¿Qué es lo que mejor recuerdas? Nuestra lengua afecta a la memorización de las causas de los eventos

Andrea Ariño Bizarro
Dept. de Lingüística General e Hispánica, Universidad de Zaragoza, España

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La causalidad se ha considerado un concepto semántico universal al ser una experiencia general y un constructo básico fundamental en todas las lenguas. Sin embargo, en las últimas décadas se ha mostrado que los hablantes de diferentes lenguas no prestan la misma atención a unos elementos causales que a otros. Por ejemplo, en español se describen de forma diferente acciones intencionales y no intencionales, por lo que el hablante debe prestar atención a la intencionalidad del agente. Investigaciones recientes prueban que estos patrones atencionales afectan no sólo a cómo los hablantes expresan lo sucedido, sino también a cómo recuerdan lo que ha ocurrido.

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La causalidad es una noción semántica básica empleada para explicar la relación que se produce entre dos eventos: la causa, iniciadora de la acción, y lo causado (efecto), aquello que sufre el cambio de estado (Comrie, 1985). Establecer relaciones causales entre eventos es uno de los medios fundamentales que utilizamos para organizar los datos que recibimos del mundo y dotarlos de sentido.

Al ser la causalidad una experiencia general, algunos autores la han propuesto como un concepto semántico universal (Talmy, 2000; Wierzbicka, 1996), caracterizado por unos elementos conceptuales comunes a todas las lenguas y codificado a través de los diferentes mecanismos lingüísticos que proporciona cada lengua a sus hablantes (Kopecka y Narasimhan, 2012). Por ello, la causalidad es interesante desde el punto de vista de la tipología semántica, disciplina encargada de investigar los aspectos universales y divergentes que existen en las expresiones lingüísticas que las lenguas establecen para comunicarse.

Desde esta perspectiva, la causalidad recibe un extenso tratamiento en el que se plantea no solo en qué contextos y por qué los hablantes eligen ciertas formulaciones para la expresión de la causalidad, sino por qué razón tienden a fijarse más en unos aspectos de la causalidad que en otros en sus verbalizaciones (Shibatani y Pardeshi, 2002). En relación con esta consideración, ¿es posible que la lengua que uno habla no solo afecte a los elementos lingüísticos utilizados, sino también a procesos cognitivos como la categorización y la memorización? (Fausey y Boroditsky, 2010).

El trabajo de Filipović (2013) responde positivamente a esta pregunta en relación con dos lenguas: el inglés y el español. La novedad de su estudio radica en el hecho de que no se centra en la agentividad (capacidad que poseen algunas entidades de tener cierto grado de control sobre las acciones que producen), ya estudiada por Gibbons (2003), sino en la intencionalidad, componente semántico que se refiere al grado de involucración activa del agente en el evento causal (Ibarretxe-Antuñano 2012). En esta línea, tanto el inglés como el español distinguen entre eventos causales intencionales y no intencionales. La diferencia entre ambas lenguas estriba en cómo expresan lingüísticamente esa intencionalidad de la acción causal. Mientras el español presenta expresiones lingüísticas propias para describir un evento causal no intencional, ya sea a través de verbos no intencionales (“dejar caer”) como a través de construcciones sintácticas específicas (p.ej., “romper” vs. “romperse”), el inglés no posee estructuras equivalentes, por lo que la mayoría de ocasiones no específica este matiz. Por ejemplo, la expresión “I broke the glass” puede referirse a un evento causal intencionado o no intencionado.

Vistas estas diferencias, Filipović (2013) se planteó que la falta de expresiones lingüísticas destinadas a expresar la intencionalidad de los eventos causales en los hablantes de inglés podría interferir negativamente en la memorización de la intencionalidad, mientras que la consistente tendencia a diferenciar lingüísticamente eventos causales intencionales de no intencionales en español podía resultar una ventaja para su memorización. En su estudio, 40 hablantes monolingües de español y de inglés vieron diez vídeos en los que alternaban eventos causales intencionales y no intencionales (p.ej., una niña explotando un globo a propósito vs. otra niña jugando con un globo que accidentalmente explota). A continuación, se les presentaban una serie de preguntas de memorización sobre aspectos del evento irrelevantes para el estudio (p. ej., “¿Vio explotar un globo azul?”). Finalmente, los participantes tenían que marcar con un tic si el evento que acababan de ver había sido intencional o no intencional.

Los resultados mostraron que los hablantes españoles son mejores que los ingleses cuando se trata de recordar que un evento ha sucedido de forma no intencional (véase la Figura 1). En este caso, mientras que los españoles acertaban casi en el 100% de los casos, los ingleses superaron la pregunta sólo en el 65% de los casos. En cambio, cuando el evento sucedió de forma intencional, ambos grupos de hablantes mostraron la misma alta precisión.

Figura 1.- Resultados del estudio de Filipović (2013).

Figura 1.- Resultados del estudio de Filipović (2013).

En conclusión, el estudio de Filipović (2013) revela que el lenguaje influye en cómo los hablantes recuerdan la intencionalidad de las acciones. La lengua que hablamos puede afectar tanto a la calidad y cantidad de información lingüística como a su recuerdo. Con ello, las aplicaciones prácticas se multiplican, no solo desde un punto de vista lingüístico, sino también en el ámbito legal, educativo y laboral. Al demostrar que existen ciertas diferencias entre dos lenguas y que esto puede favorecer la presencia o ausencia de información en las descripciones de eventos y en su recuerdo, esta distinción cognitiva puede ser tenida en cuenta en los testimonios de testigos o en la labor de traducción, disciplinas imprescindibles en una sociedad jurisdiccional y multicultural como la nuestra.

Referencias

Comrie, B. (1985). Causative verb formation and other verb-deriving morphology. En T. Shopen (Ed.), Language typology and syntactic description. Vol. III. (pp. 309-347). Cambridge: CUP.

Fausey, C.M. y Boroditsky, L. (2010). Subtle linguistic cues influence perceived blame and financial liability. Psychonomic Bulletin & Review, 17, 644–650.

Filipović, L. (2013). The role of language in legal contexts: A forensic cross-linguistic viewpoint. Law and Language: Current Legal Issues, 15, 328-343.

Gibbons, J. (2003). Forensic Linguistics. Oxford: Blackwell.

Ibarretxe-Antuñano, I. (2012). Placement and removal events in Basque and Spanish. En Kopecka y Narasimghan (Eds.), Events of putting and taking: A crosslinguistic perspective. (pp. 123-143 ). Amsterdam: John Benjamins.

Kopecka, A. y Narasimhan, B. (2012). Events of putting and taking: A crosslinguistic perspective. Amsterdam: JBenjamins.

Shibatani, M. y Pardeshi, P. (2002). The causative continuum. En M. Shibatani (Ed.), The grammar of causation and interpersonal manipulation. (pp. 85-126). Amsterdam: John Benjamins.

Talmy, L. (2000). Toward a cognitive semantics. Cambridge: MIT Press.

Wierzbicka, A. (1996). Semantics: Primes and Universals. Oxford: OUP.

Manuscrito recibido el 12 de febrero de 2018.
Aceptado el 22 de junio de 2018.

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