursos atencionales y procesan la información de una forma más automática que los jóvenes (Park, Lautenschlager, Hedden, Davidson, Smith y Smith, 2002).

Los escasos trabajos realizados con personas mayores, con acontecimientos reales o simulando los delitos a través de videos realistas, muestran que los mayores aportan menos información que los jóvenes. Cuando se les pide que narren la experiencia vivida recuerdan con precisión los aspectos más representativos del suceso y no cometen más errores que los jóvenes. Las limitaciones de las personas mayores aparecen en el recuerdo de aspectos que requieren atención y recursos cognitivos, como son los hechos específicos o detalles concretos que, no obstante, pueden ser claves para resolver casos policiales. Es decir, nos podemos fiar de las personas mayores cuando relatan libremente un suceso pero, en comparación con testigos más jóvenes, aportan hasta un 25% menos de información de las acciones, los detalles y de los autores implicados en un suceso complejo como es un atraco (Aizpurua, García-Bajos y Migueles, 2009b).

En situaciones reales, policías, jueces y abogados también formulan a los testigos y víctimas preguntas de respuesta breve para recabar más información, o se les entrevista para verificar datos concretos. Es en este tipo de tareas donde aparecen las mayores limitaciones derivadas del aumento de la edad. Por ejemplo, una prueba típica de reconocimiento incluye a partes iguales hechos correctos del suceso y hechos probables pero falsos. Jóvenes y mayores reconocen correctamente más del 70% del total de los hechos del suceso, pero los mayores aceptan más información falsa que los jóvenes. Así, el nivel de falsas alarmas alcanza el 45% en el caso de los jóvenes y llega hasta el 60% en los mayores (Aizpurua, García-Bajos y Migueles, 2009a, 2009b, 2009c, 2011). Además, en muchos casos, los testigos aceptan información falsa convencidos de que están recordando hechos reales del suceso y, cuando se les pide que valoren la exactitud de sus recuerdos, las personas mayores, en mayor medida que los jóvenes, afirman recordar datos concretos que dan autenticidad a sus falsas memorias (Aizpurua et al., 2009c). Un problema añadido es que esas falsas memorias pueden ser más resistentes en los testigos mayores que en los jóvenes. Incluso cuando se les explica cómo se producen y reciben instrucciones explícitas para evitarlas, las personas mayores no consiguen reducir significativamente sus falsas memorias. Los jóvenes, en cambio, pueden reducir sus errores de reconocimiento hasta en un 25%, aproximadamente (Aizpurua et al., 2009a).

En la base de estas falsas memorias está la mayor dificultad, relacionada con el envejecimiento, para determinar el origen de los recuerdos, para discriminar entre lo percibido en el acontecimiento y la información sugerida o los pensamientos e inferencias elaborados con posterioridad. Además, las personas mayores pueden recordar correctamente un hecho, pero confundir la fuente de esa información (Johnson, Hashtroudi y Lindsay, 1993). Por ejemplo, pueden recordar con precisión que un atracador agredió a un testigo, pero atribuir la agresión a un autor equivocado (Aizpurua et al., 2011). Que las personas mayores presenten más sesgos que los jóvenes en el control de la realidad y en el control de la fuente puede deberse a sus limitaciones para recordar con precisión información detallada, y a que se dejan llevar en mayor medida que los jóvenes por sus conocimientos previos y por la familiaridad que les genera la información relacionada (Schacter, Koutstaal y Norman, 1997).

En definitiva, las personas mayores recuerdan y reconocen con precisión la esencia y los aspectos más relevantes de un suceso, y en esos aspectos no cometen más errores que los jóvenes, pero son más proclives a formar falsas memorias. En ámbitos aplicados, se recomienda utilizar pruebas de recuerdo libre y, para evitar los sesgos de la memoria, ser cautos al formular preguntas o al tratar de verificar datos. Esta premisa es especialmente relevante al tomar declaración a personas mayores.

Referencias

Aizpurua, A., García-Bajos, E. y Migueles, M. (2009a). Advertencias explícitas y falsas memorias para un suceso en adultos jóvenes y mayores. Estudios de Psicología, 30, 291-302.

Aizpurua, A., García-Bajos, E. y Migueles, M. (2009b). False memories for a robbery in young and older adults. Applied Cognitive Psychology, 23, 174-187.

Aizpurua, A., García-Bajos, E. y Migueles, M. (2009c). Memory for actions of an event: Older and younger adults compared. The Journal of General Psychology, 136, 1-14.

Aizpurua, A., García-Bajos, E. y Migueles, M. (2011). False recognition and source attribution for actions of an emotional event in older and younger adults. Experimental Aging Research, 37, 310-329.

Johnson, M. K., Hashtroudi, S. y Lindsay, D. S. (1993). Source monitoring. Psychological Bulletin, 14, 3-28.

Park, D. C., Lautenschlager, G., Hedden, T., Davidson, N. S., Smith, A. D., y Smith, P. K. (2002). Models of visuospatial and verbal memory across the adult life span. Psychology and Aging, 17, 299-320.

Schacter, D. L., Koutstaal, W. y Norman, K. A. (1997).  False memories and aging.  Trends in Cognitive Sciences, 1, 229-236.

Manuscrito recibido el 8 de julio de 2011.
Aceptado el 30 de julio de 2011.

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